Cubanálisis   El Think-Tank

CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Fuera de Juego

 

Lilianne Ruíz, El Blog de Jernórino

 

La maestra no me preguntó la causa de la llegada tarde de este lunes, pero sí quiso saber por qué la niña no había ido el viernes. Yo esperé a que los niños se alejaran: “El jueves la policía política secuestró a mis amigos y a mi novio para impedirles llegar al Tribunal donde se celebraba el juicio contra Ángel Carromero, único testigo de la muerte de Osvaldo Payá. Ese día la policía política le arrancó un diente de un golpe a Yoani Sanchéz.”

 

En todos los países, especialmente los Latinoamericanos, en que se ha padecido cualquier tipo de dictadura, también ha sido posible comprobar que uno de los peores efectos sociales, por ser el más generalizado, es la degradación moral en la que caen las personas. Por eso, cuando una persona toma conciencia de sí misma y decide practicar la vida en la verdad automáticamente se convierte en un disidente, especialmente en los países donde gobierna una dictadura de Estado que además tiene un discurso sobre la justicia, -“toda la justicia” como dice el Canciller- y sobre la paz y la amistad. El poder hipnótico de las grandes ideas.

 

Cuando me pregunto si acaso las mujeres de la policía política que golpearon a Yoani de verdad son seres humanos la que cae en una peligrosa forma de discriminar entre lo que es humano y lo que no lo es soy yo.

 

De regreso de la escuela encontré a Anita, la esposa del bueno de Orestes a cargo de la Vigilancia en el CDR, que me preguntó por qué no había llevado la niña a la ceremonia. Ella conoce la respuesta, pero está vez abrí mis labios para decir: Se pondrá la pañoleta para no crearle un conflicto de adaptación entre sus amiguitos, pero no fue y no irá a ninguna actividad política entre otras razones porque detrás de todo eso, de esa adoración a la “obra” del líder y todos esos símbolos que no significan “la patria”, están los tipos que ordenaron la represión contra mi novio y mis amigos.” Esta señora es uno de esos casos de adicción al régimen y hasta activismo cederista en lo que espera una visa para viajar a los Estados Unidos previa reclamación familiar de una hijastra. Cuando Anita expresó su complicidad con la política del gobierno no pude evitar hacerle notar su condición de estar a la espera de un visado para residir en los Estados Unidos y depender de su remesa familiar para defender la dictadura, solo que, quién la está pagando, cosa estúpida, es el exilio de una hijastra en el país repudiado por la política de un gobierno extremadamente injusto, abusador, secuestrador, que ella todavía defiende. Es un trabalenguas; mucho peor, porque en esa paradoja violenta muchos han perdido la vida.

 

Ella empezó a gritar, a gritar de verdad, que “no iba aguantar de mí esas palabras”. Y entonces salió la hija, que es un mastodonte para apostar en una competencia de gente fea por dentro, e instigada por la madre empezó a darme golpes hasta que caí al suelo. Lamento no haber respondido a los golpes porque no tengo miedo. Me acordaba de todas las veces en que evité fajarme a golpes en la escuela, simplemente porque no sé pelear a golpes.

 

Les dije que llamaría a la policía por agresión y así lo hice. Los patrulleros escucharon de mí toda la historia y hasta me presenté como opositora, con la duda de si los opositores que yo admiro me concederían tomar semejante título que a mí me honra. Ellos cambiaron el semblante, hablaron entonces con más brusquedad pero no me negaron el derecho de llevarme a la Estación a hacer la denuncia por agresión. Les dije que me dieran unos minutos para llevar la niña a la casa de la única vecina que es mi amiga.

 

Cuando bajé las escaleras y salí al portal del edificio, vi a Isabel, la teniente coronel del MININT que ha hecho una especie de campaña para que algunos vecinos no se me acerquen, hablando con uno de los policías y escuché claramente cómo le decía: “Deja que haga la denuncia, que “nosotros” la vamos a estar esperando allí.” Pensé decirle algo pero seguí caminando con el patrullero que al llegar al carro me dijo: “ve mañana y haz la denuncia, pero yo no te voy a llevar”.  Le dije: “Yo no tengo miedo, si es por lo que ella te dijo, tengo que hacer la denuncia porque yo no respondí a sus golpes no por cobardía sino porque ese no es mi lenguaje y la policía está para reprimir a gente chusma como ella que agrede físicamente  a los demás. Eso sí es un delito en cualquier lugar.” Los dos insistimos unos minutos. Yo con que no le tenía miedo a la “Seguridad” si de verdad me estaba esperando, y él con que si quería ir, tenía que hacerlo por mis pies. La Estación de Policía queda algo lejos de mi casa. El otro patrullero llegó a decirle: “Llévala, que haga la denuncia”. Y aquel policía que todavía me intriga, como si quisiera evitarme una emboscada, no paraba de decir: “En este carro no va.”