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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

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Granada: La bofetada de Ronald Reagan a Fidel Castro

 

Fidel Castro envió al coronel Pedro Tortoló a enfrentar la 82 División Aerotransportada estadounidense, pero el oficial terminó corriendo

 

Wilfredo Cancio Isla, Diario Las Américas

 

Todavía la imagen permanece nítida en la memoria de los cubanos que recibieron la noticia en el noticiero vespertino de televisión. El locutor Manolo Ortega informaba que los compatriotas que resistían en el último reducto ante las tropas estadounidenses en Granada se habían inmolado en combate, aferrados a la bandera de la patria. Entonces se escuchó el himno nacional, con el presentador puesto de pie.

 

El propio Fidel Castro recibiría poco después en el aeropuerto internacional “José Martí” al coronel Pedro Tortoló, quien le informó a su comandante que la misión había sido cumplida. Horas antes, Castro había comparado la valentía demostrada por el coronel con la del general independentista Antonio Maceo.

 

Pero la imagen de la resistencia y la inmolación patriótica se derrumbó como castillo de naipes en los días siguientes. La misión cubana enviada a Granada para enfrentar a los soldados de la 82 División Aerotransportada del Ejército de Estados Unidos terminó en un rotundo fiasco. Cuando los aviones comenzaron a traer de retorno a La Habana a cientos de personas sanas y salvas, algunos cargando efectos electrodomésticos, el país comenzó a percatarse de que había sido víctima de una engañifa. Y tras las lágrimas por los 25 muertos devueltos y despedidos con honores en la Plaza de la Revolución, vinieron las burlas y los chistes sobre la fallida operación cubana en tierras granadinas en octubre de 1983.

 

“Fue desmoralizante, pero no sólo por haber salido derrotados de allí, sino por haber sido enviados a enfrentar una batalla imposible”, recordó Eugenio Yáñez, exmilitar cubano quien reside actualmente en Miami. “Granada fue un capricho de Fidel Castro, que concibió un martirologio para buscar mártires y héroes en su proclamado enfrentamiento contra el imperialismo yanqui”.

 

Los acontecimientos se desencadenaron a ritmo vertiginoso. Tras el golpe de Estado del viceprimer ministro Bernard Coard contra el Gobierno de Maurice Bishop y la violencia extendida por toda la isla, la Organización de Estados del Caribe Oriental pidió la intervención norteamericana. El 24 de octubre, a las 5:20 de la madrugada, un avión AN-26 despega de La Habana. Tortoló va a bordo junto con Carlos Díaz, funcionario del Departamento América del Comité Central, con la orden de ponerse al frente del contingente cubano en Granada.

 

La ampliación de la pista del aeropuerto internacional de Point Salines fue la manzana de la discordia que detonó las hostilidades. El presidente Ronald Reagan acusó a Granada por construir instalaciones bajo una fachada civil con el fin de servir a la militarización soviético-cubana en el Caribe. Y Washington aplicó la doctrina de seguridad nacional, a pesar de la avalancha de críticas internacionales que enfrentó en Naciones Unidas.

 

“Al extenderse la pista aérea para que pudieran despegar aviones Tupolev, se hubieran logrado las condiciones para establecer una base de comunicaciones que permitiera rastrear los submarinos nucleares de Estados Unidos”, explicó el analista militar Octavio Pérez, coronel retirado del Ejército estadounidense.

 

En 1981, Pérez tuvo a su cargo un estudio de inteligencia sobre la situación de Granada. Las conclusiones apuntaban también a que Granada podía convertirse en una base de combustible para reabastecer aviones con provisiones para la guerra de Angola.

 

La acción militar, denominada Urgent Fury (Furia Urgente), comenzó a las 5:00 a.m. del 25 de octubre de 1983 y fue la primera gran operación realizada por fuerzas de EEUU desde la Guerra de Vietnam. Un total de 7.000 efectivos estadounidenses se unieron a 300 caribeños para enfrentar a unos 1.500 soldados granadinos y 700 cubanos armados con fusiles AKM.

 

“Los cubanos no combatieron, porque comprendieron que era una guerra ajena”, consideró Yáñez, quien conoció y trabajó con Tortoló en el Ejército Central. Afirmó que era un jefe militar muy capacitado, formado en las academias de la Unión Soviética y con amplia destreza para dirigir operaciones.

 

El exteniente coronel Reynaldo Sánchez, quien fue escolta de Fidel Castro por 25 años, rememoró aquellos momentos junto al gobernante cubano.

 

“Fidel Castro pensó en una situación en la que podría sacarle ventaja de cualquier manera”, comentó Sánchez, exiliado en Miami desde 2008. “Si las fuerzas estadounidenses no atacaban las posiciones cubanas, éstos regresarían como héroes respetados por los invasores; si los atacaban y ofrecían resistencia hasta el último hombre, pues entonces emprendería la campaña internacional contra Reagan por abusador y asesino”.

 

Pero las cosas no salieron como Castro lo calculó. Tortoló nunca tuvo la decisión de inmolarse en una causa perdida de antemano.

 

Tortoló fue degradado por un tribunal militar y enviado como soldado a Angola, de donde regresó con grados de teniente. Trabajó luego como chofer y hoy es parte de un triste recuerdo bélico ocurrido en una isla del Caribe.

 

“Cuando se hizo evidente el fracaso, ni Fidel Castro ni Raúl Castro tuvieron el valor de asumir su responsabilidad en esta escaramuza militar y culparon a Tortoló”, manifestó Yáñez. “Pero esa operación se perdió en La Habana”.