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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Fidel Castro: odios, miedos y masacres

 

Recomienda a Hugo Chávez no reconocer los resultados de las elecciones

 

Eugenio Yáñez, en Cubaencuentro

 

Como si no le bastara con la profunda fractura de la nación cubana y la destrucción total de su economía después de más de medio siglo de tiranía y desmanes, un decrépito Fidel Castro se entromete una vez más en asuntos internos venezolanos y recomienda a Hugo Chávez no reconocer los resultados de las próximas elecciones presidenciales del 7 de octubre.

 

No son informaciones de campañas mediáticas de la Agencia Central de Inteligencia ni de “la burguesía” venezolana: es el mismo Chávez quien lo dice, de acuerdo a un libro publicado por dos periodistas cubanos bajo el título “Cuentos del Arañero”, que recoge testimonios del golpista bolivariano.

 

Según el sitio digital CaféFuerte el libro fue editado para ser utilizado en la fase final de la campaña electoral venezolana, destacando aspectos “humanos” del caudillo de Barinas, y su octavo capítulo se dedica íntegramente a anécdotas de su relación con Fidel Castro.

 

Según Chávez, Castro le ha alertado: “Si la contrarrevolución logra arrebatarte a ti, sacarte a ti de ahí y arrebatarle al pueblo el poder, la persecución y el arrase sería general. Ahí no van a perdonar a nadie”.

 

El mismo cuento de siempre: Fidel Castro distorsiona los hechos y los interpreta a su conveniencia. Identifica al caudillo con “el pueblo”, a todo el que no lo siga ciega e incondicionalmente con “la contrarrevolución”, y al ejercicio de la política como una guerra: “Aquí mis enemigos más acérrimos se fueron, están en Miami. Allá tú los tienes en tus narices. Tu Miami está allá, Chávez” (…). “Hace rato que yo puse distancia con el enemigo, tengo una distancia. Tú no, tú lo tienes ahí al lado, convives”.

 

Más que pretender convencerlo, Fidel Castro intimida al teniente coronel golpista (ninguno de los dos se caracteriza precisamente por su valor personal). Castro le recuerda el golpe de estado de Augusto Pinochet en Chile: “Mira el caso de Pinochet, ahí no perdonaron a nadie”.

 

Y se dirige a su discípulo de forma sibilina: “Chávez, tú no tienes escapatoria, como yo no la tuve”. Dos mentiras en la misma oración: Chávez tendría “escapatoria” respetando la voluntad popular, y eso de que Fidel Castro no la tuvo se lo podrá creer Chávez, pero no la historia. ¿Escapatoria de qué? Se aferró con uñas y dientes al poder, destruyendo lo que hubiera que destruir, para mantenerse de manera vitalicia imponiendo su voluntad. No le obligó una coyuntura histórica: él mismo lo decidió, lo ejecutó contra la voluntad de los cubanos, y lo sigue haciendo hasta nuestros días.

 

Traer a colación el sangriento golpe de estado en Chile para justificar un eventual desconocimiento de la voluntad popular en Venezuela es cínico y criminal. ¿Por qué Fidel Castro no le recuerda a Chávez que Doña Violeta Barrios de Chamorro ganó las elecciones a los sandinistas en 1990 y llevó a cabo una tranquila transición a la democracia en Nicaragua, sin sangre ni persecuciones?

 

Caudillos demagogos fueron sacados del poder en América Latina, por las armas o las urnas, sin baños de sangre ni “arrase general” posterior: el narcogeneral Noriega fue capturado en Panamá por las tropas de Estados Unidos, y se restableció la democracia sin que corriera la sangre. El Primer Ministro Maurice Bishop fue asesinado en Grenada por sus propios compañeros, lo que precipitó una intervención armada de Estados Unidos. Tras el derrocamiento de los asesinos, los criminales fueron ante los tribunales, pero no hubo cacería de brujas. En diferentes momentos en Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay, Bolivia, Chile, Perú, Guatemala, El Salvador y Honduras terminaron las dictaduras militares y se restableció la democracia, sin “arrase general”.

 

La oposición venezolana, liderada por Henrique Capriles, no pretende un “arrase general”, ni cacerías de brujas o “pase de cuentas”. Intenta restaurar la democracia y el Estado de derecho en el país, sin retrotraer a Venezuela a la etapa pre-Chávez, que no era precisamente el paraíso terrenal aunque fuera “democrática”.

 

Los únicos escenarios de confrontación en Venezuela son los creados y desarrollados por el chavismo y alentados por el castrismo. El periódico español ABC acaba de denunciar que Chávez “está adiestrando a células de «militantes revolucionarios», en parte procedentes de los llamados «colectivos» (bandas callejeras armadas), para controlar una eventual votación adversa en las presidenciales del 7 de octubre”. ABC señala que “los grupos paramilitares están inspirados en las unidades Basij que abortaron la «Revolución Verde» iraní”, y cita a un coronel venezolano que dice que “en junio se comenzaron a repartir unos 8,000 fusiles”.

 

Esas informaciones, por sí solas, son muy preocupantes. Pero de conjunto con los “consejos” de Fidel Castro a Hugo Chávez, que ven la luz pública ahora en el mencionado libro, crean una situación escalofriante, que hay que vigilar de cerca y denunciar con tiempo suficiente, porque estas informaciones sobre los diálogos Castro-Chávez no surgen por casualidad en estos momentos.

 

El régimen cubano prepara condiciones para apoyar un zarpazo del teniente coronel golpista ante un eventual resultado adverso el 7 de octubre. Lo que eso pudiera costar en sangre, sudor y lágrimas al pueblo cubano y al venezolano no le preocupa para nada a Fidel Castro. ¿Cuándo le ha preocupado la suerte de los cubanos o la de los pueblos a donde envió armas, recursos y combatientes para desconocer la voluntad popular? Si de Venezuela se trata, ¿cuántos venezolanos perdieron la vida por la ingerencia guerrillera castrista en los años sesenta del siglo pasado?

 

Agitar el fantasma de Pinochet para justificar un genocidio en Venezuela contra la voluntad popular que se expresaría en las urnas es una colosal inmoralidad y un crimen de lesa humanidad, cuya responsabilidad fundamental recaería en Fidel Castro.

 

Sin dudas, Augusto Pinochet no fue un arcángel ni mucho menos. Pero, llegados al extremo, comparemos: se considera que en los 17 años que Pinochet gobernó fueron ejecutadas en Chile entre 1,200 y 3,200 personas, unas 80,000 fueron encarceladas, y decenas de miles se exiliaron. ¿Cuántos fusilados, cuantos condenados a prisión, y cuantos exiliados ha habido en Cuba durante 53 años de castrismo? 53 años de totalitarismo castrista es más del triple de tiempo que los 17 años de Pinochet. Y no olvidemos que el dictador chileno se sometió a un referéndum popular que le resultó adverso, y respetando ese resultado se alejó del poder.

 

¿Asustar con Pinochet? Absurdo: No puede haber nada más peligroso, más lúgubre y más patético que depender de la patibularia voluntad de Fidel Castro.