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REPRODUCCIÓN DE UN ARTÍCULO SOBRE CUBA

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

En campos y ciudades, cubanos abrazan reformas

 

Frank Jack Daniel, Reuters

 

ARANGO, Cuba.- A lo largo de Cuba nuevos agricultores labran tierras abandonadas por décadas y puestos de venta cambian el rostro de las ciudades, a medida que los negocios privados siembran la semilla de una posible recuperación económica.

 

En la mayor reestructuración de la debilitada economía estatal desde que Fidel Castro nacionalizó las empresas privadas hace más de 40 años, el Gobierno comunista está eliminando un millón de empleos públicos y alentando a la gente a cultivar tierras ociosas o montar pequeños negocios.

 

Desde la década de 1960 el Estado ha sido casi la única fuente de empleo, ocupándose incluso de peluquerías y relojerías. Gran parte de las tierras cultivables fueron abandonadas a medida que la agricultura encallaba bajo estrictas reglas y bajos precios.

 

"Hace seis meses ni remotamente pensé en venir para el campo. Pero en seis meses el país ha cambiado mucho", dijo Juan, un militar retirado formado como agrónomo pero que recién volvió a su profesión en diciembre pasado.

 

Decenas de miles de negocios surgieron en Cuba apenas unas semanas después de que el hermano de Fidel, el presidente Raúl Castro, diera luz verde. Las granjas están siendo replantadas, nuevos restaurantes abren todos los días y las calles comienzan a vibrar con el comercio.

 

A pocas cuadras de los macizos edificios gubernamentales de cemento decorados con retratos de héroes revolucionarios que aún provén la mayoría de los empleos, decenas de personas hacen fila cada mañana para comprar pizzas, ropa interior y DVD piratas a una nueva generación de vendedores callejeros.

 

Hasta hace poco la mayoría de los vendedores operaba ilegalmente, arriesgándose a multas y abusos de la policía. Ahora pueden vender abiertamente, contribuyendo a la seguridad social y las arcas del Estado.

 

"He vendido 20 películas esta mañana y es mi primer día. Cuando la gente me conozca y me busque imagina cuánto van a subir (las ventas)", dijo Katrina mientras ofrecía películas de animación japonesa, otras de Hollywood como Twilight y discos de Michael Jackson.

 

Pero aún existen obstáculos. Incluso quienes aprovechan la oportunidad de las nuevas reglas más liberales temen que las libertades puedan ser revocadas. Para muchos que se habituaron a la vida de empleados públicos, los cambios suman incertidumbre a sus viejas preocupaciones por bajos ingresos.

 

Mario, un zapatero de La Habana dudaba si bajo las nuevas reglas ganaría más de los 10 dólares que le pagaba el Estado. Ahora debe alquilar el local al Gobierno, comprar sus materiales y pagar impuestos.

 

"Puede ser buena noticia, puede que no. La verdad aún no sé. Aún no dicen a cuánto voy a tener que (pagar por) arrendar y cuánto costarán los materiales", dijo mientras cosía una suela de goma en una sombría tienda cerca del paseo marítimo de La Habana.

 

Como muchos cubanos, Mario aumenta sus bajos ingresos con otras actividades, reparando zapatos en su apartamento. Teme que al tener que pagar impuestos sus ganancias disminuyan.

 

Otros dicen que no permitirán que los impuestos socaven sus beneficios.

 

"No me preocupa mucho", dijo Caridad, una mujer de 47 años que abrió un pequeño pero dinámico restaurante al costado de una carretera camino a la playa en el este de La Habana.

 

"El Gobierno no sabe cuánto vendo, así que no tengo que reportar todo", dijo la mujer, que vende un plato de langosta por 5 dólares.

 

Los permisos para vender artículos pirateados sorprenderían a empresas occidentales, pero el negocio tiene perfecto sentido para Katrina y cientos de habaneros como ella, pues los costos son bajos.

 

En otras áreas, el Gobierno todavía controla la venta de la mayoría de los insumos y dice que no puede permitirse el suministro a precios mayoristas, limitando las ganancias en una aparente señal de que los funcionarios temen que el impuesto a la renta no reemplace todas sus ganancias.

 

Caridad dijo que su principal preocupación es que se paralicen las reformas.

 

Como parte de la apertura económica autorizada en la década de 1990 para sobrevivir al colapso de la Unión Soviética, su antiguo benefactor, el Gobierno de Fidel Castro, permitió pequeños negocios privados.

 

Pero a medida que la economía mejoró, el Gobierno dio marcha atrás citando temor a corrupción y desigualdades sociales.

 

"Este es un proceso que ha sido diseñado de forma que ellos pueden enlentecerlo en cualquier momento", opinó Phil Peters, un experto en temas cubanos del Lexington Institute, un centro de estudios en Washington.

 

"Pero en 10 semanas ha aumentado el sector privado en un 50 por ciento mediante reformas introducidas por el Gobierno y la gente ha respondido. Uno no puede burlarse de eso", añadió.

 

RECONSTRUYENDO EL CAMPO

 

Juan, que prefirió no dar su apellido, planta maíz, tomates y bananas en su granja. Cría además cabras y planea comprar cerdos, todas ellas buenas noticias para Cuba, una nación que depende fuertemente de las importaciones de alimentos.

 

Las enormes granjas estatales de Cuba se hundieron junto con la Unión Soviética en 1991. Sin combustible, miles de tractores comenzaron a herrumbrarse y los agricultores volvieron a labrar con bueyes.

 

Los últimos meses, 130.000 personas obtuvieron permisos para cultivar tierras ociosas con más libertad para vender sus cosechas en el mercado abierto. Los precios antes fijados a niveles bajos son ahora revisados mensualmente. El del tomate, por ejemplo, se ha duplicado en la puerta de la granja.

 

"Antes la producción se daba a los animales porque pagaban precios que no correspondían", dijo Diego Alemán, quien trabaja en la granja de Juan. Otra de las reformas de Castro permite contratar mano de obra legalmente.

 

Los dos tractores que aran sus campos fueron reconstruidos por un vecino de Juan usando piezas de maquinaria soviética.

 

Sin embargo, incluso el Partido Comunista de Cuba reconoce que las reformas todavía no consiguieron aumentar la producción de comida, golpeada por los huracanes en el 2008. Casi la mitad de la tierra está ociosa.

 

En un congreso del Partido Comunista programado para abril está previsto que agricultores presenten quejas, en particular sobre el precio y la disponibilidad de insumos y materiales.

 

En el pasado las semillas y los insumos estaban racionados. Ahora las tiendas del Gobierno venden alambre, machetes y otras herramientas a precios altos. Un rollo de alambre de púas, por ejemplo, cuesta más del doble del salario mensual promedio.

 

"El hecho de que recién ahora están comenzado a permitir que el agricultor compre un machete cuando lo necesita o venda sus productos al costado de la carretera son pasos positivos, pero muestran todo lo que aún falta", comentó Peters.

 

PRESERVAR LAS CONQUISTAS

 

Años de austeridad socialista y embargo comercial estadounidense hacen de La Habana un oasis de calma comparado con el tráfico caótico y los mercados callejeros de otras ciudades de América Latina.

 

La elegante pero dilapidada arquitectura de la ciudad no tiene anuncios publicitarios y sus bulevares con palmeras no están atestados de puestos de venta.

 

Cuba se enorgullece de su bajo índice de criminalidad, su población educada y su sistema de salud gratuita, todas conquistas que la diferencian de muchos vecinos pobres y que, según partidarios del Gobierno, justifican las muy criticadas limitaciones a las libertades económicas y políticas.

 

"Un desafío para Cuba será avanzar sin degradar algunos de sus logros", opinó un diplomático asiático en La Habana.

 

Las reformas políticas en Cuba han sido lentas, aunque el Gobierno está liberando a algunos presos políticos a condición de que marchen al exilio y Raúl Castro ha fomentado la discusión abierta de los problemas del país.

 

Consultados por las reformas, la mayoría de los trabajadores que ingresaban una mañana reciente al edificio gris de oficinas del Ministerio de Agricultura dijeron que apoyaban las transformaciones y estaban seguros de que el Gobierno encontraría empleos para quienes quedaran excedentes.

 

"Nadie debería quedar sin trabajo porque aún queda mucho por hacer. En el campo, por ejemplo, necesitamos muchos trabajadores", dijo Lázaro, un funcionario del ministerio.

 

El Gobierno ha prometido ofrecer a los desocupados nuevos empleos en otras áreas pero todavía no está claro cómo se desarrollarán los despidos masivos. El dolor quizás sea amortiguado porque, como dicen en Cuba, "ellos hacen como que nos pagan y nosotros hacemos como que trabajamos".

 

Mientras tanto otros han montado negocios rentables.

 

Una mujer que se identificó como Inisil y en cuyo jardín los clientes hacían fila para comprar ranas de yeso y piezas de fontanería, dijo que perdió su empleo estatal el año pasado.

 

"Gano 100 pesos al día, mucho mejor que antes", dijo Inisil. Al ritmo que van las cosas, gana los 20 dólares que el Estado le pagaba en una semana y saca suficiente para contratar un empleado, otra de las novedades del sistema.

 

(Traducido por Esteban Israel. Editado en español por Silene Ramírez)