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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

¿Hará Cuba lo correcto con Alan Gross?

 

Judith E. Gross*, en CaféFuerte

 

No hay nada más angustioso que la pérdida de un ser querido. El dolor se hace aún peor si no se logra cerrar ese capítulo, si no hay posibilidad de decir adiós, si no hay consuelo entre unos y otros.

 

René González, uno de los cinco agentes de la inteligencia cubana -conocidos como los Cinco- condenados en Estados Unidos por espionaje y otros cargos relacionados, alcanzó la libertad bajo supervisión en Miami el pasado año después de 13 años de prisión. Una jueza federal autorizó recientemente una petición humanitaria de González para regresar con carácter temporal a Cuba para despedirse de su hermano, que tiene cáncer terminal en el cerebro y el pulmón. Espero que encuentren consuelo en su tiempo juntos.

 

Cuando la jueza federal Joan Lenard respondió a la petición de González el mes pasado, pensé que ella tomó una decisión correcta y moral. Yo comencé a tener la esperanza de que el gobierno cubano respondería de manera similar a la situación de mi esposo, Alan Gross.

 

Reconocido por Raúl Castro

 

Alan ha permanecido encarcelado en Cuba desde el 3 de diciembre 2009 por proporcionar mejor acceso a Internet a tres comunidades judías de Cuba, como parte de su trabajo como subconstratista de la Agencia de EEUU para el Desarrollo Internacional (USAID). Alan no era y no es un espía, como el presidente cubano Raúl Castro ha confirmado públicamente. Entre las muchas otras diferencias entre González y mi esposo está que a Alan no le ha sido permitido aún decirle adiós a un ser querido, enfermo también en estado terminal.

 

La madre de Alan tiene 89 años y un cáncer inoperable de pulmón. Ella anhela ver a su hijo. Hasta ahora, el gobierno cubano no ha decidido si corresponderá el gesto humanitario extendido a González. ¿Son los líderes de Cuba realmente tan fríos e indiferentes? ¿Por qué no van a permitirle a Alan el mismo privilegio humanitario concedido a González?

 

Han existido recientemente motivos para pensar que Cuba estaría abierta a esa "reciprocidad humanitaria". Aunque Alan estuvo arrestado en Cuba sin cargos durante 14 meses y luego fue enjuiciado sumariamente y condenado, el ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez, le dijo a The New York Times en septiembre que no veía "ninguna manera en la que podemos avanzar hacia una solución del caso del señor Gross que no fuera desde un punto de vista humanitario y sobre la base de la reciprocidad".

 

El mes pasado, la vicecanciller cubana Josefina Vidal le dijo a MSNBC: "Hemos transmitido al gobierno de Estados Unidos nuestra disposición a entablar un diálogo para buscar una solución en este caso sobre la base de una reciprocidad humanitaria y estamos a la espera de una respuesta".

 

Cumpleaños a la vista

 

Apenas unos días después de los comentarios de Vidal, Cuba recibió su respuesta: René González llegó a La Habana el 30 de marzo para visitar a su hermano que sufre, gracias a la orden humanitaria de la jueza Lenard.

 

También me sentía esperanzada porque, a principios del mes pasado, mi esposo hizo una petición directa a Castro, pidiéndole un permiso similar para visitar Estados Unidos durante dos semanas y estar con su madre en lo que podría ser su último cumpleaños con vida. Alan se acababa de enterar de que su madre estaba perdiendo la batalla contra el cáncer de pulmón y su situación había empeorado.

 

Alan y su madre, Evelyn, quien cumple 90 años el domingo, siempre han compartido un vínculo especial. Antes de su detención, hablaban varias veces al día. Sus llamadas telefónicas se llenaban de historias, chistes y muchas sonrisas. Desgraciadamente, esa tradición cálida ha cedido paso a llamada telefónica ocasional y desgarradora de un hijo que sabe que su madre se está desvaneciendo cada minuto que pasa. Sus risas se ha sustituido por las lágrimas. Veo la manera en que están atormentados por el hecho de que nunca puedan verse otra vez. Ambos reconocen que su destino está en manos de Castro, del mismo modo en que el destino de González correspondía a Lenard.

 

Sin perder las esperanzas

 

Esta semana estamos celebrando la Passover -la fiesta judía que conmemora la liberación de los israelitas de la esclavitud en Egipto. Esto nos recuerda las luchas que nuestros antepasados ​​encararon para experimentar la verdadera libertad. Como familia, no perdemos la esperanza de que Castro tomará la decisión honorable, valiente y humanitaria para permitirle a Alan visitar a su madre. El coro anticipado de respuestas de ambos lados -tratar de distinguir entre crímenes, sentencias e incluso gobiernos- es irrelevante si la motivación de quien toma la decisión es puramente humanitaria, como fue la de la jueza Lenard.

 

Las autoridades cubanas, en particular Castro, deben demostrar si son las personas humanitarias que dicen ser, seriamente interesadas ​​en la reciprocidad y en honrar sus palabras -o si sus palabras son retórica vacía, destinadas todo el tiempo a engañar.

 

Como la viceministra de Relaciones Exteriores dijo a MSNBC el mes pasado: Estamos esperando una respuesta.

 

* Judith E. Gross es trabajadora social de un centro psiquiátrico en Maryland. Su esposo, Alan Gross, fue condenado el año pasado a 15 años de prisión en Cuba por "actos contra la independencia o la integridad territorial del Estado". CaféFuerte tradujo este artículo publicado originalmente en The Washington Post y lo reproduce por cortesía de la señora Gross.