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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Esperando “el barco”

 

Miriam Celaya, SinEVAsión 

 

Por estos días las madres de bebés andan en busca de pañales desechables, prácticamente desaparecidos de todas las tiendas de La Habana. A pesar de ser un producto que se comercializa solo en moneda convertible, cíclicamente se producen estas crisis de desabastecimiento de un artículo de primera necesidad para las madres de hoy por sus indiscutibles ventajas. Lejos han quedado los tiempos en que las mujeres debíamos hervir una y otra vez con jabón los pañales de tela antiséptica de nuestros niños y tenderlos al sol para mantenerlos pulcros. Afortunadamente las mujeres de estos tiempos han ido dejando atrás el trabajo esclavo para asumir en la medida de lo posible las bondades de la modernidad, no obstante el elevado costo monetario que esto implica en Cuba.

 

Pero lo mismo sucede con otros artículos imprescindibles, como las almohadillas sanitarias y productos de higiene como las frazadas de limpiar los pisos, los desincrustantes, la pasta dental, los detergentes o el papel higiénico, entre otros, cuyas intermitentes desapariciones de los estantes de los comercios produce el consecuente malestar en la población por el desgaste que implica emplear el valioso tiempo de vida en perseguir de una tienda a otra dichos productos, muchas veces de manera infructuosa.

 

Por otra parte, también escasean ciertos alimentos que tienen mayores ventas por ser los más “económicos”, como la mantequilla -ausente ya por meses de los comercios en divisas, únicos lugares en que se podía adquirir-, algunas variedades de picadillos de aves (el de pavo, de factura canadiense es el más popular), las salchichas, y muchos más, sin que exista una explicación por parte de los responsables de los mercados… Mucho menos por los medios “informativos” oficiales.

 

Los cubanos, con una profunda conciencia de insularidad sembrada desde los inicios mismos de la colonia, sin información sobre lo que produce estos vacíos en las estanterías de las tiendas, y acostumbrados ya por décadas a que aquí no se produce casi nada y todo llega “de afuera”, han acuñado un término, mitad broma mitad certeza, para explicar tantas carencias: “no ha llegado el barco”. Una especie de navío imaginario que puede venir cargado de cualquier cosa desaparecida, desde la harina de trigo necesaria para elaborar el pan (¡ay, el socorrido pan, primer punto de la agenda política de los cubanos!) hasta las especias que tantas guerras causaron en la antigüedad y que para muchos aquí resultan casi absolutamente desconocidas, o el aceite con el que cocinamos el humilde arroz de cada día. Basta comentar en cualquier parte que hay escasez de un producto, para que surja la socorrida respuesta: “Están esperando el barco…”

 

Un bodeguero de mi barrio opina que aquí no hace falta que llegue un barco, sino una flota que nos saque a todos de la Isla, mientras un merolico ilegal que vende aromatizantes, pinzas de tendederas y otras naderías, está en desacuerdo con eso y tiene una solución más fácil: “¡Ná’, si con un solo barco se los pueden llevar a todos ELLOS y a su parentela y ya después tú verás que no va a faltar más nada!”. En el lenguaje críptico cubano todos sabemos quiénes son “ELLOS”. Son los toques pintorescos de la cotidianidad cubana que empiezan y terminan en una complicidad tan náufraga y estéril como el propio sistema.

 

Así, pues, por estos días las madres habaneras esperan ansiosas “el barco” de pañales desechables con los cuales aliviar, al menos hasta donde lo permita cada bolsillo, la pesada carga de mantener aseados y limpios a sus bebés sin arruinar manos, uñas y tiempo, en el empeño. Y entre tanto rezan porque los jabones de lavar y otros productos de aseo no caigan también en el ciclo de las desapariciones. Por si acaso demora en aparecer el siempre esperado “barco”.