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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Hablando se entiende la gente

 

Pedro Campos, La Habana

 

Durante mi breve estancia en Miami para participar en un encuentro auspiciado por la revista Convivencia, de Pinar del Río, -un intento de estructurar una especie de tanque pensante donde quepan todas las visiones y propuestas para el avance hacia una Cuba más desarrollada y prospera, democrática y socializada en la que quepamos todos los cubanos-, tuve la oportunidad de intercambiar con varios cubanos del exilio de todas las tendencias políticas.

 

Ha sido una experiencia extraordinaria. Siendo un socialista reconocido pude conversar hasta con compatriotas de tradicionales posiciones de “derecha”, a los cuales la palabra socialismo no les hace ninguna gracia; pero como noté que llevaban a Cuba en las venas, no me fue difícil el intercambio.

 

Fueron muchas las inquietudes sobre las cuales tratamos, desde los problemas relacionados con la propiedad, la democratización de la sociedad, el cooperativismo, las políticas actuales del gobierno cubano, el acercamiento entre los gobiernos de Cuba y EEUU, y muchos otros. Los escuché y me escucharon con respeto. No solo hablamos, sino que logramos coincidir en buena parte de lo discutido, con unos más que con otros. Desde luego hubo desacuerdos. Pero comprendimos que teníamos que seguir intercambiando. No quedó el dialogo interrumpido en ningún caso.

 

Quizás mi experiencia más importante en este viaje fue comprender, eso que tanto se dice y poco se practica: hablando se entiende la gente.

 

Sobre la forma de alcanzar un proceso de democratización del sistema político y económico cubano, siempre insistí en la necesidad del dialogo inclusivo con todos, en reducir la retórica agresiva y en buscar las vías para la distensión del ambiente político cubano. Si se pretenden objetivos democráticos y humanistas, los métodos tendrían que ser afines. Nada de violencias.

 

Necesitamos la reconciliación de la nación cubana y esto conlleva un proceso de confianza, inclusión y tolerancia de todas las partes, manifesté a mis interlocutores. Los únicos perdedores serían los que quieran seguir viviendo del negocio de la confrontación.

 

Si los cubanos con fuerza en el Congreso de EEUU dieran señales de que pudieran cambiar su posición respecto al embargo-bloqueo, le dije a algunos, ese podría ser el inicio de un acercamiento que a la larga beneficiaria a todas las partes. Algunos me dicen que el gobierno cubano estaría ya demostrando que, en realidad, no estaría interesado en el desmantelamiento del bloqueo-embargo. Si así fuera, dije, ¿qué sentido tiene que un sector de la emigración se siga oponiendo también? ¿No sería hacerle el juego?

 

Un tema que salió en nuestras conversaciones fue el de la habilitación del pasaporte cubano y el de la doble ciudadanía. Eliminar esa habilitación y facilitar que los cubanos de doble nacionalidad, puedan viajar a Cuba sin restricciones y reconociéndoles todos sus derechos, sería un paso claro del gobierno cubano hacia la distensión con el exilio, de gran impacto político y económico favorable para Cuba.

 

Podrían dedicarse varias páginas a describir todo lo positivo que eso podría significar, pero bastaría con señalar que permitiría el reencuentro de muchas familias, que una buena parte de la emigración cubana radicada en Miami, pudiera realizar una contribución importante al desarrollo del potencial económico de Cuba, al poder estudiar in situ las posibilidades concretas de contribuir en ese sentido.

 

Para evitar los peligrosos o indeseables, bastaría con hacer una lista de los no-bienvenidos y desde luego habría que explicar las razones. Pero no es justo que por un pequeño grupo de no-bienvenidos, se limite a muchos miles de cubanos sus posibilidades de viajar y sus derechos ciudadanos.

 

La Constitución vigente expresa el deseo de que Cuba sea con todos y para el bien de todos. Está claro: si aspiramos a esa Cuba, solo puede lograrse por la vía de la reconciliación nacional y le toca al gobierno cubano dar esos pasos muy precisos en esa dirección, que rebasan la nueva ley migratoria.

 

Intercambié con cubanos de todas las posiciones sobre el problema de la reclamación de las propiedades por sus antiguos dueños. Sentí que existe el consenso de no reclamar las viviendas. El tema de la tierra parecer ser uno de los de mayor interés. Pero ellos mismos son los que más abogan por que se tenga en cuenta la Constitución democrática de 1940 en la conformación del nuevo marco jurídico y constitucional y nadie olvide que aquella constitución proscribe el latifundio.

 

Sin embargo, como la tierra no se ha repartido toda y el gobierno mantiene la propiedad sobre la mayor cantidad, se facilitaría la discusión del tema. Las tierras que ya hayan sido entregadas en propiedad a personas privadas, pues habría que darles un tratamiento diferente, algo en lo que coincidieron algunos de mis interlocutores.

 

El tema de las reclamaciones deberá atenderse debidamente, teniendo en cuenta todas las aristas, pero no deberá comprometer el futuro de la nación.

 

Unos me dijeron que una gran cantidad de cubanos de los que se fueron al principio y ya son millonarios allá, no estarían interesados en invertir en Cuba, y otros que sí hay varios empresarios cubanos dispuestos a ayudar al desarrollo de Cuba, sea con inversiones directas o con préstamos a las pymes de propiedad privada o asociada (las cooperativas y sociedades de accionistas) y a los cuentapropistas.

 

Hablamos también del futuro de los trabajadores cubanos. Les expresé a algunos el interés de una parte de la izquierda democrática cubana en que los trabajadores cubanos  no fueran simples asalariados del capital, sino que, de alguna forma, participaran de la propiedad, la gestión y las ganancias de las empresas. Con todos los que abordé el tema, estuvieron de acuerdo.

 

Les explique que, si bien era cierto que muchos antiguos dueños habían sido expropiados sin la debida compensación, también era cierto que los trabajadores cubanos en todos estos años han estado devengando salarios muy por debajo del valor de la fuerza de trabajo. Si estamos hablando de compensaciones ¿Quién va a compensar a los trabajadores por ese despojo?

 

Los trabajadores tendrían pues también derecho a participar de la propiedad de las empresas, de las fábricas y de las tierras en una Cuba diferente, por haber sido también expropiados de esa forma.

 

Expliqué que el problema más grave y complicado que enfrenta la nación cubana no es su relación con EEUU, sino las relaciones políticas económicas y sociales generadas durante este medio siglo que hemos vivido, derivadas de la excesiva concentración de la propiedad y el poder político.

 

Por tanto habría que concentrase en este tema y no hacer depender la solución de nuestros problemas de las políticas de EEUU.

 

De la inteligencia y la sagacidad con que sepamos tratarlo, por el bien de todos y sin volver a cometer los errores de antaño en que la solución de los problemas de unos se buscaba en la complicación de los problemas de otros, dependerá que los cubanos seamos capaces de salir adelante.

 

Equivocado estará y fracasará quien crea que la felicidad del pueblo cubano pueda alcanzarse prescindiendo de una parte de sus hijos.

 

En fin que este viaje me ayudó a conocer mejor al exilio cubano asentado en Miami y a los compatriotas de allá a entender mejor que pretendemos con un socialismo democrático. Si así fue, como dicen la gente del barrio: sirvió.