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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

El hambre de un pueblo

 

Lourdes Gómez, Santiago de Cuba, en Diario de Cuba

 

Año nuevo vida nueva, dice el refrán popular, pero la realidad en Cuba es vida vieja. Anclados en una sociedad donde hay disparidad entre lo que se proclama y lo que ocurre, existen dos realidades: la oficial y la popular.

 

Es un hecho que hay cambios económicos, pero ¿para quiénes?

 

Ahora, relativamente, podemos salir del país, tener internet, vender nuestras casas y nuestra última alegría: adquirir autos al por menor. ¿Satisface todo esto las necesidades primarias de la gente?

 

Recorriendo la ciudad de Santiago de Cuba, los rumores corren de un lado a otro, pero el clamor mayor y diario es el de ¿qué comemos hoy? La dependencia de los productos racionados por el Estado es tal que muchos se pasan los días velando los camiones que entran a las bodegas y hasta se crean colas con semanas de antelación para el pollo mensual de 17 onzas.

 

Las famosas bodegas donde se expenden los productos racionados son un caos, los edificios donde se instalan están, en su mayoría, en un lamentable estado constructivo, a lo que se le suma la falta de alumbrado y de un buen almacenamiento, además del robo consuetudinario de los empleados: las bodegas se han convertido en el símbolo del fracaso del igualitarismo. Comparadas con las flamantes shoppings, atiborradas de productos, súper iluminadas y con aire acondicionado, la sociedad de consumo es la panacea del cubano, poder comprar allí es la meta.

 

Ante tan evidente contraposición, no en balde el semanario Sierra Maestra, órgano oficial del partido en la provincia Santiago de Cuba, les dedicó el artículo "Bodegas a oscuras y por cuenta propia". En el mismo se detallan toda una serie de irregularidades que van desde el cierre antes de tiempo por falta ya sea de electricidad o de bombillas, hasta la queja de los trabajadores de la necesidad de comprar muchos de los insumos de mantenimiento de estos establecimientos.

 

Estas son declaraciones de los administradores: que la empresa no les proporciona hace años tubos de luz fría para los locales (…) que tienen que comprar de sus sueldos, además de comprar en la calle los modelos y boletas de depósito y los utensilios de limpieza.

 

Pero como todo artículo de la prensa oficial cubana, lo expresado en el Sierra Maestra son solo medias verdades. De lo que no se habla es de la decadencia total de estas tiendas, donde cada día se ofrecen menos productos, pues algunos han sido eliminados paulatinamente del racionamiento, llevando a la población a una lucha diaria por la búsqueda de comida o mejor dicho, del dinero para enfrentar los altos precios de mercados y shoppings.

 

Al mismo tiempo, se crea un excedente de personal que la mayor parte del mes está devengado un salario por trabajar realmente el 40 porciento de las horas. Así, las bodegas ya son pasado, su desaparición solo es cuestión de tiempo.

 

La libreta que no abastece

 

Para Olga, de 63 años, ama de casa que depende de sus hijos, la libreta de abastecimientos es el alma de la casa. Cada mañana, junto a otros jubilados, Olga va a la bodega para ver si llega algo. A la interrogante de qué hay de nuevo, responde: "nada de nada, espero que el pollo venga esta semana".

 

Sí, porque el pollo y el picadillo son los únicos productos cárnicos que se ofertan una vez por mes en los racionamientos. Las otras ofertas: pescado, embutidos y huevos, fueron "liberados", es decir, ya no están racionados. Sin embargo, en el inestable mercado cubano su disponibilidad no es permanente, lo que los hace presa de acaparadores para su reventa.

 

Revender los comestibles "extraídos" de las diversas instituciones estatales es algo común. Se suele oír en los barrios residenciales de Santiago a los pregoneros ofertando sus mercancías: pan, viandas, pescados, embutidos y hasta mariscos, siempre, claro está, cuidándose de la policía.

 

¿Y dónde queda la libreta?, las especulaciones son muchas, según Olga: "la van a dejar para los niños y viejos, los jóvenes que se la busquen". Por su parte, Alcides, de 77 años, jubilado del sector del transporte, dice: "yo creo que la dejarán para las familias de bajos recursos".

 

Lo cierto es que a más de un año del anuncio de su desaparición, ante las protestas provocadas, el Gobierno no se ha retractado públicamente, pero las intenciones son claras: cada año la libreta viene con menos páginas y se eliminan más productos.

 

Sin embargo, a pesar de su escuálida oferta, la libreta sigue siendo el salvavidas de la mayoría. Aunque los productos normados por individuo solo alcancen aproximadamente para diez días: cinco libras de arroz, cuatro de azúcar, diez onzas de frijol y media libra de aceite; lo demás… a lucharlo en el mercado negro, porque con la shopping no hay quien pueda.

 

Para los que creen que a los cubanos no les hace falta la libreta, que se lleguen a una bodega el día de la llegada del pollo de 17 onzas. Allí sí se hace una concentración popular espontánea, pues está coaccionada por el hambre.