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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

El sueño de Chávez y la pesadilla de Maduro

 

Alejandro Armengol, Cuaderno de Cuba

 

La situación política latinoamericana es una mezcla de viejos y nuevos esquemas. Gracias a la riqueza petrolera, el fallecido gobernante venezolano Hugo Chávez trató de extender por toda la región una vuelta al pasado: la fórmula agotada del Estado paternalista -ineficiente y corrupto- como la solución perfecta de los problemas ciudadanos. Al final, sus  aspiraciones de convertirse en un líder regional, que transformara la región se quedaron a medias, y en muchos casos no pasaron de ser un sueño, alimentado por los petrodólares pero incapaz de establecer cambios permanentes.

 

Que todavía en Latinoamérica se escuchen y practiquen fórmulas que han demostrado su ineficiencia durante casi cien años obedece a diversos factores, pero en los últimos años  el “culpable” fundamental fue el petróleo venezolano, que permitió a Chávez repartir dinero a cambio de una fidelidad política momentánea.

 

Con Caracas convertida en la capital mundial del crimen y el delito, los venezolanos no han visto avanzar su país en el camino del desarrollo, más bien han asistido a 14 años de gobierno en que la situación nacional se caracterizó por la confrontación política, la inestabilidad social y financiera y los desatinos presidenciales. Solo gracias a una fuente de riqueza constante, que actuaba de escudo frente a una gestión económica caracterizada por la ineficiencia y el despilfarro, pudo mantener ese statu quo en que el socialismo se promete, el capitalismo se practica y la miseria se tolera.

 

En el campo internacional, no es poco el dinero que Chávez invirtió en Latinoamérica, para lograr aumentar su influencia en la región. Ya antes de su muerte, durante los dos últimos años que duró su enfermedad, ese “ideal bolivariano” comenzó a dar muestras evidentes de que cada vez más se alejaba de la posibilidad de concretarse. Aunque su padecimiento influyó en ello, no fue la causa fundamental. Más bien una serie de factores nacionales e internacionales se fueron añadiendo a la impericia, torpeza y corrupción -tanto de su parte como de la de sus aliados en la región- que ha terminado por fragmentar una ilusión que nunca llegó a concretarse en un modelo de desarrollo.

 

Chávez se convirtió en lo contrario: una fuerza circunstancial que frenó el desarrollo económico y político. Más que hablar de una manera simplista de un enfrentamiento generalizado entre la derecha y la izquierda, en América Latina pueden señalarse al menos tres tendencias, las cuales representan tres estrategias diferentes a la hora de enfrentar los problemas económicos y sociales.

 

Una es la fórmula neoliberal clásica, que propone el libre comercio, la reducción de impuestos y la inversión extranjera, donde la creación de riquezas es la principal vía -o la única según sus partidarios más fervorosos- que conduce al bienestar.

 

Otra es la izquierda democrática, que combina los acuerdos internacionales y las inversiones con una política de justicia social, la cual busca una combinación que sabe imperfecta, pero al mismo tiempo entiende que puede mejorarse, entre el capital nacional y extranjero y los derechos laborales y ciudadanos.

 

La tercera es la izquierda autoritaria y populista, que aún hoy apuesta por el control estatal férreo, las nacionalizaciones y es enemiga más o menos declarada de las inversiones foráneas, cuyos seguidores fundamentan su discurso en la pobreza y la injusticia social, pero los cuales terminan casi siempre por mostrar una peligrosa vocación favorable al establecimiento de un régimen totalitario.

 

El populismo -un mal latinoamericano casi endémico- se pasea de derecha a izquierda, lo que impide adjudicarlo simplemente a un polo político. El aporte de Chávez a este cuadro político complejo fue la posibilidad de tratar de difundir un esquema que parecía agotado -la revolución social al estilo cubano- no mediante la violencia guerrillera, sino empleando la otra arma tradicional y necesaria para hacer la guerra: el dinero. El poder de los petrodólares convertido en un recurso antiimperialista.

 

Más allá de sacar provecho a los elevados precios del petróleo, el gobierno de Hugo Chávez siempre careció de una estrategia económica viable para la región. ¿Qué ofrece el ALBA? Declaraciones, reuniones y algunos proyectos de alcance limitado.

 

Los sueños de dominación en la zona continúan produciendo monstruos. Nicolás Maduro ni siquiera llega a esa categoría. Se limitará a ser una pesadilla para los venezolanos.