Cubanálisis   El Think-Tank

CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

El papel que nos toca

 

Vicente Echerri, El Nuevo Herald

 

La llamada “primavera árabe” (que en Libia y en Siria, si bien con distintos resultados, dio paso a un verano sangriento) ha tenido alguna resonancia en Cuba, ese enclave de ineficiencia y opresión que persiste en perpetuar los harapos de un régimen ideológica, moral y financieramente en quiebra. Más de una vez, en los últimos días, las voces de opositores cubanos han acrecentado sus muestras de protesta (débiles todavía) y en algunas de estas ocasiones han sacado a relucir el ejemplo de egipcios y tunecinos, y sobre todo de los libios que, con indiscutible voluntad y coraje, desafiaron y derribaron una tiranía corrupta y cruel. En algún momento, una de estas mujeres que constituyen la vanguardia de la oposición y que son motivo de orgullo de los cubanos con decoro, llegó a decir que sus protestas podrían ser “la chispa” que levantará al pueblo, un pueblo hasta ahora bastante sumiso y dormido.

 

Los voceros del régimen, que también se ven en el espejo de lo que pasa en los países árabes, han aumentado en los últimos días -según arrecia la represión- las denuncias contra los que protestan, a quienes acusan de ser mercenarios y quintacolumnistas que aspiran a provocar una subversión que le sirva de pretexto a la OTAN, o al menos a Estados Unidos, para enviar los aviones. Los opositores insisten en que su propuesta es pacífica y que sólo la intransigencia del régimen es lo que puede dar paso a la violencia; violencia que se hace más palpable según se recrudecen los actos represivos. Si la historia sirve para algo, es fácil predecir que la tirante relación entre represores y reprimidos irá escalando necesariamente hasta el inevitable estallido entre una población que terminará por perder el miedo y que no se conformará con nada menos que el derrocamiento del régimen, y un régimen que tendrá que defender su cada vez más precaria supervivencia. Para entonces ya no habrá lugar para el discurso del diálogo “pacífico” que mucho han predicado -y yo creo que de buena fe- la mayoría de los grupos opositores.

 

Entre tanto Raúl Castro y sus burócratas se afanan, con visible desesperación, para que sus “reformas” funcionen y amainen la creciente impaciencia y el descontento de la gente. No deben explicarse cómo, en el mismo momento en que regresa la pequeña propiedad, en que se autoriza la compra y venta de vehículos y en que algunos rubros de servicios mejoran, las voces de protesta se hacen cada día más audibles. ¿Por qué no se callan esos protestones y se convierten en cuentapropistas, ahora que pueden, y dejan de opinar sobre sus malditas libertades burguesas? –deben estar diciendo los mandantes que siguen soñando con un presunto bienestar para el pueblo cubano que pasa por el socialismo y su tenencia del poder. No saben, porque el poder casi nunca deja ver eso, que se encuentran ya al borde del abismo que inevitablemente habrá de tragárselos, que el tic-tac del reloj de la historia ha empezado a sonar para ellos con la misma ominosa precisión que el detonador de una bomba.

 

A los cubanos que nos encontramos fuera -aunque atentos y preocupados por lo que ocurre y pueda ocurrir en nuestro querido país- nos está reservado el quehacer menos peligroso, pero no por ello menos arduo y comprometido, de la retaguardia. Los que hoy se exponen a la violencia física de las turbas castristas, a la cárcel y a la interdicción oficial, mañana se expondrán incluso a la pérdida de la vida, y nosotros estamos llamados a convertirnos en sus portavoces, en los amplificadores de sus demandas, en agentes de sus plataformas y en cronistas de sus acciones, tareas nada fáciles ni sencillas.

 

Sabido es -por mucho que la propaganda oficial del castrismo se empeñe en decir lo contrario- que el gobierno de Estados Unidos no ha tenido, desde hace muchos años, ningún interés activo en el derrocamiento del régimen cubano. Más bien ha mostrado una indiferencia casi obscena ante esta situación de despotismo y envilecimiento que lleva medio siglo como un infeccioso muladar a sus puertas. Yo creo, sin embargo, que el decisivo arbitraje de Estados Unidos en nuestra política es un ingrediente inescapable del destino del pueblo cubano. Cuando llegue el gran día, cuando esa chispa prenda y produzca la conflagración necesaria, nos tocará a nosotros, los cubanos de esta orilla, sacar al tío Sam de su tolerante modorra y empujarlo a gritos a que acuda al rescate de Cuba. Para ese papel debemos prepararnos, es mucho más que honroso.