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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Embajada americana en Macondo

 

Será en La Habana, pero como en el mítico poblado del realismo mágico

 

Eugenio Yáñez, en Cubaencuentro

 

El 14 de agosto, cuando el Secretario de Estado de EEUU ice la bandera, se reinaugurará, tras lapso de cincuenta y cuatro años, la Embajada de Estados Unidos en La Habana.

 

Para algunos será el comienzo de los tiempos y futuros, y el fin de las desgracias y frustraciones. Para otros, día luctuoso o el Diablo entre nosotros. Para otros más, algo que a fin de cuentas no resultará ni tan bueno ni tan malo, sino todo lo contrario.

 

Se hará en el mismo edificio donde funcionó la misión diplomática hasta 1961, cuando quedó custodiado por la Embajada de Suiza en La Habana. Aunque algunos no lo sepan, en un arrebato “revolucionario” de Quien Tú Sabes en los años sesenta se decretó la nacionalización del edificio, aunque nunca se materializó tal disparate. El “instrumento legal” nacionalizando la edificación es probable que durante mucho tiempo haya estado acumulando polvo entre papeles inútiles con decisiones absurdas como esa, que algún día formarán parte de la historia de la estulticia cubana, aunque de momento el historiador de facto del régimen se haya cuidado demasiado de mencionar ese incidente dentro de su copiosa verborrea tergiversando la historia nacional y alabando, como siempre, a la tiranía y los tiranos.

 

Fantoches del ALBA, encabezados por Evo Morales, acudirían a La Habana el día anterior a celebrar el cumpleaños del tirano mayor, noticia que publicará la prensa oficial del régimen al día siguiente, con la secreta intención de convertir el cónclave en Punto Cero en acontecimiento de la semana, para restar relevancia y trascendencia a la reapertura de la Embajada. Inútil esfuerzo, porque esa reapertura no será la noticia de la semana, ni del mes, sino por lo menos la del año, y será reproducida, transmitida y comentada en todos los órganos de prensa del mundo y en todos los idiomas durante muchos días, mientras el interés por el anodino guateque del tirano en retiro durará lo que el clásico merengue en la puerta de una escuela.

 

Tampoco faltarán exhibiciones con motivo del acontecimiento. De entrada, ya diversos opositores protestaron el pasado fin de semana en La Habana, con máscaras de Barack Obama, y rechazando la apertura de la Embajada. Naturalmente, están en todo su derecho si eso es lo que opinan. Sin embargo, tal vez sería buena idea que se preguntaran que si proclaman enemigo al presidente de EEUU, ¿quiénes serían los amigos de los opositores cubanos? Como de seguro no serán ni la Unión Europea ni los gobiernos de los “países hermanos” de América Latina y el Caribe, pueden experimentar un problema muy serio cuando comprueben que no tienen aliados, ni puertos seguros donde recalar cuando la tormenta arrecie, algo que en Cuba sucede demasiado a menudo para no tenerlo en cuenta. Por otra parte, parece surrealista -ay, Macondo- que opositores rechacen la Embajada de EEUU en La Habana mientras el régimen le da la bienvenida.

 

Ya se vislumbra una crisis existencial en el evento en La Habana: el otorgamiento de credenciales a la prensa para cubrir la actividad corre a cargo del Centro Internacional de Prensa del Ministerio de Relaciones Exteriores del régimen, en coordinación con la Embajada americana en La Habana, lo que garantiza que en la ceremonia no habrá presencia de periodistas independientes. La cobertura la hará la prensa del régimen y las agencias y medios de prensa americanos o de otros países que reciban permiso, sean corresponsalías acreditadas en la isla o periodistas que acudirían especialmente para este evento.

 

De igual manera, el gobierno de EEUU invitaría a La Habana, siempre que el régimen otorgara su beneplácito, a cubanos residentes en Estados Unidos que, a juicio de Washington, hayan podido tener o tendrían alguna participación significativa en el acercamiento entre ambos gobiernos, lo que casi garantiza que los invitados a la ceremonia en La Habana no serían del agrado de la Calle Ocho. Según el Encargado de Negocios de la embajada en La Habana, “…las listas de invitados todavía están conformándose, pero prevemos que [Kerry] verá una amplia variedad de cubanos a lo largo del día”. Lo cual significa cualquier cosa y no dice nada, para no comprometerse.

 

EEUU pretende que la ceremonia de reinauguración en La Habana se conduzca por cauces diplomáticos tradicionales y sin crear innecesarias tensiones con el régimen. Apuesta mucho más a garantizar su presencia en La Habana a largo plazo que a contentar a opositores y disidentes, que no serán invitados a la ceremonia, porque a Washington le preocupa que en caso de aparecer opositores los funcionarios del régimen se retirarían del evento. Es decir, el chantaje castrista sigue funcionando.

 

John Kerry se reuniría con opositores en la residencia del Encargado de Negocios de la embajada americana, en una actividad de bajo perfil. Una hojita de parra. ¿A quiénes invitar y a quiénes no? ¿A partir de qué criterios? Preguntas que tienen muchas respuestas y que no lograrán un consenso elemental tan pronto comiencen a surgir infinidad de opciones y variantes que inevitablemente aparecerán. Y se trata de opositores que no logran unirse ni definir propuestas realistas para abordar las nuevas realidades, más allá de recibir golpizas, diseñar campañas que no logran demasiado, y ser más conocidos en Miami que en la isla.

 

Aparentemente, muchos opositores en Cuba todavía no están listos para las nuevas realidades. Parece que tampoco muchos exiliados en Miami están preparados para todo lo que viene y que les caerá muy mal. Como mismo sucede a los congresistas cubano-americanos por Florida. Y el gobierno cubano, aunque derroche guapería de barrio y aparente solidez en sus declaraciones, tampoco se siente absolutamente seguro con lo que comienza este 14 de agosto en La Habana.

 

Como si el único que supiera lo que pretende fuera el gobierno de Estados Unidos. Quién sabe. Sin embargo, la jugada americana de la reapertura de las embajadas, y el inevitable cese del embargo al régimen más tarde o más temprano -depende del Congreso, no de la administración- podría ser la mayor amenaza estratégica que se haya cernido sobre la dictadura cubana desde la Crisis de Octubre de 1962, hace ya 53 años.

 

Si fuera así, se entenderían muchas cosas. De lo contrario, cualquier cosa podría suceder en Macondo. O en Cuba, que es lo mismo.

 

Que el malvado imperialismo se convierta en “vecino del Norte”. Que un aguacero dure cuatro años, once meses y veintinueve días. O que Remedios la bella suba a los cielos “a través del aire donde terminaban las cuatro de la tarde”.