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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Hambrientos pero contentos

 

Joan Antoni Guerrero Vall, Martínoticias

 

Un reciente estudio sobre la salud de los cubanos y el efecto que en ellos tuvieron las carencias del Período Especial parece demostrar que cualquier cosa puede ponerse al servicio de intereses políticos particulares.

Sea de forma voluntaria o no, el hecho es que el estudio al que nos referimos, validado por científicos de Cuba, España y Estados Unidos, y en el que se concluye que el hambre de los cubanos padecida en los años 1990 tuvo beneficios, como serían unos índices más bajos de diabetes, parece ser un instrumento estupendo para dejar la conciencia más o menos tranquila a los culpables de esa lastimosa situación.

 

Porque culpables los hay, los responsables de patrocinar un sistema improductivo e incapaz de ofrecer a sus ciudadanos  aquello que es necesario para vivir en condiciones dignas.

 

Afortunadamente existen muchos testimonios vivos de lo que fue ese Período Especial, y evidentemente muchos cubanos han reaccionado al leer la noticia que en periódicos como El País se presentó como un hecho “aleccionador”. No soy científico pero, a pesar de ello, los resultados del estudio, a simple vista, parecen una perogrullada, pues diría que entraría dentro de la lógica que aquel cuerpo que abandone o reduzca la ingesta de aquello que provoca diabetes tiene menos posibilidades de padecerla. Tampoco parece muy sensato ver en el colapso del servicio público de transporte por la falta de petróleo algo de lo que alegrarse por su promoción colateral del ejercicio cardiovascular.

 

Siguiendo la lógica de este estudio, que es muy difícil tomarse en serio, también podríamos alegrarnos de la llegada de la guerra civil en España y de que nuestros padres presentaran menos enfermedades de cierto tipo por la falta de determinados nutrientes durante la posguerra, en la que en este país solo comían un pedazo de carne –si es que la comían- los domingos al salir de misa, según me explican testimonios familiares que lo padecieron y que hoy, afortunadamente están vivos.

 

De todos modos, no veo en esa falta de comida ningún elemento digno de ser considerado positivo o aleccionador. La única lección a sacar de todo esto es el espíritu de superación de las personas que se ven obligadas a salir adelante a pesar de condiciones tan adversas. Pero poco más.

 

Así que no deja de resultar, por lo menos, chocante el titular y subtítulo de la noticia de El País: La lección de la crisis cubana para rebajar la mortalidad: la pérdida de peso y el ejercicio físico en los 90 redujeron las enfermedades cardiovasculares y la diabetes. Asombra por el grado de insensibilidad ante el desastre humanitario que representa que toda una población se vea afectada por la falta de algo tan preciado como es el alimento, lo que da vida. Es comprensible entonces el enojo de tantos cubanos que en las últimas horas se han lanzado a las redes sociales a comentar la información. Basta su propia experiencia para refutar esa visión  edulcorada de la realidad que da el estudio y que la prensa ha trasladado a la opinión pública como la “lección” o el ejemplo a seguir para la reducción de la mortalidad.

 

Afortunadamente y gracias a las redes sociales pudimos escuchar inmediatamente el relato de aquellos que padecieron los estragos de ese momento en Cuba y que pueden refutar estos estudios que escamotean datos para acabar proyectando una visión edulcorada de lo que no puede ser más que un recuerdo amargo. No hay que dejar que ningún científico reescriba tu propia historia, ni tampoco que lo hagan los que por el momento, siguen ostentando el título de vencedores.