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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Empleo a universitarios: basado en hechos reales*

 

El cuentapropismo brinda a los estudiantes atractivas propuestas en cuanto a la relación ganancias-horario de trabajo.

 

Revista Alma Máter, Universidad de La Habana

 

Vientos lejanos soplan nuevamente sobre Cuba. Casi olvidados, su fuerza parece haber desperezado al país, y a su gente, de la aparente inmovilidad en que se encontraban.

 

Los cambios económicos que enfrenta la sociedad cubana han de andar aparejados al desmontaje de obsoletas estructuras legales para crear otras acordes con el contexto actual. La opción del pluriempleo, vigente desde hace cuatro años, no escapa a estas contradicciones.

 

En 2009 entró en vigor el Decreto Ley 268 que esta­blece: «los trabajadores después de cumplir los deberes del cargo, ocupación o empleo que desempeñan, pueden concertar más de un contrato de trabajo y percibir los salarios que le corresponden por los resultados de la labor realizada».

 

Si en el contexto cubano resulta novedoso asimilar esta multiplicidad de escenarios laborales, el hecho de que en ellos también puedan insertarse legalmente los estudiantes mayores de 17 años es difícil de digerir para las mentes más ortodoxas.

 

Quizás por ello la vinculación laboral para los escolares sea subvalorada, pues muchos creen aún que los estudiantes deben permanecer enclaustrados tras los muros de la academia, ajenos al pulso cotidiano de la vida. Sin embargo, las mo­tivaciones y vivencias de algunos que buscan empleo se acercan a la ficción más alucinante a pesar de que los relatos que mostramos a continuación se basan en la más fiel de las realidades.

 

FRAGMENTOS DEL CASTING: BUSCANDO PERSONAJES

 

«Cuando le comenté a mi papá que había conseguido trabajo como dependiente en una paladar se horrorizó. Tenía miedo de que mi rendimiento bajara, que ya no pudiera asistir a las clases de inglés y francés, y ya no tuviera tiempo ni para di­vertirme. Tal vez pensó que le cambiarían a su hija por otra. Continué mis estudios y no me arrepiento en lo absoluto de la decisión que tomé hace un año y medio. No depender económicamente de mis padres me ha hecho una mujer más fuerte», cuenta Anabel.

 

Por su parte Yosdán, graduado de Física en la Universidad de La Habana relata: «Yo trabajo por el “extra” casi desde que entré a la Universidad, en primer año no pude hacer mucho, pero en segundo ya… ¡Es que he trabajado en tantas cosas! Junto a mis amigos, empezamos un negocio de pintar casas los fines de semana, después me dediqué a vender ropa, también di clases particulares y he sido promotor en Fiesta Habana».

 

Estas historias pueden repetirse en otras universidades del país. No son pocos los jóvenes motivados a buscar empleo, en la mayoría de los casos por razones económicas.

 

Jazmín, de 4to año de Ingeniería Industrial, comenzó a trabajar en una cafetería sin importar el extenso horario de trabajo, que debía combinar con los estudios. «Mi computadora se averió y no quise responsabilizar a mis padres con los gastos, encontré un anuncio de trabajo en el sitio web Revolico y, a pesar de que era como cajera y yo no poseía experiencia, el hecho de ser universitaria me aportó puntos de confiabilidad».

 

Un móvil semejante llevó a Gustavo, estudiante de Comunicación Social, a trabajar como pizzero en el restaurante Bonne Apetit: «Me decidí para ayudar en la casa porque a fines de mes mi papá y yo nos veíamos apretados».

 

Llama la atención cómo algunos estudiantes no solo buscan trabajo por razones monetarias, sino también espirituales y de superación profesional. Tal es el caso de Alejandro Menéndez, quien estudia Dirección de Fotografía en la Facultad de Medios Audiovisuales del ISA (FAMCA) y en cuatro años de carrera ha integrado los staff de realización de video-clips y largometrajes, además de ser asiduo colaborador del sitio web inglés Cuba Absolutely.

 

A pesar de que muchos entrevistados se refirieron a los beneficios de poseer un trabajo, lo siguen considerando un reto. Luis Manuel, estudiante de 3er año de Cibernética, se dedica a vender paquetes con materiales audiovisuales (series, novelas, películas, etc.) y cree que lo más difícil es mantener un buen rendimiento académico. «No puedo dedicarle el mismo tiempo al estudio que en los primeros años. He tenido que renunciar a ser un estudiante de calificaciones de 5, incluso a presentar trabajos en jornadas científicas y a dedicarme a la investigación, que tanto me interesa».

 

Aun cuando la mayoría del estudiantado se involucra en actividades relacionadas con el sector gastronómico, Geysi y Rachel, también estudiantes de Periodismo, se decidieron por la esfera educativa, prestando sus conocimientos como profesoras de preuniversitario.

 

«Trabajé como profesora de Historia Contemporánea y de América en el IPU José Miguel Pérez, de Plaza. Tenía cuatro grupos de más de 30 estudiantes cada uno, con frecuencias de tres y hasta cinco turnos de clases en un día; era extenuante, pero puse mucha voluntad para que los alumnos aprendieran y al final creo que el saldo fue positivo. Me fui porque no tenían en cuenta que era estudiante universitaria y sobre todo la encargada de Recursos Humanos pretendía que estuviera ocho horas como el resto de los trabajadores», manifestó Geysi.

 

«A pesar de la carencia de profesores en los pre no se otorgan flexibilidades para que los estudiantes de la universidad ocupen las vacantes. En el caso del centro donde imparto clases, Tomás David Royo, muchos maestros son estudiantes y no tienen en cuenta esa condición. He tenido que estar los sábados hasta tardísimo e incluso ahora, que finalizaron las clases, debo estar allí aunque sea sin hacer nada», agregó Rachel.

 

El caso de Geysi y Rachel resalta, además, por su vínculo con una entidad estatal, mientras que por lo general sus semejantes privilegian la variante cuentapropista, ampliada a partir de 2011 en el país.

 

POR SU PROPIA CUENTA

 

Los tiempos son nuevos, dicen, y con ellos, nuevas las posibilidades de solventar viejas deudas. Un alquiler cerca de la Universidad, comprar la computadora, tener un guardarropa «a la moda», los gastos de una nueva familia o la cámara que te hará «pro» algún día… integran la lista de razones por las cuales jóvenes universitarios prefieren dedicar su tiempo libre, talento y fuerzas a la búsqueda de una independencia que solo el trabajo puede conceder.

 

El auge del cuentapropismo como modalidad económica reconocida y fomentada desde el 2011 brinda a los estudiantes atractivas ofertas en cuanto a la relación ganancias-horario de trabajo, y permite a muchos satisfacer sus necesidades materiales sin abandonar su formación profesional.

 

«Con el estipendio evidentemente no te alcanza ni para comprarte algunos libros u otras cosas que ayudarían mucho con la escuela», dice Jazmín.

 

Alejandro confiesa: «Incluso desde antes de entrar a la escuela ya estaba trabajando, a lo mejor no en algo vinculado directamente a los medios que es lo que me ha traído la facultad, pero sí en otros trabajos. ¿Por qué? Por lo obvio, por una necesidad real de tener un nivel económico, además en mi caso, porque hace cinco años he estado conviviendo con mi pareja, lo que supone gastos inevitables».

 

El mismo deseo de independencia llevó a Luis a buscar otras brechas. Tras descartar la opción de vincularse a algún centro laboral, decidió montar su propio negocio. «Estoy estudiando en la universidad, así que no cuento con un tiempo libre estable —relata—, los horarios de la institución son muy variables por lo tanto no puedo trabajar una jornada de ocho horas, donde haya que estar cumpliendo con una asistencia; además de eso los salarios por el Estado son muy bajos: 400 pesos a un trabajador altamente calificado».

 

De los más de 400 mil cubanos registrados como trabajadores por cuenta propia en las 181 actividades autorizadas, solo 935 se han declarado estudiantes, de acuerdo con estadísticas del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social. Sin embargo, estos datos resultan insuficientes a la hora de determinar el número real de universitarios que han escogido la opción del cuentapropismo como medio de manutención; no solo porque la inscripción en esta modalidad económica no requiere la constancia del centro de estudio en caso de pertenecer a alguno, sino porque en muchas ocasiones tal inscripción ni siquiera se realiza.

 

Jorge Rodríguez -director del Departamento de Cuentapropia de la Dirección Municipal del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, en Plaza de la Revolución- revela que durante las visitas metodológicas realizadas a los negocios es común encontrar jóvenes trabajadores sin estatus legal, principalmente en los establecimientos gastronómicos. «De existir irregularidades otorgamos un plazo de cinco días hábiles para enmendarlas, pues no somos un organismo impositor. Nuestro propósito es dar empleos, no quitarlos», enfatizó.

 

Por su parte, el responsable de la Dirección Integral de Supervisión y Control, de Plaza de la Revolución, Marlon Moreno, explica que los inspectores de su unidad llegan a esos locales luego de la previa verificación realizada por Trabajo municipal. «En caso de encontrar algún trabajador ilegal aplicamos una cuota que va desde los 400 hasta los mil 200 pesos de multa por burlar el fisco. Cuando reinciden, ocupamos la licencia del titular y proponemos a Trabajo la suspensión o retiro durante un período de dos, tres o cinco años», señala.

 

Entre las justificaciones más comunes brindadas por algunos dueños de establecimientos respecto a la «falta de papeles» de sus empleados resalta la necesidad de someterlos a un «tiempo de prueba», con toda la relatividad que este último término puede abarcar.

 

Cuando Gustavo comenzó a trabajar le precisaron que ese tiempo sería sin cobro. «¿Hasta cuándo? Nunca se definió… Al cabo de las dos semanas les dije que ya estaba listo para ocupar la plaza fija pero respondieron que aún me faltaba un poquito porque, imagínate, «las pizzas no podían perder calidad por un principiante». Al final, fue casi un mes de 12 de la noche a 5 de la mañana. ¡Todo esto sin ganar nada! Al terminar, seguía para la universidad. Uno de los pizzeros se lesionó un brazo y no tuvieron más remedio que aceptarme como trabajador fijo, pero solo duré dos semanas, en las que laboraba en el otro turno, de 7 de la mañana a 12 de la noche. Trabajé duro», así narra Gustavo su vivencia en el restaurante Bonne Apetit.

 

Aunque no todas las experiencias rozan el paroxismo como este caso, si de trabajar y estudiar se trata, el sacrificio es una constante. «La cafetería en que trabajé fun­cionaba desde las 9 de la mañana hasta las 11 de la noche y yo tenía que entrar a las 8 y media para hacer el conteo de todo. En ese tiempo estábamos sin clases por las pruebas y podía “jugar” más o menos con eso. Aquello me deterioró mucho porque era en Playa y yo estoy becada en el Vedado, terminábamos generalmente a las 12 y pico y a esa hora buscar transporte para regresar», comenta otra estudiante.

 

A pesar del estrés y el cansancio, aumenta entre los estudiantes lapopularidad de este sector relativamente nuevo y aún desprovisto de un respaldo legal e institucional que garantice el eficaz cumplimiento de los derechos laborales. La puesta en vigor de un nuevo Código de Trabajo (el actual data de 1984) se enfrenta al desafío de normar relaciones hasta ahora informales y espontáneas. También debe contemplar, sin esquematismos, la cada vez más heterogénea lista de actores económicos dentro de la sociedad cubana, en la que se incluyen los estudiantes universitarios con un potencial laboral nada desdeñable.

 

DISEÑANDO LA PRODUCCIÓN

 

Es cierto que el pluriempleo se presenta como una oferta seductora para los jóvenes pero la decisión de ganar dinero no justifica que se alejen de su rol principal. Las demandas de los universitarios para flexibilizar esta clase de vínculos tendrán aceptación en la misma medida en que los estudiantes sean capaces de ajustarse a las disposiciones establecidas por la academia.

 

«El asunto del pluriempleo subyace detrás de las reclamaciones de asistencia libre que hacen los estudiantes, mas tenemos que enfocar la mirada en el principal deber: estudiar. Para que se puedan dedicar a esta actividad, el Estado les ofrece un conjunto de garantías y facilidades. Existe un reglamento y está vigente», plantea Norma Barrios, vicerrectora docente de la UH.

 

«Muchos no entienden que prioricemos un trabajo, ya sea por remuneración o por aprendizaje… les cuesta trabajo entender», dice Alejandro. «En cuanto a la experiencia en mi campo de estudio en segundo año me vinculé al largometraje, Melaza, de Carlos Lechuga, como Foto Fija alrededor de dos meses. Yo entiendo que para una facultad sea un asunto complejo, pero debería haber manera de que unestudiante tenga la posibilidad de colaborar en una película y que eso cuente para su aval, o valga para sus notas en algún momento».

 

«En otra ocasión tuve la oportunidad de participar con el director Ernesto Daranas en el largometraje Conducta, junto a otros seis colegas. Una experiencia muy rica, cinco años de escuela no pagan lo que aprendí en ese rodaje», argumentó.

 

No obstante, los límites deben permanecer claros, y por causa de aquellos que los olvidan quizás Barrios recalcó: «la premisa fundamental del curso regular diurno es organizar un programa científica y metodológicamente pensado, para exigir al estudiante la dedicación exclusiva al estudio, esa es la clave».

 

Como toda regla tiene su excep­ción, en el caso de las carreras con un marcado perfil productivo sería conveniente articular estructuras que conciban de manera más consciente el vínculo estudio-trabajo.

 

Para algunos como José Rojas, recién graduado del ISDi, en la etapa estudiantil no solo sobra el tiempo, también las necesidades. «Aunque esperaba que entendieran, tuve problemas en la facultad con asignaturas a las que no asistía. Nunca menosprecié ninguna. En el ISDi estuvieron a punto de expulsarme. Pero cuando algunos profesores se enteraron de que empleaba mi tiempo en la realización de video clips, el trato conmigo cambió positivamente».

 

En la conversación con Antonio Berazaín, vicerrector del Instituto Superior de Diseño (ISDi) compartimos la idea de que una manera de generar valores en la juventud es a través del trabajo. No se trata de que las facultades disminuyan su rigor docente, sino de buscar un balance entre la academia y las ocupaciones laborales,que una actividad sea complemento de la otra.

 

EN CASA DEL HERRERO…

 

El cuchillo seguirá siendo de palo en la universidad cubana actual en tanto no se apropie de un llamado para el que también fue concebida: propiciar la vinculación estudio-trabajo. Cada septiembre no solo deberían abrirse las puertas de las aulas, sino también las de otros espacios que clasifiquen como opción laboral dentro del propio centro para el alumnado. La experiencia demuestra que hay muchas cerradas aún.

 

Norma Barrios, explicó finalmente a Alma Mater algunas dificultades en la propia institución: «Para aprovechar esa fuerza de trabajo calificada, que transita por nuestros pasillos a diario carecemos de un mecanismo sólido. Sería muy bueno que un ciber­nético actualizara nuestra página web y un equipo de comunicación diseñara una campaña contra el fraude, ¡hasta explotarían variantes afines a su perfil profesional!, pero aún no estamos listos. Nos consume la rutina y terminamos sin crear los puentes debidos entre los estudiantes y nosotros».

 

La experiencia de Alejandro, reafirma este mismo espíritu: «La mayoría de los profesores suelen estar de acuerdo, pero te das cuenta de que hay un punto donde el engranaje no existe, todos creen que así debe ser y en concreto… nada». Si se conocen los beneficios y también hay una voluntad institucional para viabilizarlo… ¿por qué las trabas? Quizás el verdadero problema se esconde más allá: en la mente del herrero.

 

La marca paternalista de generaciones antecesoras no debe atacar las variantes que muestren demasiada independencia. Es común encontrar en universidades extranjeras proyectos que les permitan autofinanciarse, al menos en gran medida, y en los cuales estén vinculados estudiantes. Desde la Isla, continuamos mirando con recelo la alternativa mientras se privilegian «los asuntos de graduados» ya que las variantes de ingreso por concepto de tesis y doctorado prevalecen.

 

La demanda de la necesidad de cambio estuvo entre las propuestas del reciente congreso de la FEU, donde se debatió la posibilidad de que fuera retribuido el equivalente en términos económicos al aporte ofrecido por los educandos durante el período de prácticas preprofesionales. El ingreso por este concepto, ya sea a título personal o institucional, siempre sería un punto en contra del cuchillo de palo.

 

Algunas causas de estas actitudes se pueden encontrar en las siguientes palabras de Barrios: «Hay empresas que se ahorran la contratación de una fuerza de trabajo para hacer una determinada actividad cuando usan a nuestros estudiantes y perfectamente podrían pagar por ese servicio».

 

El nuevo escenario nacional favorece la promoción de iniciativas para dinamitar viejas estructuras e idear fórmulas que aprovechen el potencial intelectual y científico en función de solucionar problemas sociales y del mundo universitario.

 

*Trabajo realizado por un equipo de estudiantes de Periodismo que realizó sus prácticas en Alma Mater: Lauren Arcís, Odett Domínguez, Brenda Ferrer, Yoban Pelayo y Manuel Alejandro Valdés.