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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Errores posibles a evitar en la aproximación entre Cuba y Estados Unidos

 

Sonia Alda, en Infolatam

 

Las últimas declaraciones de las autoridades norteamericanas y cubanas deberían despertar cierta preocupación. Mientras que Roberta Jacobson, Subsecretaria de Estado para el Hemisferio Occidental, declaro la semana pasada, en La Habana, que el respeto de los derechos humanos sería una parte muy importante de las negociaciones.

 

Raúl Castro, el dia 28, en su intervención en la III Cumbre de la CELAC, afirmó con rotundidad que la normalización de las relaciones entre ambos países no tendría lugar si no acababa el embargo y Estados Unidos no reparaba los daños humanos y económicos provocados por el embargo.

 

Estas reivindicaciones no tendrían nada de particular si no tuvieran lugar en la actual coyuntura. De hecho podrían ser calificadas de históricas, por parte de un país y otro, pues se llevan haciendo desde hace más de medio siglo. El problema es que éstas pretendan incluirse en los temas pendientes de negociación. Dicha negociación ya se ha iniciado en La Habana, el 22 de enero, cuando se reunió una delegación norteamericana y cubana, encabezadas por Roberta Jacobson y Josefina Vidal, respectivamente. Se trata, a partir de este primer encuentro, de abrir una ronda de reuniones mediante las cuales se concreten los temas acordados, durante las negociaciones secretas que tuvieron lugar, antes del 17 de diciembre, cuando tanto Barack Obama, como Raul Castro, lo hicieron público.

 

En este punto conviene tener presente por qué fue posible alcanzar aquel acuerdo y por qué, y esta es la pregunta que más interesa, se pudo concretar. La respuesta a la primera pregunta está en relación tanto a los intereses norteamericanos como cubanos. Respecto a Estados Unidos, es preciso considerar el liderazgo que Barack Obama pretende ejercer a nivel internacional. En la medida en que se basaría en el multilateralismo y no en imposiciones unilaterales y por la fuerza, el aislamiento cubano no deja de ser una contradicción. Respecto a Cuba, el proceso de liberalización económica que está experimentando, por lento o errático que sea, genera necesidades financieras y de intercambio para las cuales el embargo es un auténtico obstáculo.

 

Estas cuestiones son las que han impulsado y respaldado la voluntad de aproximación de los gobiernos de los dos países y han hecho posible el acercamiento. Pero si realmente se ha podido concretar es porque además, han logrado encontrar puntos de negociación que benefician a ambos y que al mismo tiempo evitan los temas que, por el momento son innegociables. Los aspectos contemplados tienen relación con la cooperación en temas de ébola, el flujo de visitantes a la Isla, autorización de transacciones financieras… pero en ningún caso se contempla el respecto a los derechos humanos en Cuba o el embargo norteamericano a Cuba y las reparaciones que Estados Unidos debería de llevar a cabo a petición de Cuba. Precisamente en estas omisiones radica el éxito del acuerdo. Y sólo bajo esta premisa será posible que progresen.

 

Es esta cuestión la que justifica la preocupación por las declaraciones tanto de la Sra. Jacobson, como del Presidente Castro. Si pretenden condicionar las negociaciones a sus reivindicaciones, éstas están condenadas y significará volver al principio, que equivale a ningún avance, ningún cambio, ni impulso alguno a posibles y deseables transformaciones.

 

Si cada gobierno vuelve a enarbolar un discurso y un posicionamiento que ha impedido cualquier cambio, hasta el momento, se frustrara todo lo avanzado. Con esta afirmación no se trata de discutir sobre la legitimidad de las reivindicaciones realizadas por ambos países, sino de cómo pueden influir en la evolución de las negociaciones, desde un punto de vista estrictamente pragmático. Se puede comprender que estas declaraciones sean producto de las presiones y compromisos a los que están sometidos ambos gobiernos, con determinados, grupos, pero es de esperar que no trasciendan mas allá de la retórica y no se incluyan en las negociaciones.

 

El éxito de éstas dependerá de que sean tratados únicamente los temas que son negociables, pues fueron previamente acordados como tales. Si se mantiene este método de negociación no se va a lograr ni el respeto de los derechos humanos, en Cuba, ni la reparación de daños humanos y económicos como consecuencia del embargo, realizado por Estados Unidos, pero se lograran cambios que repercutirán en beneficio de los cubanos y quizás en la transformación del régimen. La alternativa es el bloqueo de la negociación y el retorno a la incomunicación y al inmovilismo.

 

En esta coyuntura las declaraciones finales de la CELAC demuestran el posicionamiento de América Latina frente a Estados Unidos y a favor de finalizar el aislamiento de Cuba. Ha sido una cuestión protagónica en la Cumbre de Costa Rica. No solo se contempla en la Declaración de Belén, sino que de las 27 declaraciones realizadas en la Cumbre, una de ellas está dedicada exclusivamente a esta cuestión, donde la región se manifiesta, de manera unánime, en contra del bloqueo por violar el derecho internacional y solicitando al Congreso norteamericano que aborde esta cuestión y decida la abolición del embargo. Una petición que no deja de ser una forma de presión para que progresen las negociaciones y Estados Unidos tome plena conciencia de su aislamiento respecto a esta cuestión. Esta petición siempre será una forma positiva de impulsar las negociaciones mientras que no se incluya en la negociación.