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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

El desembarco de Estados Unidos en Cuba

 

El principio del fin de las ideologías en América Latina

 

Ricardo Galarza, especial para El Observador, Uruguay

 

Cuba está de moda. Este año se espera que lleguen a la isla más de 300 mil turistas estadounidenses (y eso sin levantar aún el bloqueo comercial), y más de un millón entre canadienses, europeos y de otras partes del mundo. A fines de este mes, Estados Unidos abrirá su embajada en La Habana. El gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, estuvo allí hace poco acompañado de grandes empresarios de su estado. Lo propio hizo el presidente de Francia, Francois Hollande. El papa Francisco visitará la isla en setiembre. El popular presentador de televisión Conan O’Brien ha transmitido su programa entero desde La Habana, y una pléyade de estrellas de Hollywood ha desembarcado en la perla antillana. JetBlue ultima detalles para la apertura de sus rutas aéreas desde la Gran Manzana; y Mastercard ya está operando en la isla para todo lo demás.

 

El deshielo de las relaciones diplomáticas entre ambos países ha ido acompasado por un deshielo también en las relaciones comerciales. Incluso este parece darse hasta con mayor velocidad. Y más rápido aun lo hará cuando, también a fines de mes, Cuba sea retirada de la lista de países que patrocinan el terrorismo.

 

En internet ya se registra una verdadera fiebre de estadounidenses en busca de pasajes para la isla. Y los cubanos acondicionan las casas y habitaciones que pueden para brindar alojamiento de ocasión, ya que los hoteles no dan abasto con las reservas. Según la revista The Economist, ya hay en La Habana 18 mil habitaciones privadas disponibles para los nuevos visitantes.      

 

En lo político, esto parece ser solo una primera muestra de la astucia detrás de la decisión de Barack Obama de normalizar las relaciones con el gobierno de Raúl Castro. Desde que en diciembre fuera anunciada por el propio mandatario estadounidense, los críticos de la medida han esgrimido que Washington hace todas las concesiones en este acercamiento y Cuba nada, en alusión a las libertades y los derechos civiles de los cubanos; tema en el que Castro no se ha movido ni un ápice.

 

Pero a buen seguro todo esto propiciará la apertura democrática en Cuba mucho más rápido de lo que lo hubiera logrado por sí sola la lucha de la violentada disidencia cubana en la isla.

 

Es cierto que en el corto plazo significa un oxígeno importante para el régimen, en momentos que la volátil situación de Venezuela colma de incertidumbres a su principal sostén económico, las ansiadas inversiones se hacen esperar y la iniciativa privada que se buscó impulsar para los cubanos enfrenta serias dificultades.

 

Pero en el mediano y largo plazo, parece irreversible que Cuba se encamine hacia la democratización. Raúl Castro -que ya ha anunciado que no permanecerá en el poder después de 2017- y la octogenaria nomenclatura cubana ya van de salida. Pronto habrá de sobrevenir un recambio generacional en el poder, en medio de la avasallante apertura económica que seguirá al levantamiento del bloqueo comercial por parte de Estados Unidos.

 

Y es que esto último, por lo que se ha visto hasta ahora, es lo único que falta para que se produzca la gran ola de negocios hacia la isla. ¿Qué régimen puede soportar esa apertura económica sin hacer también la apertura política a 90 millas de Estados Unidos y sin la presencia de los líderes históricos de la revolución?

 

Por lo pronto, el acercamiento ya ha provocado un giro no menor en el debate, hasta ahora dominado por los radicales -por un lado del propio régimen en La Habana, y por el otro de los líderes del exilio cubano en Miami-, que se limitaban a endurecer cada vez más sus posiciones en torno al bloqueo y a una guerra de reproches y acusaciones mutuas que parecía no tener fin.

 

Ahora, poco a poco, el debate comienza a desplazarse del bloqueo hacia el tema de las libertades en Cuba, toda vez que el levantamiento del embargo en el Congreso parece solo cuestión de tiempo. Y en el momento que esto suceda, el debate ya va estar lo suficientemente maduro; y la presión sobre La Habana para una apertura democrática va a ser inaguantable, sobre todo si ya no está Raúl. Ese será, pues, el tiempo de las concesiones de Cuba.

 

A nivel regional, sucede algo parecido. Los “antiimperialistas” latinoamericanos se empiezan a quedar sin la principal bandera que enarbolaban contra Washington: Cuba y el bloqueo. Y los anticastristas se empiezan a quedar sin argumentos para condenar a la izquierda por sus relaciones con un régimen que conculca libertades y mantiene presos políticos en pleno siglo XXI. De hecho desde diciembre ya se constata una especie de desconcierto expectante en ambos.

 

De aquí en más, eso solo se acentuará. Y cuando llegue su hora, el fin del bloqueo podría ser el principio del fin de las ideologías en la región.