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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

El “premio gordo”, el sueño para muchos cubanos

 

Iván García, Diario Las Américas

 

LA HABANA.- Llamémosle Alcides. Es alto y obeso. Tiene un negocio ilegal de fabricar jamones y chorizos caseros. Vende sus embutidos al por mayor a dueños de pequeñas tarimas particulares regadas por toda La Habana que ofertan ahumados, viandas y vegetales. En un día promedio gana entre 70 y 90 pesos convertibles (cuc).

 

Casi la mitad de sus ganancias la apuesta en la popular lotería clandestina, conocida en Cuba como la “bolita”. “Llevo dos meses detrás del 8. Cada día le pongo 30 cuc a ese número”, afirmó mientras se secaba el sudor con un gastado pañuelo.

 

Como Alcides, un gran número de personas en la isla están a la espera de un premio gordo. En su afán por lograrlo, lo mismo apuestan 10 pesos que 2.000 o 3.000. Incluso más. Hay quienes apuestan por necesidad, soñando con dar un “palo” en la “bolita”, que los ayude a solucionar sus penurias materiales. Otros son jugadores incorregibles.

 

“Existe toda clase de personajes en este negocio. Es el caso de un grupo de gerentes de cafeterías, tiendas y centros estatales de recreación, que una parte de la plata que se buscan se la juegan en la “bolita”. Gente que no se anda con chiquita. Apuestan fuerte. A mis ‘listeros’ [anotadores] les digo que a estos clientes especiales no les limiten ningún número. Tengo uno que apuesta hasta 100 dólares a un número, 40 a un ‘candado’ [varios dígitos] y 20 dólares a un ‘parlé’ [combinación de dos números]”, explicó Reinaldo, dueño de un banco habanero de lotería.

 

PROHIBIDA POR DECRETO

 

La “bolita” es el ejemplo perfecto de un entramado que funciona como un reloj suizo, a pesar de estar prohibido por decreto. A pocos meses de tomar el poder, Fidel Castro inició una batida contra el juego.

 

Los casinos se convirtieron en almacenes y milicianos furiosos con bates de béisbol destrozaron mesas de billar, ruletas y máquinas tragamonedas.

 

Todas las apuestas fueron prohibidas. Desde las peleas de gallos a la lotería. Fue entonces que en algunos barrios marginales de La Habana se inició la “bolita” de manera clandestina.

 

También comenzaron a expandirse pequeños casinos ilegales en casas particulares. Las batidas ocasionales de la Policía especializada contra los vicios no han logrado frenar los juegos de azar.

 

PENAS DE CÁRCEL

 

A pesar de que si te pillan al frente de un negocio de juego ilegal puedes ir tras las rejas hasta por 3 años, tipos como Marco creen que esas normas hace tiempo son letra muerta.

 

“Estuve preso en los años 70 y 80 por tener un banco de ‘bolita’. Pero ha llovido mucho. Enredadas con problemas mayores, las autoridades han desistido. No es raro que de vez en cuando deba repartir alguna comisión por debajo de la mesa a un oficial de la Policía. Ya no se considera un delito. Si te cogen jugando te pueden multar con 60 pesos (menos de dos dólares). Es lo más que te puede pasar. Aunque me preocupa que con esta nueva ofensiva contra las indisciplinas sociales promovidas por Raúl Castro, se inicien operativos de rigor contra los que manejan los hilos del juego prohibido”.

 

Algunos dueños de banco, “listeros” y colectores de lotería consultados por DIARIO LAS AMÉRICAS no creen que la campaña iniciada por el general vaya más allá de las palabras.

 

“La ‘bolita’ está enraizada entre los cubanos. Es difícil que en una localidad, independientemente de su poder adquisitivo, la gente no juegue. Es grande la aspiración a ganar una buena suma de dinero. En un barrio marginal como Mantilla o de clase media como Nuevo Vedado, la lotería funciona”, acotó Demetrio, un anotador de la ‘bolita’.

 

Según dueños de bancos de loterías, el negocio tiende a crecer. “En mi zona se realizan dos recogidas diarias. Si en 1995 mi banco recogía entre 10.000 y 15.000 pesos diarios, ahora doblo fácilmente esa cifra”, confesó.

 

Hace dos décadas, quienes apostaban tenían cierta cautela a la hora de jugar o conocer los dígitos premiados. Ya no. Pasada las 8 p.m. en una céntrica avenida, un custodio de una escuela, con tiza, pone en la pared de una parada de ómnibus los números que salieron.

 

SIGUEN LA LOTERÍA DE MIAMI

 

La “bolita” cubana es un clon de la lotería de Miami. Por radio o las clandestinas antenas por satélite se siguen los resultados. Para los pobres, ganar un “premio gordo” o un “parlé” es algo que puede estar a su alcance.

 

Hace unos días, un vecino de mi cuadra se ganó 79.000 pesos (3,100 dólares) y con ese dinero pudo comprar una cocina nueva y un televisor de pantalla plana. Yo rezo todas las noches a mis orishas [deidades afrocubanas], a ver si tengo igual suerte. Si gano un premio de 10.000 o 12.000 pesos (420 o 530 dólares), le puedo tirar las fotos de los 15 a mi hija y me quedaría para comprar carne de res y hasta un turrón español”, expresó Claudia, ama de casa.

 

Como casi siempre sucede en Cuba, el discurso oficial intentando controlar las ilegalidades va por un lado y la realidad por otra. Justo frente a una pancarta gigante con una cita de Fidel Castro sobre las cualidades que debe poseer un revolucionario, un listero de “bolita” hace su recogida todas las tardes.