Cubanálisis   El Think-Tank

CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

El estigma de ser hijo de un disidente

 

Divididos entre la posición de los padres y lo establecido por la sociedad, crecen con el destino trazado, y aunque intenten evadirlo, la realidad los devuelve a la tierra.

 

 martinoticias.com

 

La elección de oponerse al regimen castrista, no es solamente una decisión personal. Sus consecuencias  van más allá de los sacrificios y luchas individuales.  Cambian las vidas de los seres queridos a su alrededor. Sus familias y sobre todo sus hijos, resultan inevitablemente dañados en el proceso.

 

Estefani Antomarchi, apenas tiene dos años y no comprende qué sucedió en su hogar el pasado 26 de agosto, cuando policías y tropas especiales, irrumpieron en su casa portando armas y gases lacrimógenos para detener la manifestación de opositores. Todavía Estefani no sabe si quiere la libertad de Cuba, pero para ella los policías no son amigos ni su casa es su lugar favorito.

 

“La niña ha quedado con problemas nerviosos, tiene miedo entrar a su cuarto. Tengo que abrazarla y dormirla en mis brazos para que pueda dormir en su cama. La mantengo fuera de mi casa, donde los vecinos, hasta que le entra sueño. Menciona mucho la palabra policía. Su alergia bronquial se agudizó con los gases y luego del incidente pasó un día entero sin comer ni tomar leche,” señala su padre, Marino Antomarchi, sobre las consecuencias físicas y psicológicas de la vivencia.

 

Lizeth Zamora, activista de Santa Clara, cuenta la historia de su hijo adolescente, capitán del equipo provincial y campeón nacional de Taekwondo, a quien llegado el momento de la merecida promoción al equipo nacional y a la escuela deportiva de La Habana, expulsaron sin miramientos.

 

“A mí me dijeron es que él no era confiable, producto de mis ideas políticas, que pidiera yo la baja. Les dije que no, que si ellos lo iban a botar de la escuela, pues que lo botaran ellos y que lo plantearan así mismo en su expediente, y que por mi parte iba a hacer una reclamación y el mundo entero se iba a enterar. Yo reclamé y le escribí al Ministro de Educación, pero nunca me respondió.”

 

“Eso para él fue un trauma enorme, al punto que le hizo rechazo a estudiar, porque a él lo que le gustaba era a su escuela y sus amistades de toda la vida.”

 

Para Luis Felipe su actitud ante la vida se expresa así: “Ya yo perdí todo lo que deseaba para mi futuro. No vale la pena lamentarse en estos momentos, pero no aguanto más que me vayan a cuestionar ni que me digan ‘cállate’.  Ya yo soy libre para manifestar todo lo que quiera y expresar mi forma de pensar.”

 

Zamora siempre recomendó a sus hijos que “a pesar de su lengua dura”, nunca fueran a hacer ningún tipo de manifestación. Pero contra los estigmas, la discreción no puede y no hay discreción posible cuando se ofende a los seres queridos.

 

Su hijo mayor, quien estudiaba Licenciatura en Profesor General Integral, fue expulsado de la universidad, pues según los directivos escolares “no tenía la preparación ideológica debido a que en su hogar eran unos contrarrevolucionarios”.

 

Mi mamá no es ‘contrarrevolucionaria’ – dijo Luis Ángel - simplemente manifiesta los problemas de la sociedad, producto de los jefes que tenemos y que no sirven. Le dijeron: “¿Ves? Tú no puedes dar clases.”

 

“Cuando te botan de un centro de trabajo o de una carrera, no te dejan ingresar a otro centro de trabajo porque la Seguridad del Estado es constantemente acechándote. Si vas a un centro de trabajo, cuando vuelves a buscar la respuesta, te salen con evasivas. Rara vez te dicen: No te puedo dar la plaza porque aquí estuvieron los de la seguridad del estado.”

Para madres como Aini Martin Valero, la verdad dicha por su pequeño con la inocencia de sus 9 años, es una advertencia que llevara grabada en su expediente durante el resto de su vida escolar. En una de las últimas hojas puede leerse: “Harold Tejera Martin, buen alumno, buena actitud ante el estudio, notas excelentes, pero ojo: su madre es contrarrevolucionaria.”

 

En la actualidad está a punto de terminar su duodécimo grado y le han dicho en varias ocasiones que ‘la universidad es para revolucionarios’, lo han repetido en su aula y se lo han repetido a él individualmente. A su madre no le sorprendería que la oportunidad de continuar estudios le fuera negada, pero de ser así “lo llevaré ante tribunales y hasta donde sea necesario. La condición de los padres no puede ser arrastrada por los hijos”.

 

La vida sentimental de estos jóvenes también se ha visto afectada por ser hijos de disidentes. Agentes de la Seguridad del Estado aplican el chantaje solapado a las novias adolescentes y sus padres para evitar así el surgimiento de nuevos opositores. En muchos casos el temor a perder la estabilidad económica y ser tachados de opositores, hace inclinar la cabeza ante los agentes.

 

Pero siempre existen casos como el de Leticia Ramos. Los tutores de su hijo fueron presionados para que abandonaran el apoyo al  proyecto de tesis del joven, pero se negaron rotundamente, incluso sintieron que su ayuda debía ser aún más comprometida.

 

Ante la posibilidad de que sus hijos hubieran elegido un modo de pensar diferente, Lizet Zamora confiesa: “No sé lo que hubiese pasado, porque vivimos en una casa, sin posibilidades de tener otra. Esto hubiese sido un caos. La vida no les dio la elección a mis hijos de poder disfrutar ‘la maravilla del sistema socialista’. La vida les dio la oportunidad de ver la crudeza de una dictadura socialista.”

 

“Yo a mi hijo le he dado libre albedrío, que él decida el mejor camino. Nunca lo incité a que pensara como yo. Si él hubiera escogido el camino de la juventud comunista yo lo hubiera respetado, porque ante todo soy cristiano y luego demócrata," dice Raudel Ávila, padre de uno de los jóvenes perjudicados en los recientes sucesos de Palma Soriano.

 

Lo más difícil de ser el hijo de un opositor – revela el joven Raudel -es que “por cualquier razón te juzgan, te aíslan de la sociedad, te maltratan, uno pierde amistades. Las mismas amistades que han crecido contigo desde la infancia te rechazan”.

“Lo que más me gusta es que puedo caminar con la frente en alto y siempre orgulloso de que mi padre no es una marioneta, no es un títere. Expresa lo que siente sin temor a ser encarcelado o asesinado, siempre por la mejoría de nuestra tierra, por la libertad de Cuba.”

 

Raudel Ávila cometió lo que en Cuba puede llamársele ‘suicidio social’, en un teatro universitario concurrido por cerca de 500 alumnos se pronunció en desacuerdo con los lineamientos del Partido Comunista. Su situación fue en picada hasta que en medio de un examen, bajo abierta provocación de un profesor, el enfrentamiento fue inevitable y la expulsión segura.

 

Como alternativa estos jóvenes han elegido iniciar cursos particulares de computación, ingles, teología, y trabajar por su cuenta.

 

Divididos entre la posición de los padres y lo establecido por la sociedad, crecen con el destino trazado, y aunque intenten evadirlo, la realidad los devuelve a la tierra.