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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

 El negocio de la exportación de servicios médicos cubanos

 

El destino Venezuela, además de peligroso, es el peor pagado por el gobierno de la isla, que ha convertido la exportación de servicios médicos en la primera industria nacional.

 

Iván García Quintero, Martínoticias

 

En un hospital al este de Caracas, una tarja de bronce reza: "A los colaboradores de la salud fallecidos en tierras bolivarianas durante el cumplimiento de su deber", como si hubiesen caído en batalla.

 

Pero no murieron en combate. Fueron víctimas de la violencia callejera que ha convertido a Venezuela en un matadero con la mayor tasa criminal del mundo. En abril de 2010, la última vez que el gobierno venezolano informó al respecto, 68 médicos cubanos habían muerto por esas causas.

 

Para doctores como Jorge (los nombres de los entrevistados han sido cambiados), Venezuela fue una pesadilla. “Estuve dos años en un barrio marginal en los Cerros de Caracas. En las madrugadas se escuchaban las broncas y balaceras. Aquello parecía el oeste. Por orientaciones de la embajada no podíamos salir de noche a la calle. Nunca he sentido tanto miedo. Ni siquiera durante la guerra de Angola”.

 

El destino Venezuela, además de peligroso, es el peor pagado por el gobierno cubano, que ha convertido la exportación de servicios médicos en la primera industria nacional.

 

Durante su estancia en Caracas, a Jorge le entregaban 200 dólares mensuales y en una cuenta bancaria, el Ministerio de Salud Pública (MINSAP) le situaban 150 pesos convertibles a su esposa en La Habana.

 

“Los médicos cubanos vamos a lugares que nadie quiere ir. Y con salarios pésimos. El gobierno gana por partida doble: hace propaganda y plata con nosotros”, comenta.

 

¿Por qué los profesionales cubanos de la salud van a parajes intricados, incluso arriesgando sus vidas?, le pregunto. Jorge, mira al techo del desvencijado consultorio en una barriada pobre habanera y medita unos segundos antes de responder:

 

“Unos aprovechan para emigrar, otros ven en esos viajes una manera de ganar dinero para resolver sus problemas personales. No sé, hay muchas razones, pero te aseguro que la última es el altruismo del que tanto hablan en Cuba”.

 

Una investigación realizada por varios periodistas independientes para el Institute for War & Peace Reporting (IWPR), publicada en Cubanet en septiembre de 2015, desveló cómo el personal cubano en las llamadas 'misiones internacionalistas' es despojado de sus honorarios.

 

De acuerdo con esa pesquisa, el programa Asistencia Médica Compensada se ha convertido en una forma de recaudar divisas y una herramienta diplomática útil para las autoridades cubanas.

 

Aquéllos que se unen a las brigadas médicas en el extranjero disfrutan de salarios más altos y tienen acceso a mejores bienes. Pero deben entregar al menos el 50% de sus ingresos al gobierno, dependiendo del cargo asignado. A modo de ejemplo, el reporte señala que los médicos asentados en Trinidad y Tobago, depositan la mitad de sus salarios en una cuenta a nombre de Rody Cervantes Silva, coordinador de la brigada, quien luego lo transfiere al gobierno.

 

"Supuestamente esa ‘donación’ es voluntaria", me dice Odalys, dermatóloga, que prestó servicios en Sudáfrica y Portugal y explica que el sistema de pagos es diferente en cada país.

 

“El contrato que tú firmas en el MINSAP no ofrece muchos detalles. Firmas más por la necesidad de buscar dinero que otra cosa, y apenas lees la letra pequeña. En Pretoria me pagaban 400 dólares mensuales y en el banco me depositaban 1.200 dólares. Averiguando, supe que mi salario real era de 5.000 dólares. Se quedaban con el 70%. Así y todo, con el dinero que recibes puedes arreglar la casa y hasta traer un carro de segunda mano”, aclara Odalys.

 

Las misiones internacionalistas también sirven para montar negocios paralelos en los países a los que han sido destinados. Oscar, ginecólogo, realizó abortos de manera clandestina en una clínica privada de una nación africana. “En cada aborto ganaba 500 dólares. Con el dinero ahorrado me pude comprar una casa y un auto moderno”, cuenta.

 

Irene, jefa de un grupo de enfermeras, con frecuencia viaja a Venezuela, Brasil y Ecuador por motivos laborales. “Antes de viajar compro tres o cuatro mil dólares. Con esa cantidad adquiero televisores de pantalla plana y celulares, entre otras mercaderías, y cuando regreso las revendo. Esa inversión me reporta 2.000 CUC de ganancias”.

 

Pero el que más dinero gana con la exportación de servicios médicos es el régimen: unos 10.000 millones de dólares anuales. Según Yiliam Jiménez, presidenta de la Comercializadora de Servicios Médicos Cubanos S.A., Cuba tiene 51.000 profesionales de la salud prestando servicios en 67 países.

 

Esta Comercializadora de Servicios es un entramado de empresas, institutos de investigaciones y clínicas de alto estándar que ofrecen servicios a precios competitivos en el mercado internacional.

 

Mientras muchos hospitales y policlínicos en Cuba piden a gritos reparaciones a fondo y los pacientes cargan con cubos, ventiladores, toallas y sábanas cuando ingresan, clínicas como Cira García, el Centro de Salud La Pradera o CIMEQ (Centro de Investigaciones Médico Quirúrgicas) ofrecen comida a la carta, tienen habitaciones con aire acondicionado y servicios de ambulancias las 24 horas.

 

Las brigadas médicas en el exterior también se han convertido en una opción migratoria. Es rara la semana que Solidaridad sin Fronteras, organización con sede en Miami, no reciba seis o siete llamadas de compatriotas que quieren acogerse al Programa para Profesionales Médicos Cubanos, más conocido por Visas CMPP, ofrecidas por el gobierno de Estados Unidos.

 

Desde el 2000, cerca de 6.000 médicos han desertado de sus misiones internacionalistas. Y hasta 2010, 68 galenos cubanos habían muerto en Venezuela, víctimas de la violencia callejera. Seis años después, se desconoce la cifra actualizada. Una tarja en un hospital de Caracas los recuerda.