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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

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Famosos cubanos, ahora empresarios

 

Tienen algo en común, ya son reconocidos. Ahora enfrentan un nuevo desafío, ser exitosos en el mundo de los negocios  

 

Associated Press

 

LA HABANA.- El cubano Javier Sotomayor, leyenda del atletismo mundial, abrió el “Sport Bar-2.45” en honor a su marca mundial en salto alto, vigente desde hace 20 años. La triple campeona olímpica de voleibol, Mireya Luis, a punta de pasión y talento, inauguró un lujoso restaurante italiano y Hugo Morejón, músico del famoso grupo Los Van Van, cumplió su sueño al abrir un taller de autos de primera categoría.

 

 Armados por su fama, reconocimiento y dinero, estos deportistas y artista, que han disfrutado de una vida mucho más lujosa que sus compatriotas cubanos en la isla de gobierno comunista, están a la vanguardia del nuevo mundo de la empresa privada. Todos ellos contribuyeron a cambiar el panorama de la vida habanera que los llevó a la elite deportiva o artística y que ha aumentado la envidia entre una población cansada de los privilegios que han tenido.

 

 Para entrar al bar de Sotomayor, el cliente debe pasar por debajo de un vara de salto alto situada a 2.45 metros, la plusmarca mundial que Sotomayor ostenta desde el 27 de julio de 1993. Más que uno de los grandes atletas que ha dado la isla, Sotomayor ahora se ve como un empresario.

 

 En el “Sport-Bar 2.45” construido en el jardín de la cómoda casa de Javier Sotomayor, en el elegante barrio de Miramar y que abrió con su ex esposa María del Carmen García, el cliente puede admirar algunas fotos y trofeos del campeón, incluida una zapatilla de salto.

 

“Me siento bien con lo que hago ahora, para mí es un reto, salí airoso de una competencia en el salto alto, ahora vamos a ver si el bar se comporta a la altura, a mí no me gusta perder ni en deporte, ni en nada”, dijo Sotomayor, quien a sus 45 años mantiene su figura espigada y atlética.

 

 En el garaje de mecánica de Hugo Morejón, trombonista de uno de los más famosos grupos de salsa contemporánea, Los Van Van, los tres mecánicos que él contrató no dan abasto por la cantidad de clientes que acuden para reparar sus autos Fíat, Kia, Mercedes o Peugeot.

 

 Vestidos con trajes de mecánicos, los cuatros jóvenes utilizan computadoras para mostrarles al cliente la pieza por arreglar, y tienen instrumentos modernos que distan mucho de los antiguos talleres donde los obreros cubanos se las ingenian para reparar viejos autos estadounidenses de los años 50 o Ladas de la antigua Unión Soviética.

 

“Trabajamos como una cooperativa, soy el dueño del lugar pero no gano más, todo lo que se invierte lo hacemos por partes iguales los cuatro y todo lo que ganamos se reparte por partes iguales entre los cuatro”, dijo Morejón, que dice que no necesita el dinero.

 

 El veterano músico comentó que “la notoriedad me sirve pero sólo la primera vez, después hay que darle calidad al trabajo si no el cliente no vuelve”. Además explicó que aprovecha sus viajes de trabajo con el grupo musical para adquirir las piezas necesarias para el garaje, algo difícil de encontrar en el mercado en la isla.

 

“Estoy muy contento porque este es mi hobby y además de realizar un sueño, contribuyo para el país, le doy trabajo a tres muchachos y brindo un servicio útil”, dijo Morejón.

 

 La voleibolista Mireya Luis, capitana del equipo de Cuba que fue tres veces campeón olímpico (1992, 1996 y 2000), aprovechó la oportunidad y junto con su esposo, el italiano Gian Carlo Incerti, abrió el restaurante italiano “Las Tres Medallas”.

 

“Siempre me gustó la idea de tener un bar o un restaurante”, dijo Luis. “Por muchos años fui capitana del equipo de voleibol, ahora sigo siendo capitana aquí, lo tengo en el alma, pero en el negocio es más difícil que en la cancha”.

 

A los 46 años la ex jugadora que mantiene la figura esbelta y la misma determinación, explicó que su negocio marcha bien. “Esta es la casa de Mireya, un lugar un poco glamour, la gente viene a relajarse, conversar, saborear especialidades italianas o compartir en veladas deportivas con mis ex compañeras de equipo y otros campeones, algo que a la vez me da nostalgia y me hace feliz”.

 

La vida de Orlando Montoya dio un vuelco positivo desde que trabaja como chef de las Tres Medallas.

 

“Vine a pedir trabajo aquí cuando estaba desempleado y solo tenía un par de tenis para calzarme”, dijo Montoya. “Esto fue una escuela de la vida para mí, se trabaja mucho desde el mediodía hasta el amanecer, pero hoy tengo como seis pares de tenis y una niña de un año a quien no le falta nada”.