Cubanálisis El Think-Tank

REPRODUCCIÓN DE UN ARTÍCULO SOBRE CUBA

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Espionaje castrista

 

Pedro Corzo, El Nuevo Herald

 

El régimen cubano, aunque ha fingido ser víctima de Estados Unidos por más de cinco décadas, ha recurrido a numerosos y variados recursos para espiar, o al menos influenciar, en el gobierno y la clase dirigente de este país.

 

Aun antes de llegar al poder, los partidarios de Fidel Castro en el Movimiento 26 de Julio constituyeron células en las ciudades más importantes de la Unión Americana para apoyar a los insurgentes, pero también para ejercer influencia en los medios y la clase dirigente, particularmente en las universidades y los sectores intelectuales, que siempre han sido objetivos priorizados.

 

Una parte de los que integraron las delegaciones del M-26-7 regresaron a la isla al triunfar la revolución, pero un sector importante permaneció en Estados Unidos, sirviendo al castrismo mientras creyeron en el proceso. Otros todavía lo hacen.

 

En ese periodo fundaron grupos de influencia que se pusieron a la tarea de defender en todas las instancias, y de diferentes maneras, el proceso revolucionario y a Fidel Castro en particular.

 

Agrupaciones con diferentes nombres, pero iguales objetivos, se crearon a lo largo y ancho del país. Lee Harvey Oswald, el asesino del presidente John F. Kennedy, dirigió una de ellas.

 

Cuba fue punto de encuentro para los estadounidenses contrarios al sistema democrático, para los que estaban a favor de los cambios por medios pacíficos, pero también para los que practicaban la violencia más indiscriminada.

 

Una apropiada investigación confirma que el espionaje cubano tiene entre sus objetivos principales al gobierno de Estados Unidos.

 

Ana Belén Montes, analista de la Agencia de Inteligencia para la Defensa, confesó haber espiado para Cuba durante 16 años, 1985-2001. Entre otras informaciones Belén Montes suministró al gobierno cubano los nombres de cuatro funcionarios estadounidenses de inteligencia y recopiló documentos y materiales que entregó ilegalmente al gobierno de los Castro.

 

Espías de la isla, conocidos como la Red Avispa, fueron procesados y condenados. El grupo trató de infiltrar la sede del Comando del Sur de Estados Unidos.

 

Miembros del grupo penetraron la organización humanitaria Hermanos al Rescate. Uno de ellos, Gerardo Hernández, fue relacionado con el derribo de dos avionetas de esa organización, en la que fueron asesinados sus cuatro tripulantes

 

Un funcionario de Inmigración estadounidense, Mariano Faget, pasó información que llegó al gobierno de La Habana. Como consecuencia diplomáticos cubanos fueron expulsados de Estados Unidos por actividades de espionaje.

 

Durante un período de 15 años, de 1983 a 1998, 15 miembros de la misión cubana ante Naciones Unidas fueron expulsados por actividades de espionaje, entre ellos tres que operaban en el marco de la tristemente famosa Red Avispa, capturada en 1998.

 

Un ejemplo similar es el caso de José Rafael Fernández Brenes, quien en 1988 abandonó un buque mercante cubano. Fernández trabajó en TV Martí, y a su regreso a Cuba declaró que su información había ayudado a interferir la señal de la emisora.

 

Otro caso es el del profesor universitario Carlos Alvarez, doctor en Psicología Clínica y profesor asociado al Departamento de Estudios de Liderazgo y Política Educacional, y su esposa, la sicoterapeuta especializada en tratamiento de grupo y coordinadora del programa de capacitación en el área social, Elsa Prieto. Ambos fueron acusados y condenados por espiar contra Estados Unidos a favor del gobierno de Cuba. Enviaban y recibían mensajes cifrados a la isla. Según la acusación Alvarez había espiado para Cuba desde 1977 y su esposa desde 1982.

 

Por último y, por ahora, el matrimonio compuesto por Walter y Gwendolyn Myers espió por 30 años a favor del régimen de La Habana. Myers, que trabajó por tres décadas en el Departamento de Estado norteamericano, aceptó junto su esposa la responsabilidad de espiar para Cuba.

 

Un detalle importante para los que duden de las intenciones del régimen castrista. Manuel Hevia Cosculluela publicó en los 70 en Cuba el libro Pasaporte 11333, donde confiesa haberse infiltrado en la CIA y haber operado junto a Dan Mitrione en Uruguay, agente estadounidense asesinado por los Tupamaros.

 

Pero antes de cerrar estos apuntes hay que reafirmar la importancia de las declaraciones del teniente coronel Chris Simmons, un oficial de contrainteligencia del Ejército de Estados Unidos, que declaró en su oportunidad a The Miami Herald que entre 9 y 18 meses después del desmantelamiento de la Red Avispa, el número de agentes y oficiales de inteligencia cubanos en la Florida había regresado a los niveles anteriores a la captura de esa red.

 

El peligro existe y existirá mientras el totalitarismo castrista gobierne a Cuba.