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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

El Partido de Martí y el Partido Comunista

 

Dimas Castellanos, El Blog de Dimas

 

El 10 de abril de 1892, hace exactamente 124 años, José Martí el pensador político cubano de mayor estatura, fundó el Partido Revolucionario Cubano (PRC) con el objetivo de conducir el proceso de independencia iniciado en 1868 hasta la fundación de la República.

 

Basado en un análisis presentado en 1880 acerca de los errores cometidos en la guerra de los Diez Años y basado en la experiencia de los partidos en España y en América, Martí arribó a la conclusión de institucionalizar la guerra a través de un partido político para arribar a la República. Es decir el partido y la guerra como necesidad táctica de una estrategia mayor. Doce años después, resultado de su labor teórica y su práctica, nació el PRC.

 

En el acto fundacional Martí explicó que el PRC se creaba: de modo que en la conquista de la independencia de hoy vayan los gérmenes de la independencia definitiva de mañana1.

 

En el Manifiesto de Montecristi subrayó que la guerra no es el insano triunfo de un partido cubano sobre otro, o la humillación siquiera de un grupo equivocado de cubanos; sino la demostración solemne de la voluntad de un país harto probado en la guerra anterior para lanzarse a la ligera en un conflicto sólo terminable por la victoria o el sepulcro1.

 

El 1 de abril de 1893, en Nueva York, expresó: “La grandeza es esa del Partido Revolucionario: que para fundar una república, ha empezado con la república. Su fuerza es esa: que en la obra de todos, da derecho a todos. Es una idea lo que hay que llevar a Cuba: no una persona…” 1.

 

En las Bases del PRC lo definió de la siguiente forma: “no se propone perpetuar en la República Cubana, con formas nuevas o alteraciones más aparentes que esenciales, el espíritu autoritario y la composición burocrática de la colonia, sino fundar en el ejercicio franco y cordial de las capacidades legítimas del hombre, un pueblo nuevo y de sincera democracia, capaz de vencer, por el orden del trabajo real y el equilibrio de las fuerzas sociales, los peligros de la libertad repentina en una sociedad compuesta para la esclavitud” 2.

 

Esas cuatro citas son suficientes para desmontar el intento de legitimar la existencia de un solo partido con los criterios martianos. El mensaje contenido en ellas demuestra que en la concepción martiana la función del PRC consistía en dirigir la guerra de la que nacería la República; en que dicha guerra no consistía en el triunfo de un partido cubano sobre otro y que no trabajaría por el predominio actual o venidero de clase alguna; en que su fuerza radicaba en la obra de todos, que da derecho a todos; y en que un pueblo no es la voluntad de un hombre solo, sino de muchas voluntades.

 

Esas Razones son suficientes, totalmente ajenas y diametralmente opuestas al actual unipartidismo, que para su justificación se afirma que los fracasos revolucionarios estuvieron en la falta de unidad y que su ausencia sería aprovechada por el imperialismo para desmembrar la nación. Argumento tan débil que podría responderse con este otro más sencillo: los fracasos en más de 55 años han estado acompañado de la existencia de un solo partido.

 

Incluso, aceptando la absurda tesis de que Martí preveía después del triunfo convertir al PRC en el único partido permitido, habría que aceptar la tesis contraria de que por su profundo pensamiento democrático, él preveía la coexistencia del PRC con otros partido políticos. Esto último se podría argumentar con el hecho que ninguno de los delegados a las asambleas constituyentes de Jimaguayú (1895) y de la Yaya (1897), entre los cuales había seguidores de sus ideas como Fermín Valdés Domínguez y Enrique Loynaz del Castillo, ninguno de ellos propuso incluir algún artículo de esa índole.

 

Y es que la naturaleza excluyente del monopartidismo es tan radical y reaccionaria que su implantación comienza por la destrucción de los partidos existentes.

 

Los partidos, como indica la etimología de la palabra, son parte de un todo, que por su naturaleza diversa y plural consta de otras partes donde cada una representa intereses o tendencias de un sector de la sociedad. Eso explica que el PRC independentista coexistiera con el Partido Autonomista, reformista. Y no hay nada que demuestre el supuesto propósito de suprimir al Partido Autonomista. Es cierto que Martí fundó un solo partido, pues a nadie se le ocurre fundar varios partidos a la vez. Lo falso es que aspirara a su existencia en solitario, pues también otros, como los autonomistas, fundaron el suyo.

 

La existencia de un solo partido implica la conversión del ciudadano en masa, lo que –como decía Hannah Arendt, eso representa la derrota del individuo 3. De ahí que la descentralización política constituya una exigencia del progreso social, mucho más en Cuba donde es innegable la estrecha relación que existe entre la existencia de un solo partido, la ausencia de democracia y la profunda crisis estructural en que está sumido el país.

 

La mejor demostración de lo anterior es que al VII Congreso del Partido Comunista  asistirán mil delegados que fueron seleccionados por una Comisión de Candidatura a partir de las proposiciones de los núcleos, pero con potestad para incluir a otros que no fueron propuestos y que sólo los mil electos (menos del 0,001% de la población) han tenido acceso a los documentos que aprobará el evento. Por tanto el Congreso no representa ni a la población ni a sus propios miembros.

 

Ese hecho impone la necesidad de incluir, entre los cambios proyectados, la sustitución del artículo cinco de la actual Constitución por el reconocimiento del pluripartidismo, lo cual sería un verdadero homenaje a la labor desplegada por José Martí para fundar una República con todos.

 

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1 MARTÍ, JOSÉ.  Obras Escogidas en tres tomos. TIII, p. 192

2 MARTÍ, JOSÉ.  Obras Escogidas en tres tomos. TIII, p. 26

3 Schmitt, Carl y Hannah Arendt. Consenso y conflicto; la definición de lo político. Colombia, Editorial de la Universidad de Antioquia, 2002, p.81.