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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Entre equivocaciones y temores

 

Hildebrando Chaviano Montes, La Habana, en Diario de Cuba

 

Bastó lo que según una nota del diario Granma fue "Un intercambio imprescindible", para que los mercados permanecieran vacíos los últimos días de 2015. Durante la sesión de la Asamblea Nacional correspondiente al martes 29 de diciembre, un diputado manifestó inquietud por los altos precios de los productos agropecuarios e hizo énfasis en la urgencia de resolver el asunto para que los niños cubanos no pierdan la sonrisa (sic).

 

A partir de ahí, se desataron los demonios del centralismo y la planificación, la marcha atrás con bandera de populismo se hizo sentir y todos aplaudieron, Raúl Castro dio su aprobación y de paso comprometió a Marino Murillo a tomar medidas para ponerle freno "a un grupo de pillos que cada día se está enriqueciendo más".

 

Lo que siguió a la jugada de sacrificio de peón realizada por Castro, fue un gambito de Murillo que no dudó en declinar el ofrecimiento y dejar que las cosas, como siempre, las decida el de arriba aunque las sufran los de abajo.

 

A pesar de que el propio presidente de los Consejos de Estado y de Ministros reconoce en su intervención que no tiene la fórmula para resolver lo que consideran un grave problema, al día siguiente camiones cargados con productos agrícolas fueron detenidos, decomisada la carga y advertidos transportistas, campesinos y comerciantes, de la obligación de bajar los precios.

 

Qué regocijo sintieron los enemigos del mercado al poder tomar una medida revolucionaria que los transportó a los heroicos tiempos de las nacionalizaciones y la instauración de la libreta de racionamiento, qué emoción al saber que gracias a ellos ni los productores ni los intermediarios se enriquecerán más.

 

Lo ocurrido en la Asamblea y su repercusión en las ollas este fin de año, nos dice con claridad que el comunismo no se puede remendar con tímidas medidas de mercado, el sistema debe ser cambiado estructuralmente y los campesinos, comerciantes, transportistas y cada uno de los eslabones que participan en la cadena productiva y de abastecimiento, deben tener en primer término la tranquilidad de saberse dueños de lo que ganan sin el temor a ser despojados de todo en un arrebato revolucionario. Quizás si así fuera la carrera de ganar mucho en el menor tiempo posible dejaría de tener sentido.

 

Sobre lo de subir tres y cuatro veces el precio que se supone deberían tener los productos, las tiendas estatales que comercializan en divisas cometen el mismo pecado con artículos de primera necesidad como la leche en polvo y los aceites comestibles; pero en última instancia, lo que provoca el desmadre de los precios es que los productos que se ofertan son insuficientes, no hay productividad, y la improductividad es consustancial al sistema económico estatal centralizado que los comunistas insisten en defender a pesar de las evidencias.

 

De acuerdo con lo que nos permitieron ver de los debates asamblearios, todo se resumió en una competencia para demostrar quién era más revolucionario, es decir, más aferrado al inmovilismo y a la misma retórica antinorteamericana y chovinista. El resultado más visible del fracaso de esta reunión de los parlamentarios cubanos es la ausencia de productos en los agro mercados, ni baratos ni caros.

 

La vara mágica del populismo ha logrado desestimular un mercado que comenzaba a dar signos de recuperación. Si la ignorancia en los asuntos económicos es una falta grave en los encargados de dirigir el país, la irresponsabilidad al emitir declaraciones que comprometen el desarrollo es peor.

 

Raúl Castro no debe perder de vista que su gobierno es una dictadura, y la palabra del líder en los sistemas totalitarios pesa enormemente, su aceptación o rechazo tienen fuerza de ley aunque  como él mismo prevé sin darle demasiada importancia, se agregue otra equivocación a la larga cadena de 56 años de equivocaciones.

 

El Gobierno sigue improvisando un sistema económico que no acaba de tomar forma porque está mal concebido y los líderes no tienen pudor en mostrar toda su incapacidad. En momentos de crisis como la que afronta Cuba desde hace décadas, se impone tomar medidas que pueden verse como impopulares, pero constituyen la única solución.

 

La solución radica en aceptar de una vez por todas a la economía de mercado como única fórmula válida para crear riquezas y la libertad política como antídoto contra la simulación y la falta de criterios que se evidenció en la Asamblea Nacional. Todo lo demás es perder el tiempo.