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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

El ping pong político de Fidel Castro

 

Nicolás Pérez Díaz-Argüelles, El Nuevo Herald

 

Fidel Castro siempre ha alardeado de su amor por el deporte. Pero ese amor siempre ha sido brutal y fanático como todo lo suyo. Como cuando intentó matar con una pistola a Ramón Mestre Sr. por una discusión en un juego de pelota en el Colegio de Belén, como ha narrado a su manera la autora de Castro, el Príncipe de la Guerrilla, además de Carlos Franqui, Norberto Fuentes y José Pardo Llada. O como cuando ya siendo primer ministro, en partidos de baloncesto entre funcionarios del régimen, estos no se podían finalizar si su equipo no iba ganando. Porque Fidel lo que más odia en el mundo es perder. Y esto ha incidido gravemente en la política exterior del régimen de La Habana en el último medio siglo.

 

Ya anciano y enfermo le ha dado por el ping pong político. El representa siempre con su desaforado pensamiento mágico a los rojos de La Habana, frente a los azules del Almendares de Washington. Y ambos le dan muy duro a la pelota.

 

¿Quién es la pelota? Casi siempre el pueblo de Cuba, aunque unas veces se trata de entidades abstractas como el embargo o una votación en la ONU, y otras, seres humanos como Alan Gross.

 

Últimamente el juego se ha incrementado en embestidas y raquetazos frenéticos con el viaje del ex secretario de Energía Bill Richardson a La Habana para tratar de lograr la libertad de Gross intentando repetir éxitos anteriores como liberaciones de prisioneros en el Irak de Saddam Hussein o en la Corea del Norte de Kim Jong-Il.

 

Richardson fue a La Habana, según él, “a fortalecer relaciones comerciales y culturales con Cuba”. Esto no es verdad. Fue a negociar al contratista judío. E inesperadamente no se le recibió, y Josefina Vidal, jefa de Asuntos Norteamericanos del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, declaró que “nunca había estado en agenda” ni la libertad ni una entrevista de Richardson con el contratista, y acusó al ex gobernador de Nuevo México de chantajista y difamador por declarar que Gross era un rehén del gobierno de Cuba.

 

El ex gobernador de Nuevo México ha sido un embajador “oficioso” de Washington tanto para gobiernos republicanos como demócratas. Por lo que alguien que haya prestado una mínima atención a las relaciones La Habana-Washington y que tenga una idea de la sagacidad y experiencia de Richardson, no puede pensar ni remotamente que este iba a visitar La Habana sin promesas implícitas o explicitas sobre el éxito de su gestión y se hubiera arriesgado a regresar insultado, ridiculizado y con las manos vacías.

 

Entonces, ¿qué pasó? En mi criterio que contrariamente a lo que algunos expertos opinan sobre Cuba, Raúl es el mayoral, el administrador de la finca cubana, pero el dueño extraviado, disminuido y casi moribundo sigue siendo Fidel Castro.

 

Y para conocer el destino de Gross debemos remontarnos al discurso de Castro el 26 de julio del 2010 en la Universidad de La Habana, cuando dijo sobre los cinco espías, desconociendo que en Estados Unidos existe una separación entre el poder ejecutivo y el poder judicial: “Yo creo más que nunca que ha llegado la hora de que los suelten. Este fin de año podemos prepararnos ya… lo que haya… vamos a prepararnos para lo que haya… pero los liberarán mucho antes de fin de año, me responsabilizo con decirlo a sus familiares”.

 

¿Y qué pasó? Absolutamente nada. Me inclino a pensar que la CIA lo desinformó con nocturnidad, alevosía y escalamiento. ¿Y quién va a seguir pagando caro esta humillación al dictador? Alan Gross.

 

Y el ping pong prosigue, el presidente Barack Obama acaba de declarar algo que no se lo cree ni él mismo: “Ya ha llegado la hora de que algo suceda en Cuba. Estoy dispuesto a cambiar la política hacia La Habana, incluido el levantamiento del embargo, si se aprecian signos de evolución del régimen hacia la libertad y la democracia”. Pero no moverá un dedo; ya está en plena campaña electoral y no va a retar al lobby cubano, el más importante en Washington después del judío, ni tampoco olvida que en las elecciones del 2008 el sur de la Florida jugó un papel casi decisivo en los resultados.

 

A velocidad vertiginosa Castro tardó horas en responder a en el mismo ping pong a Obama. “El es un tonto”, dijo. Y es que a los Castro no les queda otra que morir en el poder con las botas puestas porque para ellos es de noche y el frío es ártico, no hay salida ni negociación posible. Y es que en la puerta de entrada de la política exterior castrista, como en el canto III del Infierno de Dante, hay una inscripción que dice Lasciate ogni speranza voi ch’entrate, que significa: “Los que entran aquí –como entraron Alan Gross y Bill Richardson– pierdan toda esperanza”.