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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

En Cuba, el cambio de la economía va más rápido que el político

 

Luis Palma Cané, La Nación, Argentina

 

El 17 de diciembre de 2014 marca un hito fundamental en las relaciones cubano-americanas: luego de más de 55 años de desencuentros, los mandatarios de ambos países, Raúl Castro y Barak Obama, anunciaron una nueva etapa de normalización en sus relaciones diplomáticas. Transcurridos 15 meses se ha avanzado bien, destacándose la reapertura de las embajadas, la flexibilización de algunas restricciones impuestas por el bloqueo y, finalmente, la reciente e histórica visita de Obama a la isla, la primera de un mandatario estadounidense en casi 90 años.

 

Ahora bien, a todo esto: ¿en qué estadio se halla actualmente el autocrático régimen político y económico de La Habana y qué se puede esperar de su evolución en el mediano plazo?

 

Respecto de la situación actual, a partir del reemplazo de Fidel Castro -en marzo de 2008- por su hermano Raúl, ha comenzado una tenue apertura económica que, lamentablemente, no se ha reflejado en el incólume régimen político. Al tomar el poder, el nuevo presidente advirtió que el modelo económico cubano había entrado en colapso; sólo por mencionar algunas de sus características: economía centralmente planificada, administración pública ineficiente, ausencia de propiedad y actividad privada, pobreza, indigencia, atraso tecnológico, capitalismo de estado quebrado, bajísimos niveles de inversión, desempleo disfrazado en el sector estatal, escasa cultura del trabajo y un sistema monetario dual; todo ello reflejado en un PBI (real) del orden de los US$ 50.000 millones y un salario mensual promedio no mayor a los 20 dólares. En una actitud pragmática, el nuevo presidente encaró una serie de reformas orientadas a una mayor libertad económica que, si bien han sido muy graduales y limitadas, han dado un poco de respiro a la alicaída economía cubana. En efecto, las medidas aplicadas por Raúl Castro han abierto espacios a la iniciativa privada dando lugar a negocios que antes escaseaban o eran directamente inexistentes: cafeterías, restaurantes y servicios de turismo, entre otros. De esta manera ha surgido una nueva clase de "emprendedores cuentapropistas", que han pasado de 100.000 en 2010 a alrededor de 500 mil a la fecha. El cambio ha sido positivo, pero aún insuficiente: todavía más de 75% de la actividad económica se halla en manos del Estado.

 

Por su parte, en lo político nada ha cambiado: régimen autocrático de partido único, falta casi total de respeto por los derechos humanos, inexistencia de libertad de expresión y de medios independientes, fuerte censura, trabas permanentes a los disidentes, presos políticos y sistema de inteligencia destinado a oprimir a la oposición.

 

Ahora bien, ¿cuáles han sido los puntos fundamentales tratados en su reciente visita por Obama y cuáles serían sus consecuencias?

 

En lo político ha hecho una fuerte autocrítica de la anterior injerencia de su país en los asuntos domésticos de la isla y al mismo tiempo, en reiteradas oportunidades, ha solicitado una mejora en los derechos humanos y un mayor grado de libertades individuales. En lo económico reiteró su compromiso de fomentar e impulsar la actividad económica privada mediante inversiones y un mayor intercambio comercial en turismo, salud, agricultura, industrias y nuevas tecnologías, entre otros sectores. Sin embargo, el punto fundamental ha sido su mención respecto de un eventual levantamiento del embargo, que "no ha beneficiado a ninguna de las partes", pero que aún no tiene un plazo predeterminado, ya que a la fecha la mayoría republicana del Senado se opone a tal medida. Es claro, pues, que el cambio en la posición de Estados Unidos ha sido copernicano.

 

A partir de este nuevo escenario, la pregunta clave es ¿cómo evolucionará el régimen cubano? Quizá, lo más probable es que se logre, de la mano de Estados Unidos y sin bloqueo, una mayor apertura económica y una mejora en el bienestar de la sociedad cubana. Sin embargo, desde el punto de vista político, en el corto plazo no deberían esperarse grandes cambios, sino una gradual conversión del régimen actual hacia un modelo dual similar al chino; esto es: una economía con crecientes grados de iniciativa privada, acompañada por un sistema político restrictivo. La apuesta a futuro sería, entonces, que en el mediano plazo la mejora en el bienestar económico acabara por impulsar la transición hacia un régimen pluralista de verdadera democracia republicana, con respeto por los derechos humanos y las libertades individuales. A este respecto, y si bien "...el futuro está en manos de los propios cubanos", sería de fundamental importancia que las democracias libres del mundo pudieran colaborar en este proceso.