Cubanálisis El Think-Tank

REPRODUCCIÓN DE UN ARTÍCULO SOBRE CUBA

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

El sueño frustrado de Fidel y el Ché

 

Un plan terrorista fraguado por Fidel Castro y Ché Guevara que hubiera destruido gran parte de Nueva York.

 

Rolando Cartaya, especial para martinoticias.com 

 

En estos días cuando volvemos a evocar las dramáticas imágenes del 9/11, un escritor y académico cubanoamericano nos recuerda que esos atentados promovidos por el ya finado jefe de Al-Qaida, Osama bin Laden, podrían ser hoy los segundos más mortíferos que se hayan perpetrado en suelo estadounidense. si el complot organizado a fines de 1962 por Fidel Castro y Ché Guevara no hubiera sido descubierto y frustrado por el Buró Federal de Investigaciones de los Estados Unidos, el FBI.

 

En su artículo "Castro and Che's foiled (and forgotten) 9 /11" [El frustrado (y olvidado) 9 /11 de Castro y el Che], publicado en Townhall.com, Humberto Fontova nos recuerda la guerra total" contra los Estados Unidos que concebía el Ché Guevara contra Estados Unidos. Cita su mensaje a la Conferencia Tricontinental en 1966, donde Guevara preconizaba "llevar la guerra hasta donde el enemigo la lleve: a su casa, a sus lugares de diversión (…) hacerlo sentir una fiera acosada por cada lugar que transite".

 

Dice el autor que, afortunadamente, el 17 de noviembre de 1962, el Buró Federal de Investigaciones, FBI, encabezado por J. Edgar Hoover, frustró la "guerra" que Castro y el Ché habían planeado librar contra los norteamericanos comunes, justamente en algunos de sus "lugares de diversión" favoritos.

 

Citando al historiador William Breuer, recuerda que en la mañana del sábado 17 de noviembre de 1962, el cuartel general del FBI en Washington DC reunía "todas las características de un puesto de mando militar.

 

La noche antes, habían resuelto por fin un rompecabezas de inteligencia. Y la imagen resultante había estremecido a los hombres del FBI. Tenían apenas unos días para frustrar un crimen contra su país comparable a los cometidos por el Japón militarista.

 

Los agentes y sus oficiales estaban demacrados, con los ojos enrojecidos, y sumamente tensos. Habían contemplado impacientes, como halcones desde su percha el desarrollo del complot. Pero se acercaba la hora de lanzarse contra los agentes de Fidel y el Che, empeñados en una conspiración terrorista que -dice el escritor-- "habría hecho babearse de gusto a bin Laden".

 

Alan Belmont el segundo de J Edgar Hoover, y Raymond Wannall, director de la División de Inteligencia, estaban aquella crispada mañana en la oficina del primero, sacando chispas a las líneas telefónicas. En un teléfono tenían al Agente Especial John Malone, director de la oficina local del Buró en Nueva York. A través de otros, se comunicaban con vehículos cargados de agentes del FBI que se desplazaban por Manhattan. Estos mantenían una vigilancia discreta, pero constante, sobre los cabecillas del plan terrorista fraguado en Cuba.

 

La semana siguiente, los agentes de Castro tenían la misión de plantar una docena de artefactos incendiarios y 500 kilos de TNT en las tiendas Macy's, Gimbels y Bloomingdales, y en la Estación Central de Ferrocarriles de Manhattan. Otras fuentes, como el historiador cubanoamericano Servando González, ("The Nuclear Deception: Khruschev and the Cuban Missile Crisis") agregan que el plan incluía también la Estatua de la Libertad, la terminal de ómnibus de la calle 42 y refinerías en la ribera oeste del Hudson, en Nueva Jersey. El proyecto terrorista estaría listo para el día siguiente al de Acción de Gracias.

 

Para ponerlo en perspectiva, señala Fontova que en las 10 explosiones que mataron o mutilaron en marzo del 2004 en el metro de Madrid a casi 2.000 personas, la red Al-Qaida utilizó el equivalente a100 kilos de TNT. Los agentes de Castro planeaban liberar cinco veces esa potencia explosiva en las tres mayores tiendas por departamentos del mundo; todas, abarrotadas de gente hasta la asfixia, y palpitantes de alegría navideña, en el día en que se registran las ventas más grandes de todo el año [el llamado "viernes negro"]. Solamente Macy's recibe ese día a unos 50.000 compradores.

 

Agrega el autor que miles de neoyorquinos, incluidos mujeres y niños iban a ser incinerados y sepultados y que probablemente -considerando la fecha y los objetivos escogidos-- la mayoría habrían sido mujeres y niños.

 

Pero por esa época -observa-- el FBI dependía mayormente de inteligencia humana, lo cual les permitió infiltrar hábilmente el complot.

 

Uno por uno fueron emboscados los cabecillas. El primero y más importante se llamaba Roberto Santiesteban Casanova. Según González, Santiesteban llegó a Nueva York el 3 de octubre, como attaché de la misión cubana ante la ONU, pero en realidad era un experto en explosivos.

 

Santiesteban fue capturado mientras caminaba por Riverside Drive. Al ver que los agentes se le aproximaban, echó a correr, y mientras corría, se metía papeles en la boca y los masticaba. Pero tras él iban seis ligeros agentes del FBI que finalmente cerraron el cerco y "triangularon" al sospechoso, el cual cayó al suelo, furioso y maldiciendo, agitando los brazos y tirando codazos como un loco. Justo cuando iba a sacar su pistola, los agentes consiguieron agarrarlo por un brazo y se lo torcieron a la espalda.

 

Mientras, otro equipo del FBI tenía la tarea de detener a una pareja, los dos también "attachés" de la misión de Cuba en la ONU. José y Elsa Gómez-Abad fueron arrestados al salir de su apartamento en la calle 71 Oeste. No ofrecieron resistencia.

 

González menciona también a un inmigrante cubano, José García Orellana, el administrador de la joyería de Manhattan donde se guardaron los explosivos.

 

Como Santiesteban y los Gómez pertenecían a la misión cubana, apelaron a su "inmunidad diplomática". Otros complotados -dice Fontova-eran miembros del capítulo neoyorquino del Comité "Fair Game for Cuba" [Juego Limpio para Cuba], un nombre que dice saltó a la notoriedad la misma semana, pero del año siguiente [cuando al presunto asesino del presidente John F. Kennedy, Lee Harvey Oswald, se le ocuparon folletos de la organización, con anotaciones manuscritas].

Por su parte Servando González considera que la ambiciosa conspiración fue un intento frustrado de Fidel Castro para crear una provocación que iniciara la confrontación que él anhelaba entre las dos superpotencias. Una, como es obvio, de incalculables consecuencias.