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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Giselle en los tiempos del cólera

 

Ileana Fuentes, en El Nuevo Herald

 

Giselle es una mulata cubana que reside en las favelas profundas de San Miguel del Padrón, en La Habana. Tiene 32 años, cuatro hijos -que no conocen la leche- y la mayor, que ha comenzado a menstruar, no conoce las íntimas. Cuando la madre de Giselle estaba en estado de ella, allá en Bayamo, pasó por la ciudad el Ballet Nacional. De ahí que la nombraran en homenaje a la assoluta de Cuba.

 

[Giselle es una campesina de un poema de Heinrich Heine convertida en ballet circa 1840 y mejor conocida en la versión del ruso Marius Petipa. La guajirita choca con la princesa Bathilde, su rival, por el amor de Albrecht, y morirá de corazón partido. Giselle la buena, sucumbe. Bathilde, la mala, triunfa. Ironías del arte.]

 

Giselle la mulata no tiene sino el cuartucho de madera y zinc, sin electricidad ni agua potable, sin plomería ni inodoro propio. Hacinada junto a cientos de otros, muchos de ellos niños como sus hijos, sin zapatos, ropita decente o desayuno escolar, ni su madre -otrora revolucionaria, hoy ciega, anémica y osteoporótica- ni ella pueden explicarse la realidad del barrio marginal. Y además, llamarse Giselle, nombre para hábitos privilegiados, que no pega con su miseria cotidiana.

 

En San Miguel del Padrón, nadie cree en zapatillas de ballet. ¿Pas de deux a lo ruso para paliar la desesperanza? La gente sabe: el Estado se burla. Y para colmos, dengue en el vecindario, y ayer cundió el pánico con la palabra “cólera”. San Miguel del Padrón, cloaca olvidada. Giselle y su prole en el país de las pesadillas.

 

Al norte de las epidemias, la Giselle de Alicia -la Alicia de Giselle- es hostigada por otro tipo de cólera. Un libro de fotos, un documental, una sede universitaria, un grupo de protestantes, y un sector de la prensa llamándole “homenaje” a otra presentación más de un libro. ¿Homenaje? No insulten nuestra inteligencia. Homenaje el del 29 de septiembre de 1977 en Nueva York, en el 40mo aniversario del American Ballet Theatre, en que la Alonso -que debutó allí en 1941- fue la invitada de honor. La Gran Manzana pudiente se rindió a sus pies; cientos de limosinas, y un flamante público que pagó un promedio de $250 -hoy costaría miles- por dicha celebración.

 

En frente, una protesta multitudinaria: 1,500 exiliados en el frío otoño, y jóvenes abdalistas repartiendo volantes en inglés en pleno Columbus Avenue en el sitio más lujoso de la ciudad. “No vino a bailarle a los latinos del South Bronx, ni a los empleados de factoría, o los campesinos de New Jersey. No bailó gratis para las masas en un parque o una plaza...” escribí entonces recién iniciada como escritora. (“Desde Lincoln Center”. Abdala. No. 49 oct-nov 1977, p. 6).

 

¡Qué triste para la guajirita Giselle pasar a la inmortalidad mediante un ser tan despreciable como la soberbia cubana. Todos los críticos concuerdan: no hay mejor Giselle, más espléndida, más completa que la de Alicia. Actuación perfecta la de crear un personaje noble e inocente desde la innata mezquindad. Detrás del tutu y el maquillaje, la verdadera Alonso: aferrada al Poder de las dictaduras -Batista, los Castro-; envidiosa y traicionera hasta los tuétanos; egocéntrica como su ídolo, al punto de nunca permitir que sus discípulas le retaran el assolutismo. Ahí están los genios opacados de Mirtha Pla, Aurora Bosch, Josefina Méndez, de la inigualable Loipa Araujo que sí le hubiera retado el estrellato. Dictadora racista -¿negros en mi ballet?- de diarias decisiones arbitrarias. ¿Campesina como Giselle? ¡Ni hablar! Viajes en primera por el mundo entero; abrigos de armiño y trajes de seda; zapatos -y zapatillas- del mejor cuero; residencia de lujo en el antiguo Laguito, hoy Siboney. ¿Famélica como Giselle del Padrón? ¡Qué va! Los mejores manjares desde Moscú hasta París, pasando por cualquier capital, y en su mansión-sin-libreta de abastecimiento en La Habana. ¿Con los pobres de la Tierra su suerte echar? No se equivoquen: con la más alta aristocracia, la más rancia burguesía, los usureros de la banca, los políticos corruptos, los traficantes de cualquier cosa, los señores feudales de Latinoamérica, los capitalistas explotadores de las masas trabajadoras.

 

Habría que publicar otro libro para narrar sus desmanes y atropellos. Alicia en los tiempos del cólera.