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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

El huevo y la gallina, otra vez

 

Raúl Castro volvió a tocar el tema de la insuficiencia salarial en el Congreso de la CTC, pero a su gobierno le falta voluntad política para restablecer las libertades ciudadanas.

 

Dimas Castellanos, La Habana, en Diario de Cuba

 

En la clausura del XX del Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba, el Primer Secretario del Partido Comunista, general Raúl Castro, abordó, entre otros temas, el de la insuficiencia del salario.

 

Según sus palabras, el sistema salarial cubano "no garantiza que el trabajador reciba según su aporte a la sociedad, […] no satisface todas las necesidades del trabajador y su familia, genera desmotivación y apatía hacia el trabajo, influye negativamente en la disciplina e incentiva el éxodo de personal calificado hacia actividades mejor remuneradas, desestimula la promoción de los más capaces y abnegados hacia cargos superiores".

 

También reconoció Castro que las "pensiones son reducidas e insuficientes para enfrentar el costo de la canasta de bienes y servicios", y concluyó el tema diciendo que "para distribuir riqueza, primero hay que crearla y para hacerlo tenemos que elevar sostenidamente la eficiencia y la productividad".

 

El problema salarial ya ocupó un lugar central a partir del 24 de febrero de 2008, cuando Raúl Castro, designado presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, esbozó un programa de cambios que comprendía varias necesidades urgentes, entre ellas: fortalecer de forma sostenida la economía nacional, satisfacer las necesidades básicas de la población, reevaluar progresivamente el peso cubano y recuperar la función del salario.

 

Unos días después de anunciado dicho programa, en un artículo de opinión titulado ¿El huevo o la gallina?, expuse mi criterio acerca de la gran dificultad para su implementación: "solo se puede distribuir lo que se ha producido, el punto de inicio se sitúa en el aumento de la producción, la productividad y la eficiencia. Sin embargo, en el estado actual de deterioro, la mayoría de los cubanos no quieren trabajar por un salario que no guarda ninguna relación con el costo de la vida y donde las promesas de futuro, después del fracaso del modelo vigente, no llenan las expectativas de los productores. Como resultado el punto de partida constituye una contradicción: sin aumento de la producción no habrá mejoría en las condiciones de vida; a la vez, si las condiciones de vida no mejoran la gente no está en disposición de producir".

 

Transcurrido seis años de aquel momento, nos encontramos en el mismo punto, con la diferencia de que el problema ha empeorado por cinco razones:

 

1- El aumento de los precios ha generado una disminución considerable del salario real.

 

2- La demora en hallar soluciones ha agudizado la indisciplina laboral y el desinterés por el resultado productivo.

 

3- La moral ha continuado deteriorándose.

 

4- La desesperanza y la apatía se han generalizado.

 

5- Los trabajadores privados, llamados "cuentapropistas", obtienen ingresos superiores a los estatales, lo que hace más evidente la insuficiencia salarial y la incapacidad del Estado.

 

Resulta que el salario mínimo tiene que ser suficiente para satisfacer lo que Diego Vicente Tejera -fundador del socialismo democrático en Cuba en la frontera de los siglos XIX y XX- llamó "necesidades naturales": costos de habitación, vestuario higiénico y decente, y alimentación sana y suficiente, a lo que le agregaba un tercio para cubrir gastos de enfermedad e imprevistos.

 

En su obra Un sistema social práctico, Tejera definió cinco estados sociales: miseria, pobreza, comodidad, riqueza y opulencia. En la miseria ubicaba a los que carecían de lo más elemental para satisfacer las necesidades naturales y en la pobreza a los que disponían de lo estrictamente necesario para ello. De acuerdo a su esquema, no con el salario mínimo -del cual nunca se habla en Cuba- sino con el salario medio, algo más de 460 pesos, es imposible satisfacer dichas necesidades, pues en un núcleo familiar de tres miembros, donde dos de ellos trabajen, se requiere aproximadamente de 2,400 pesos.

 

Esa abismal diferencia entre salario y costo de la vida explica en buena medida el predominio de la moral de sobrevivencia, la corrupción generalizada y la insuficiencia productiva.

 

Ahora, pasado el tiempo, se reitera el dilema del huevo o la gallina: para distribuir riqueza primero hay que crearla y para hacerlo tenemos que elevar sostenidamente la eficiencia y la productividad. Pero resulta que esa verdad de Perogrullo, que funciona en cualquier economía, debido a las distorsiones sufridas en Cuba, no funciona ni funcionará, lo que indica que la solución está en otra parte. La crítica y prolongada crisis de nuestra economía demanda una salida para lo cual hay que tener en cuenta los siguientes requerimientos:

 

1- Reconvertir la tecnología obsoleta, lo que implica la búsqueda de inversionistas (Si la nueva Ley de Inversiones mantiene la exclusión de los cubanos, no habrá solución.)

 

2- Cambiar lo que sea necesario en el predominio de la propiedad estatal y el sistema de planificación, dos factores que han conducido al estancamiento en que se encuentra el país.

 

3- Abandonar el contraproducente esquema de ordeno y mando, donde los trabajadores y la sociedad en su conjunto son concebidos como un medio para ejecutar la política acordada por el partido gobernante.

 

4- Erradicar definitivamente el subjetivismo y la subordinación a la ideología de las leyes que rigen los fenómenos económicos.

 

5- Reconocer la insuficiencia de los salarios y proceder a su aumento gradual.

 

6- Destrabar todo lo que desde la ideología se interpone al avance, incluyendo el derecho de los cubanos a ser propietarios de medios de producción y a conformar un empresariado nacional.

 

Sin al menos esos requerimientos, no habrá solución a la insuficiencia salarial y en consecuencia continuará el declive de la producción y la erogación de millones de dólares para comprar en el exterior lo que se puede producir en el país. Se requiere precisamente de lo que se adolece, de la voluntad política para profundizar las reformas hasta el restablecimiento de las libertades y el resurgimiento del ciudadano.