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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

¿Hacia dónde van las reformas en Cuba?

 

Emilio Morales, en Café Fuerte

 

El gobierno cubano acaba de hacer un alto en el proceso de transformación de su modelo económico.

 

El anuncio fue realizado semanas atrás por el viceministro de Trabajo y Seguridad Social José Barreiro, y deja claro que no se van a implementar los mercados mayoristas y el trabajo privado para los profesionales, lo que constituye un cubo de agua fría al pujante sector privado cubano.

 

La decisión -a sabiendas de que son premisas y requisitos altamente demandados por el proceso de transformación de la economía- pudiera interpretarse no como un retroceso o parada estratégica, pero sí como un freno al proceso de transformación de la economía cubana, que de por sí ya estaba dando fuertes señales de desaceleración.

 

A pesar de que el anuncio también habla de que fueron aprobadas nuevas modalidades para el trabajo por cuenta propia que anteriormente estaban prohibidas (chapista, herrero, pulidor de pisos, vendedor de artículos de aluminio, oxicortador, fundidor y marmolero, por citar algunas), las declaraciones denotan desconfianza e inseguridad en los pasos a seguir.

 

Resistencia al cambio

 

La resistencia al cambio y la falta de proyección estratégica son señales de intolerancia respecto a abrir el mercado para permitir una libre competencia con el sector privado emergente.

 

Los últimos viajes del gobernante Raúl Castro a China y Vietnam muestran preocupación en cómo adaptar la formula mágica que le ha dado el éxito a ambos aliados. La respuesta es sencilla y solo tiene una receta: apertura al capital extranjero, liberación de la economía hacia una economía de mercado en todos sus sectores y liberación del trabajo privado a los profesionales.

 

Sin embargo, al parecer la fórmula aún no encaja bien en el diseño del nuevo modelo económico cubano.

 

Según el viceministro Barreiro, “las nuevas variantes anunciadas van por el camino del diseño de cooperativas urbanas, una forma de organización diferente a la del trabajador por cuenta propia, que tendrá mucha más flexibilidad y un enfoque similar al de las peluquerías que pasaron a manos de sus trabajadores”.

 

En realidad esto pudiera convertirse en un experimento condenado al fracaso por no ser otra cosa que más de lo mismo. Los antecedentes hablan por sí solos, el fracaso de las UBPC cañeras y no cañeras de la agricultura son ejemplos clásicos del pasado reciente que no debería olvidar el gobierno cubano.

 

Cuando el gobierno cubano anunció el listado de acciones a realizar para comenzar la transformación de su modelo, una de sus prioridades era terminar de una vez con las plantillas infladas del sector estatal. Para ese fin se concibió un plan de despidos de dos millones de trabajadores en un período de cinco años.

 

Al mismo tiempo, abrieron el espacio a 183 modalidades para el trabajo por cuenta propia con el objetivo de que paulatinamente ese sector fuera absorbiendo todo el personal que quedaría excedente.

 

Contradicciones inexplicables

 

Pero las limitaciones del trabajo privado, la inflexibilidad de las leyes, los altos impuestos y las pobres condiciones para adquirir los insumos han sido un freno en el desarrollo del cuentapropismo.

 

De hecho, el plan de despidos está detenido, al tiempo que se mantienen las plantillas infladas y todos los demás males que aquejan a la economía cubana y que condicionaron el inicio del cambio de modelo. A la vez, sigue sin estimularse la productividad del trabajo, por lo que no se pueden aumentar los salarios ni mucho menos eliminar la doble moneda.

 

Entonces, ¿cómo el gobierno va a ejecutar un plan de despidos de dos millones de trabajadores si no es capaz de diseñar una alternativa privada para esta masa voluminosa de personas?

 

El problema es elemental. Papá Estado no quiere compartir el mercado, no está listo para ceder o compartir el espacio que ha controlado por 50 años. Al menos es lo que hasta hoy demuestra con su obstinado comportamiento.

 

¿Cómo construir un sector privado sin mercado mayorista?

 

Es absurdo y constituye una visión errada del modelo. Ninguna economía puede desarrollar su sector privado de manera sostenible y creciente si no hay, entre otros factores, un mercado mayorista que le ofrezca soporte.

 

Sonsacando al mercado negro

 

La inexistencia de estos mercados mayoristas genera un aumento de los desvíos de recursos y el robo en las instituciones del Estado, además de ser un estímulo natural para el  repunte del mercado negro.

 

La mentalidad empresarial del cubano tiene que cambiar, pero también tienen que cambiar las leyes y las ideas de quienes tienen la responsabilidad de gobernar y llevar a cabo las reformas.

 

¿De qué vale entonces que los economistas líderes de opinión de las instituciones académicas cubanas hayan estado viajando durante los últimos años por Europa del Este, Asia, y Estados Unidos para recoger experiencias y ver el desarrollo de modelos económicos de economía emergentes y de economías desarrolladas, si al final el gobierno no toma en cuenta las recomendaciones de ellos? ¿Por qué tanta resistencia al cambio?

 

La población cubana actual con edad laboral alcanza los 6.8 millones de personas, según la Oficina Nacional de Estadística (ONE). De ellos, más de 1.5 millones tienen nivel de educación universitaria, lo que significa que un 22 por ciento de la población con edad laboral tiene un alto índice de instrucción.

 

¿Por qué entonces el modelo de transformación de la economía no permite que este voluminoso número de profesionales pueda tener oportunidades en el sector privado? ¿Cuántos miles de arquitectos, ingenieros civiles, ingenieros mecánicos, contadores, ingenieros eléctricos, en sistemas de computación, entre otros, se encuentran ociosos, subutilizados, sin tareas productivas? ¿Por qué no se habilitan espacios para que toda esa masa humana altamente calificada -y generalmente inconforme con sus opciones- pueda ser productiva?

 

Camino al fracaso

 

Definitivamente, hacer una transformación del modelo económico cubano sin la participación de los profesionales es un camino condenado al fracaso.

 

Hoy, en pleno siglo XXI, no se concibe ningún desarrollo si no es con el uso de la tecnología y el acceso a la internet. Las preguntas apuntan inevitablemente al llevado y traído cable de fibra óptica que ya une a Venezuela y Cuba, pero cuyo funcionamiento se mantiene en estricto secretismo, sólo al servicio de instituciones gubernamentales y orgasnismos estratégicos. ¿Por qué no se usa para poder crear parte de la infraestructura tecnológica que necesita el cambio de modelo cubano?

 

Espacios y sectores en la economía cubana sobran para que profesionales y tecnología unidos como un todo transformen y cambien el rostro del país en pocos años.

 

La construcción de viviendas, el mercado inmobiliario, la producción agrícola, la venta de autos nuevos, la distribución de mercancías, el desarrollo del turismo, la producción de alimentos, la multiplicación de los servicios, las franquicias, los servicios de contabilidad y el mercadeo de todos los negocios son actividades comerciales que requieren de la acción de los profesionales de forma privada e independiente.

 

Esa es la única forma de crear un mercado verdaderamente competitivo, es la única vía para generar verdadera riqueza.

 

Para lograrlo se requiere un profundo cambio de mentalidad entre los que tienen la última palabra, huelga decir sus nombres. ¿O acaso su nombre? Dar ese salto es el principal dilema del cambio de modelo.

 

Tendremos en Cuba un nuevo modelo económico o, en su defecto, una variante light de la ineficiencia. Y esta última salida ya la hemos visto en otras épocas del socialismo criollo y sabemos adonde conduce.