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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

El interminable reto de dialogar con el gobierno de Cuba

 

Juan Antonio Blanco, Infolatam

 

Christian Leffler, fue enviado a La Habana el pasado mes de abril para sentar las bases de unas posibles “negociaciones” de la UE con Cuba. Días más tarde, el Ministro de Relaciones Exteriores, Sergéi Lavrov visitó la isla para recabar apoyo en la aventura anexionista de Rusia en Crimea

 

La asimetría en el trato dispensado a ambos visitantes revela lo poco que ha evolucionado la mentalidad de la elite de poder cubana en materia estratégica. Para el General Castro -con una relación bilateral todavía tensa con los Estados Unidos y una economía agobiada por la ineficiencia y la ausencia de inversiones extranjeras- lo primordial era recibir personalmente a Lavrov.

 

Explorar las posibilidades de recomponer la alianza con Moscú resultó una prioridad aunque ese acercamiento complicara las perspectivas de normalizar las relaciones con Washington y Europa. La primera opción aseguraba un puesto en la pequeña red mundial de alianzas antioccidentales. La segunda suponía un camino para lanzar anclajes de largo plazo en la economía global y avanzar hacia la distensión política con Estados Unidos y la Unión Europea. Pero ello no era nuevo en el caso de Cuba.

 

Un mirada retrospectiva

 

Fue Fidel Castro quien en abril de 2003, a menos de una semana de haberse abierto la primera oficina de la Comisión Europea en la isla, realizó la más amplia redada de disidentes a los que se les condenó, en juicios sumarísimos, a cumplir largas condenas de prisión. Conocida como la “Primavera Negra”, aquel fue un punto de inflexión en las relaciones entre esa isla del Caribe y el bloque europeo.

 

En el caso de Estados Unidos el levantamiento parcial del embargo, ya decretado unilateralmente por Gerald Ford, y la propuesta para la normalización general de las relaciones hecha por Kissinger quedaron sepultadas cuando Fidel Castro decidió en 1975 enviar una fuerza militar de decenas de miles de soldados a Angola. Poco después, Castro recibió el primer mensaje conciliador de Carter pero se le adelantó enviando otra fuerza militar a Etiopía en apoyo del luego reconocido genocida Mengistu Haile Mariam. Más tarde, en 1995, la Casa Blanca le hizo saber que el Presidente Clinton vetaría, llegado el caso, la aprobación del proyecto de Ley Helms Burton. Pero Castro respondió con sus MIGs y pulverizó a cohetazos dos avionetas civiles junto a toda perspectiva de distensión bilateral por muchas décadas.

 

Con la elección de Obama en Estados Unidos y la casi coincidente sucesión de Fidel por su hermano Raúl se abrió una esperanza de diálogo y distensión que no tardó mucho en disiparse. El Presidente Obama flexibilizó los viajes, envío de remesas y paquetes a Cuba –que se estima superan tres mil millones de dólares anuales – y Raúl Castro respondió condenando a quince años de prisión a un ciudadano judío americano (Alan Gross) que repartía teléfonos satelitales en Cuba que cualquiera puede adquirir libremente y regalar en otro país. Desde entonces Washington sostiene que es imposible mejorar la relación bilateral con Gross en prisión.

 

¿Qué puede esperar la Unión Europea?

 

El reciente relanzamiento de una alianza estratégica en temas de seguridad e inteligencia suscrita en Moscú por el hijo de Raúl Castro (Coronel Alejandro Castro Espín) dice mucho de la actual visión estratégica de La Habana.

 

Pese a la calamitosa situación económica, Raúl Castro es sincero: hasta ahora el modelo de gobernabilidad en Cuba no transita hacia una nueva definición sino sufre un limitado ajuste (“actualización”) orientado a fortalecerlo sin afectar sus pilares centrales.

 

Esa opción doméstica no se corresponde con una política exterior que se plantee el objetivo de lograr una distensión con Estados Unidos y la Unión Europea. Más bien requiere de una red de mecenas autoritarios (Venezuela, China, Rusia, Corea del Norte) dispuestos a mantener a flote al gobierno cubano a cambio de varios servicios (logísticos, de inteligencia, asesoramiento político, médicos para asegurar campañas clientelistas y otros).

 

Por estas razones es que todo optimismo de parte de los funcionarios europeos encargados de proseguir el “dialogo” hay que tomarlo siempre con una pizca de prudencia. Sobre todo porque asemeja al ya experimentado por otros funcionarios europeos y estadunidenses en momentos anteriores.