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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

El Estado aprieta el cuello de negocios privados

 

Según el taxista habanero, las principales limitaciones del trabajo privado en cuanto a transportación, no sólo son los problemas arancelarios

 

Iván García, Especial para Diario Las Américas

 

LA HABANA.- Poco antes del amanecer, mientras un gallo ronco canta a lo lejos en la barriada de Mantilla, en el sur de La Habana, Erasmo, 43 años, geógrafo de profesión, revisa meticulosamente un viejo auto Ford de 1949 que heredó de su padre y que 65 años después sirve de sostén familiar.

 

“De Ford sólo tiene el nombre y el chasis. Es un amasijo mecánico de diferentes fabricantes. El motor es italiano. La caja de velocidad, sudcoreana y los frenos, japoneses. Desde que mi abuelo lo adquirió en 1950, se ha pintado en seis ocasiones y tres veces hemos cambiado la tapicería. Mi padre comenzó a usarlo como taxi en 1996. Le instalamos equipos nuevos de audio y lo cuidamos como si fuese una joya. Este auto nos da de comer hace 18 años”, comentó.

 

Según el taxista habanero, las principales limitaciones del trabajo privado en cuanto a transportación, no sólo son los problemas arancelarios. “No hay una disciplina fiscal y se aplican mal los gravámenes. En cualquier lugar del mundo los impuestos se deducen de las ganancias. En Cuba se compilan de las ventas brutas. La ONAT (oficina de recaudación de impuestos) tiene normas arbitrarias”.

 

Según Erasmo, cada trabajador por cuenta propia en la isla suele ser visto como un ratero o un evasor de impuestos. "Los de la ONAT se rigen por un estudio que deduce cuál debe ser la cantidad a pagar en la declaración anual de impuestos. No contemplan los días de mantenimiento al auto, desperfectos o que uno no vaya a trabajar y se tome el día libre. Sin contar que el Estado vende el combustible a precios elevados y en divisas. Aunque el barril de petróleo venezolano anda por los 68 dólares, y en todos los países ha caído el precio de la gasolina y el diesel, en Cuba el litro se sigue ofertando a 1.30 cuc [alrededor de dos dólares]".

 

De cualquier manera, reconoció, manejando 12 horas diarias por diferentes rutas de La Habana, devenga un salario mensual que quintuplica el salario que recibía como geógrafo.

 

“Mi título universitario duerme en una gaveta. Ganaba 450 pesos mensuales, sentado en una oficina. Ahora, en un día malo, devengo el salario que me pagaba el Estado en un mes. Pero cada día las normas y gravámenes son un cerco al trabajo privado. Se rumora que para 2015 van a elevar los impuestos a los transportistas particulares. Los choferes están que trinan”, apuntó.

 

Cuando usted conversa con trabajadores privados habaneros, lo suelen abrumar con un rosario de quejas criticando la corrupción del cuerpo de inspectores estatales y los arbitrarios impuestos.

 

“Los inspectores son una banda de descarados y parásitos que en su labor han encontrado una manera de hacer plata. Es simple. En Cuba no se puede manejar un negocio sin violar las leyes. Los inspectores lo saben. Y a cambio de dejarte hacer, tienes que darle dinero, además de invitarlos a almorzar”, relató Osvaldo, dueño de una cafetería.

 

Ricardo, economista, consideró que ya es hora de implementar nuevas reglas de juego. “De 2010, a raíz de las nuevas aperturas promulgadas por Raúl Castro, hasta el 2012, el crecimiento fue gradual, vertiginoso y constante. Ya en 2013 se nota un agotamiento del modelo. Si damos crédito a las estadísticas oficiales, los cuentapropistas rondan los 476.000. Sólo han crecido en unos 30.000 en el último año. Las causas de este estancamiento son variadas. Los impuestos elevados son un freno. Pero el principal problema es la poca capacidad de compra del consumidor nacional”.

 

El estancamiento se nota. Mientras los precios de servicios y productos que ofertan los negocios privados han crecido en los últimos 14 años entre un 20 y 40%, el salario promedio apenas ascendió. 

 

Carlos, sociólogo, explicó que “hace 10 años, un corte de cabello costaba 5 pesos, ahora cuesta 20; una pizza en una cafetería particular valía 7 pesos y ahora, 10 o 12 pesos. Así ocurre con casi todos los productos o servicios. Las tiendas estatales han elevado el costo de los artículos, y al no existir un mercado mayorista, eso repercute en el alza de precios. También la campaña contra la corrupción llevada a cabo por el Gobierno ha reducido el mercado negro proveniente de empresas del Estado que alimentan a los negocios privados. Insumos, como la harina, leche en polvo u otros, que se desviaban de almacenes estatales, han elevado su precio”.

 

Sergio, dueño de una casa que alquila a extranjeros, comentó que vivir en una zona como La Habana Vieja, Miramar o Vedado, donde la afluencia de turistas es notable, resulta esencial para consolidar un negocio de hospedaje. “Si resides en la periferia o en barrios marginales, siempre será más difícil tener clientes”, aseguró y subrayó que es una aberración de la ONAT cobrar todos los meses el mismo gravamen -en su caso 300 cuc-, tengas o no huéspedes.

 

Debido a las bajas ventas, Alfonso tuvo que cerrar su cafetería. Sin embargo, a Yosbel y Diana, dueños de una “paladar” (restaurante) situada frente a su ya desmantelada cafetería, han logrado sobrevivir.

 

“Aunque cada día las ganancias son menores. Entre la competencia, la ausencia de un mercado mayorista, los impuestos abusivos y lo difícil de encontrar variedad y calidad de productos en la red de mercados estatales, tienes que ser un mago para ser rentable. Con creatividad, calidad y mucho trabajo se puede salir adelante”, confesaron.

 

Una de las opciones es celebrar efemérides tradicionales en Estados Unidos como Halloween o Thanksgiving. “Los dependientes se vistieron para la ocasión. Hicimos rifas y los clientes que ganaron tuvieron derecho a un pavo asado gratis”, apuntó Yosbel.

 

En diciembre, las luces, adornos y gorros rojos de los dependientes le dan un toque navideño al restaurante de Yosbel y Diana. Pero el matrimonio no es optimista y se preguntan si podrán seguir manteniendo su negocio en 2015.