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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

El ex canciller cubano Robaina resucita como pintor y empresario

 

Después de ser fulminantemente destituido en 1999 y expulsado del PCC, "Robertico" se dedica ahora al arte y a regentar un pequeño bar de tapas en el habanero barrio del Vedado

 

Milenio, México

 

La Habana • Defenestrado en 1999 por el gobierno cubano como canciller, Roberto Robaina, el carismático “Robertico”, resucita ahora como pintor y pequeño empresario, dueño de una “paladar” abierta en una calle céntrica de La Habana, bajo las reformas de Raúl Castro.

 

“La vida continúa. Lo importante no es lo que pasó, sino lo que se hace”, reflexiona el ex canciller, sentado en un agradable balcón del Chaplin’s Café, acondicionado para acoger comensales en ambiente discreto, en una entrevista solicitada por AFP.

 

Expulsado en 2002 “deshonrosamente” del gobernante Partido Comunista (PCC, único), vive el día a día entre su taller de arte y el ajetreo del bar de tapas que abrió con ayuda de su único hijo hace dos meses en el barrio Vedado, muy cerca del Cine Chaplin, el principal de la isla.

 

“No invierto mucho tiempo en mirar atrás, sino en, como todos los cubanos hoy, hacia lo que tenemos que hacer”, dice el otrora popular ministro, hoy de 55 años, sin bigote, canoso y con unos kilos más.

 

El extrovertido “Robertico”, como le decía Fidel Castro, subió como la espuma, guiado por el líder. De dirigente de la juventud comunista movilizó multitudes en apoyo a la revolución bajo el eslogan de “sígueme”, criticado por ortodoxos.

 

Ascendió a miembro del Consejo de Estado y del selecto Buró Político del PCC en 1991, y en 1993 a estratégico jefe de la diplomacia cubana con solo 37 años -el más joven de la revolución-, en plena crisis económica tras el derrumbe del bloque soviético.

 

En pasillos, diplomáticos y funcionarios se referían a él como “el canciller salsero”, por sus chaquetas remangadas y su forma de vestir, desenfadada y jovial. Acusado en 1999 de deslealtad y promocionarse como relevo para la época post Castro, se le aplicó el llamado “plan pijama”, enviado un año a la Escuela Nacional de Defensa y cuatro al “ostracismo político” como "asesor" del Parque Metropolitano, sin acusaciones en los tribunales.

 

“Cumplí con lo que se me encomendó y cuando tenía que reorganizar mi vida lo hice, porque aprendí de muchacho a cerrar ciclos. Uno tiene que reinventarse. ¿Para qué voy a vivir lamentándome de que en un momento era algo y dejé de serlo? Ya eso pasó”, comenta.

 

Se le acusó también de “vínculos no autorizados” con empresarios extranjeros y políticos como el gobernador del estado mexicano de Quintana Roo, Mario Villanueva, acusado de narcotráfico, de quien habría recibido dinero para remodelar la cancillería.

 

En 2002, en una entrevista con CNN, Robaina, ex profesor de matemática oriundo de la occidental Pinar del Río, admitió “errores políticos y sobre todo éticos muy graves”. “Somos seres humanos, nos equivocamos, yo soy uno de ellos. Ya los errores los analicé, los comprendí. Hoy quiero dedicar todas mis energías a no cometer nuevos errores y a trabajar”, aseguró.

 

Robaina fue reemplazado por Felipe Pérez Roque, destituido en marzo de 2009 junto al vicepresidente Carlos Lage, ambos -también vistos como futuros sustitutos de los hermanos Castro- acusados de “indignos” y de tener “ambiciones de poder”.

 

Pasando página a su sonora caída, Robaina se lanzó a pintar en 2005, tras estudiar un año en el taller de dos amigos pintores. Ha expuesto en Chile, Argentina, Panamá, México y en algunas colectivas colaterales a la Bienal de La Habana.

 

Dice no pintar para nadie sino para él, como alguien le aconsejó. “Al inicio me asustaban los lienzos vacíos, hoy no les tengo temor”, expresa. Su obra refleja su afición por lo abstracto, el blanco y el negro, el formato grande y no tradicional, y el trazo simple.

 

Su cafetería, conocida como la “paladar de Robertico”, está a tono, decorada con manteles blancos y negros, y algunas de sus pinturas, como la de un Chaplin y la única no en venta inspirada en su electrocardiograma, titulada: “Normal”.

 

Robaina asegura no haber tenido problemas para abrir a su nombre el negocio, y alaba el plan de reformas de Raúl Castro, con apertura de permisos en 181 oficios que elevan ahora a unos 350 mil a los nuevos empresarios.

 

“Toda la sociedad está inmersa en una etapa que se están haciendo muchas cosas, que son buenas para el país. Hay muchos caminos y frentes abiertos que indican que se avanza”, estima. No descarta escribir un libro de memorias y dice vivir tranquilo como un cubano más: “La vida es mucho más que primeras planas y primeras figuras”.

 

“Aprendí de mi vida y de la Revolución que nada aporta vivir con resentimiento. No tengo razones para tenerlo”, añade. Y para recalcar su nueva faceta, cuando salta una pregunta política responde sonriendo: “Yo soy pintor”.