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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Entrevista a Carlos Alberto Montaner

 

“Queda la certeza del fracaso de la dictadura”

 

Iliana Lavastida Rodríguez, Diario Las Américas

 

MIAMI.- La proclamación de la República el 20 de mayo de 1902 significó para el sentimiento de la nacionalidad cubana la consumación de muchos de los anhelos acumulados y por los que durante décadas cientos de miles de jóvenes entregaron la vida en defensa de los ideales patrios.

 

Carlos Alberto Montaner, escritor y periodista exiliado, que ha dedicado parte de su labor intelectual a estudiar y difundir la realidad de su país, en el aniversario 111 del amanecer de aquel martes promisorio compartió con DIARIO LAS AMERICAS sus impresiones de lo que ha sido de aquella república a partir de enero de 1959.

 

¿Qué queda vigente de la república instaurada el 20 de mayo de 1902, después de lo ocurrido durante más de cinco décadas?

 

Queda la certeza de que el más de medio siglo de dictadura comunista ha sido un fracaso absoluto.

 

Esa convicción, muy generalizada entre los cubanos, hace que las nuevas generaciones, aunque conocen poco del pasado republicano anterior a 1959, lo idealicen y quieran hurgar en esas raíces.

 

Es un fenómeno que hemos visto en todas las naciones que abandonaron el comunismo, Rusia incluida. Checos, húngaros, polacos, todas las sociedades del este europeo, hoy entienden que el interregno comunista fue una pesadilla artificial y han retomado respetuosamente su vieja historia.

 

Los cubanos, a estas alturas, ya saben, sin lugar a duda, que el relato que les hace el gobierno es una fantasía ridícula. Pretender que la dictadura comunista continúa y culmina la obra de los mambises del siglo XIX es una falsificación histórica que hoy no se la cree nadie, aunque muchos se vean obligados a repetirla.

 

¿Significa algo que Raúl Castro haya revitalizado el uso del Capitolio como sede de sesiones del parlamento cubano? ¿Es un síntoma de vuelta al pasado?

 

A mi juicio, es el reconocimiento simbólico de que fue una locura anular la historia republicana. Basta pasear por La Habana, por las ruinas de lo que fue esa gran ciudad, para comprobar el salto económico y social que dieron los cubanos entre 1902 y 1959.

 

En ese período los cubanos, con sus errores y aciertos, construyeron un país que poseía un saldo migratorio positivo, y en el que cada generación tenía la certeza, porque así había sido siempre, de que tendría un mejor destino que la de sus predecesores.

 

En Cuba, desde comienzos del siglo XIX hasta mediados del XX, los hijos siempre vivieron mejor que los padres. La etapa comunista es la única que invirtió esa tendencia y las nuevas generaciones saben, porque han aprendido esa terrible lección, que vivirán peor que sus progenitores. Por eso no ven otra opción que la de emigrar. La dictadura de los Castro destruyó el sueño cubano de una vida mejor, aseveró el intelectual, creador de la Unión Liberal Cubana, que busca propiciar un cambio pacífico en Cuba.

 

Hoy, cuando Raúl Castro rehabilita el Capitolio y le asigna nuevamente la función legislativa, aunque se trate de un falso parlamento en el que solo se va a aplaudir y refrendar las decisiones de la cúpula dirigente, está tratando de mandarle el mensaje a los cubanos de que lentamente se está cancelando la era del colectivismo y la improductividad porque, de alguna manera, se vuelve a la tradición republicana.

 

Supongamos que en Cuba llegáramos a la hora cero. ¿Cómo sería esa tercera república?

 

Con bastante rapidez. Las fuerzas políticas adoptarían el perfil ideológico que prevalece en el resto planeta. Un país como Cuba, en la encrucijada del mundo, no puede sustraerse a esa atmósfera. Surgirían partidos socialdemócratas, democristianos, liberales, conservadores y, naturalmente, comunistas, aunque estos últimos serían notablemente minoritarios como consecuencia del fracaso de más de medio siglo de disparates y atropellos.

 

Insistir en el colectivismo y en el monopartidismo tras lo que hemos vivido en Cuba por más de medio siglo, sería una muestra asombrosa de terquedad e irracionalidad. En todo caso, ya todas esas fuerzas existen en estado embrionario, aunque estén reprimidas por la dictadura. Eso es lo que ha sucedido en Europa del Este y en Cuba no debe ocurrir de otra manera.

 

En el terreno económico, lo sensato sería abandonar rápidamente el ineficaz modelo de estado-empresario y devolverle a la sociedad civil la iniciativa. En Cuba no faltará capital y “know-how” para darle la vuelta al sistema. Afortunadamente, contamos con la experiencia de lo que han hecho bien y mal en las naciones que abandonaron el comunismo. Las buenas lecciones de Estonia, de Eslovenia, de la República Checa, de Polonia, permitirán que en el curso de una generación Cuba esté en el pelotón de avanzada de los países más exitosos de América Latina, pero el objetivo debe ser emular a otras sociedades aún más impresionantes. Hay mucho que aprender de Israel, de Corea del Sur, de Taiwán, tres sociedades democráticas que en 1958 eran más pobres que Cuba y hoy forman parte del Primer Mundo.