Cubanálisis   El Think-Tank

CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

El cuentapropismo por dentro

 

Waldo Fernández Cuenca, en Palabra Nueva

 

La sensación de que Cuba comenzó un proceso de cambio la tuve a las pocas semanas de que el Gobierno decidiera ampliar el trabajo por cuenta propia en octubre de 2010. Si antes de esa fecha debías caminar tantísimas cuadras para el simple acto de ingerir un refresco o encontrar una cafetería, ya no sucede así, en muchos puntos de la capital puedes observar portales invadidos de confituras, de ropa y de artículos de ferretería. La ciudad parece despertar de un largo sueño en que la iniciativa individual era frenada por la omniabarcadora presencia estatal. Casi 200 actividades han sido autorizadas y muchas de las regulaciones que, en un principio, limitaban poder despegar tu pequeño negocio, han sido levantadas. Sin embargo, persisten todavía muchos obstáculos y trabas, tanto de tipo material como legislativo, que dificultan el desenvolvimiento exitoso de la pequeña empresa privada y su necesaria expansión en aras de generar riqueza para el país. Palabra Nueva ha querido tomarle el pulso a las reformas económicas más audaces impulsadas por el gobierno de Raúl Castro y que todo parece indicar son irreversibles. Para ello, cuentapropistas de diversas actividades opinan sobre las luces y sombras de un proceso que tuvo su primera experiencia en la década del noventa y que hoy ha llegado para quedarse.

 

Una actividad que (re)comienza

 

El municipio de La Habana Vieja es el lugar por excelencia de los paladares privados en la capital; además del archiconocido Barrio Chino, abundan los pequeños y medianos restaurantes en varias zonas del centro histórico de la ciudad, que ofertan comida típica cubana tanto a nacionales como al turismo internacional. Uno de ellos es La Moneda Cubana, ubicado muy cerca de la Plaza de la Catedral. Su dueño, José Antonio Pérez Alonso, accede a conversar con nosotros sobre sus inicios y el desarrollo de su negocio en la actualidad: “Yo comienzo el negocio de este restaurant en 1995, a raíz de la apertura del cuentapropismo en Cuba, pues había quedado desempleado como consecuencia de las afectaciones por la caída del campo socialista. La primera condición que se exigía en aquel momento era que las personas quedaran excedentes por una razón de peso. Hubo un momento en que llegaron a existir treinta paladares en La Habana Vieja, pero teníamos muchas prohibiciones, por ejemplo, no podíamos vender langostas, camarones, carne de res, y muchos negocios cerraban porque sus dueños hacían lo que se les tenía prohibido; hubo una época en que los mismos funcionarios nos miraban mal, porque los extranjeros que venían a Cuba nos preferían a nosotros debido a que nos esforzábamos más, la comida era de mejor calidad, el servicio era más rápido, en sentido general éramos más eficientes. De aquellos treinta restaurantes, solo quedamos cinco. Yo pude continuar porque nunca vendí lo que me dijeron que no vendiera y ahora, sigo vendiendo lo mismo”.

 

Sobre la nueva apertura considera que: “Muchos de los obstáculos que tenían los paladares para prosperar han desaparecido con las nuevas regulaciones, ahora puedes ofertar cualquier producto, mientras esté respaldado por un vale o factura de una tienda estatal. A nosotros nos inspeccionan rigurosamente, pero las entidades estatales no nos garantizan muchos productos o la oferta no tiene estabilidad en la red de tiendas por divisas. En cada inspección, yo les hago saber a los funcionarios todas las dificultades que presento, porque hace mucho tiempo que no se reúnen directamente con nosotros para escuchar nuestras inquietudes; pienso yo que es por el temor a que no pueden resolver muchos de los problemas que vamos a plantear, pero deberían escucharlos al menos.

 

Alonso recuerda que “una vez me cerraron el negocio porque no tenía un vale de palillos de dientes, pero reclamé y me devolvieron la licencia. El inspector, afortunadamente, fue sancionado. El mayor problema, a mi entender, está en la exigencia tan rigurosa hacia nosotros sin garantía de ningún tipo. Excepto lo que uno compra en los mercados agropecuarios, en todo lo demás te exigen factura, pero en la mayoría de las unidades o tienen la caja rota o simplemente no tienen los vales. Yo tengo que vender, no puedo pasarme todo el día detrás de un jamón o una carne, y eso, si te lo exigen, debe estar garantizado. Pienso, además, que deberían bajar un poco los impuestos, hacerlos más personalizados para cada tipo de negocio, el mío que es de $1 500.00 pesos lo considero alto dada la cantidad de mesas que tengo y mis ingresos. Debería estudiarse también bajar los impuestos en la llamada temporada baja del turismo internacional, porque en ese período la afluencia de clientes disminuye”.

 

Muy cerca de allí se encuentra Doña Eutimia, un paladar que con apenas dos años de creado demuestra el empuje de la iniciativa individual, pues ya cuenta con casi veinte empleados y un clientela asidua. El éxito se debe –según el administrador, Albiel San Miguel– a “la esmerada atención y los precios asequibles, porque para nosotros lo más importante es que el cliente se vaya complacido y vuelva a nuestro paladar”. Doña Eutimia está ubicada en el número uno del sitio de viajes TripAdvisor, concebido para el turismo internacional hacia Cuba, sin embargo desearían contar con un mayor acceso a Internet y las redes sociales, pues por esa vía pudieran captar más clientes. La dificultad mayor que afecta a este paladar es la inexistencia de un mercado mayorista donde poder comprar a precios más bajos los productos que ofertan. Cuenta su administrador que “los precios del mercado minorista imposibilitan un margen mayor de ganancia, además muchas veces algunos productos se pierden y es difícil adquirirlos. Por ejemplo, en estos momentos no hay cubiertos de mesa en ninguna tienda o tienen unos precios extremadamente altos. A veces no encuentras carne por ningún lado y te vuelves como loco buscándola. Yo logro sortear estas dificultades porque nuestro menú incluye, en su mayoría, productos del mercado agropecuario, pero estas son dificultades reales”.

 

Inquietudes similares señala el dueño del restaurant El Chanchullero, negocio que solo tiene año y medio de creado y ha sabido ganarse la preferencia tanto de nacionales como de extranjeros; su dueño, Yosvany López, desearía poder hacer contratos con las empresas estatales que producen buena parte de lo que oferta en su paladar, pues “sería más ventajoso para nosotros y también para esas empresas”. Yosvany se pregunta también para qué se utilizan los impuestos que él paga, adónde van a parar, quisiera que alguien le explicara su destino final. Como toda persona emprendedora, sueña con abrir una cadena de Chanchulleros, pues tiene la marca patentada y solo espera la oportunidad de poder expandirse, porque “los negocios generan empleo y eso siempre es positivo”.

 

Lourdes Díaz, una cuentapropista dueña de una piñatera ubicada en una de las principales avenidas de la barriada del Mónaco, refiere que muchos de los artículos que vende en su piñatera debe comprárselos a particulares, porque “los precios de esos artículos en las tiendas estatales han subido mucho de precio y si lo adquieres no tienes margen de ganancia ninguna. Una de mis grandes dificultades es que no existe estabilidad ni en los productos ni en los precios que se venden en la red de tiendas por divisas. Por ejemplo, para que no me falten platos compro a $1.75 CUC el paquete y lo vendo a $50.00 CUP, o sea que mi margen de ganancia es mínimo y mayormente lo hago para que no me falte ese producto”. Similar criterio expresa otra cuentapropista dedicada a hacer bufetes para fiestas y cumpleaños, Maricela González cuenta que “escasean los platos en las tiendas y los que encuentras son a precios prohibitivos”, considera que los impuestos son extremadamente altos en su actividad, “solo un rollo de nylon vale $70.00 CUC (el triple de un salario medio en Cuba) y uno necesita además cubiertos, cajitas y los alimentos que ofertará. Hay que volverse un mago para encontrar las cosas”. Añade que “los impuestos son muy altos, pues debo pagar $455.00 CUP y los clientes no abundan”. Anécdotas como estas encuentras a diario en boca de cualquier cuentapropista y muchas otras que no podemos reflejar por las obvias limitaciones de espacio; todas ellas demuestran el estado actual de los pequeños negocios en una economía que no ha renunciado a la planificación centralizada como método principal de desarrollo.

 

Estado-cuentapropistas: una relación compleja

 

El ensanchamiento de la actividad privada en el país todavía es muy joven, esto genera una cadena de tropiezos y errores inevitables tanto para el que decide comenzar su propio negocio como para los cuerpos de supervisión e inspección estatales. Una de las principales inquietudes de muchos cuentapropistas proviene de los inspectores dedicados a supervisar esta actividad, en muchas ocasiones estos funcionarios no tienen la suficiente preparación para poder ejercer una correcta fiscalización y eso conlleva en ocasiones a una dinámica en la relación Estado-cuentapropista nada satisfactoria. José González Mejías, un vendedor de productos ahumados del municipio Diez de Octubre señala que “el pueblo no está preparado para asumir esa cantidad de leyes que se emiten constantemente, para canalizar el trabajo por cuenta propia, se está haciendo un trabajo educativo con respecto a eso, pero debe profundizarse más en ese aspecto”.

 

Considera además que “muchos de los obstáculos que enfrentamos provienen de funcionarios con una mentalidad obsoleta, que no caben ya dentro del marco jurídico-legal e institucional que se está gestando en el país. Hay una resistencia natural de estos funcionarios al cambio y eso trae como consecuencia que a veces se manipula la ley”. Mejías tiene planes de formar una cooperativa no agrícola de primer grado que está en fase de aprobación por las autoridades y por ello y para el éxito de su negocio se mantiene al tanto de todas las leyes que se emiten con respecto al cuentapropismo. Para él la profesionalidad y el respeto de los cuerpos de inspección “en muchos casos no son los idóneos y uno nota cierta manipulación de las leyes con el objetivo de extorsionar a los cuentapropistas o desestimularlos de comenzar su actividad. Eso no quita que cuando se infrinja una norma los inspectores impongan una multa o sepan hacer una advertencia, pero muchas veces son los mismos fiscalizadores los que cometen errores buscando un favoritismo personal. Pienso que este problema es una grieta que hay que sellar, ya que obstaculiza el trabajo por cuenta propia”. Su criterio es que “se está creando una confianza para que los cuentapropistas se sientan respaldados institucionalmente y estas acciones van contra esa voluntad gubernamental. Creo que no puede haber un desarrollo económico sustentable si no se trabaja por una mayor disciplina social”, concluye.

 

Mayda Ramos, quien es arrendadora de espacios en una avenida del municipio de Diez de Octubre sugiere que “se deben organizar mejor las inspecciones que se hacen a los cuentapropistas, porque no se sabe qué inspectores son los que tienen derecho a inspeccionarte y con qué frecuencia, eso no está claro y no conozco de ninguna reunión o documento que aclare eso. Ellos vienen cuando lo desean y a veces con una frecuencia muy alta y uno desconoce las razones, en ocasiones con señalamientos que no ameritan una multa. El cuerpo de inspección debe ganar en organización y rigurosidad, pues todavía adolece de estas dos cualidades para un mejor trabajo”.

 

Un reparador de cámaras digitales de Centro Habana, Orlando Untoria opina que “a veces vienen inspectores a cuestionarte tu trabajo, señalando defectos que no están, y eso me molesta. Noto también muy poca atención hacia nosotros, existe mucha falta de información, no hay un cartel en la Oficina de Administración Tributaria (ONAT) donde se hable de nuestros deberes y derechos, es a golpe de chisme que te enteras de muchas cosas. Se sacan leyes para nosotros que muchas veces nosotros mismos desconocemos, porque no hay orientación ni información”.

 

Burocracia al acecho

 

La legislación actual permite que empresas estatales puedan hacer contratos con cuentapropistas para que estos le brinden sus servicios, sin embargo la ineficiencia del sector estatal sale a la luz en historias como las de Orlando: “En mi opinión, el sector estatal funciona tan mal que hasta la paga es mala. Una vez yo redacté un contrato bien hecho con todas las de la ley, con asesoramiento jurídico y lo firmé entre una empresa y mi negocio. El contrato estipulaba el arreglo de tres cámaras y el pago se efectuaría por dos vías posibles, o bien me llevaban a cobrar el dinero o me lo pagaban en efectivo, tuve que esperar más de tres meses para poder cobrar mi dinero mediante un cheque y la justificación siempre era que no había dinero. Eso le sucede a otros cuentapropistas y desestimula lo que pudiera ser un beneficioso vínculo para ambas partes. Desde esa fecha, solo acepto pagos en efectivo”. Este joven cuentapropista de veinticuatro años añade que “a pesar de que nosotros podemos tener una cuenta bancaria, el banco no te acepta un cheque emitido por un cuentapropista para comprar determinado producto que te interese de una empresa estatal. Eso no lo entiendo”.

 

El titular de T. Reparo, uno de los pocos negocios que se dedica a la reparación de cámaras digitales, se refiere a una dificultad que le ha chocado bastante en su negocio, y es la imposibilidad de vender partes y piezas de repuesto de cámaras digitales, porque su licencia no se lo permite: “Yo siempre he trabajado con apego a la ley, y que no pueda vender estas piezas que importo de manera legal y que no se encuentran en las tiendas estatales no me parece bien, es un obstáculo que tengo para poder desarrollar mi negocio”. Este cuentapropista desearía, además, que le facilitaran otras vías de importación que no fuera la agencia DHL o la vía aduanal por su alto costo, “la cadena de gestión-importe-venta por estas vías se demora mucho, por lo que mi ganancia se reduce considerablemente”, expresa.

 

Lourdes Díaz habla de las limitaciones de su oferta de productos, debido a la interpretación tan estrecha que hacen las autoridades de la licencia otorgada, la suya es de venta y elaboración de artículos para fiestas y cumpleaños, y se le impide vender productos plásticos y de juguetería, de gran demanda entre sus clientes. Añade a estas limitaciones otra casi ridícula: “No se concibe un negocio de este tipo donde falten los globos; sin embargo ese artículo debe elaborarlo el vendedor, cuando se sabe que eso es muy difícil, por lo cual nos vemos imposibilitados de ofertarlo. Por ejemplo, un inspector ha ido a mi negocio y me ha dicho que no puedo vender determinadas postalitas, porque son de fábrica, dicen made in china, con el argumento de que tu licencia es de elaborador, pero uno no elabora todo lo que vende, también hace de revendedor de productos, porque el cliente busca siempre calidad y vistosidad”.

 

Marisela González opina que no hay uniformidad en el número y rigurosidad de las inspecciones estatales “porque un día viene uno y te dice que todo está bien y al otro día viene otro y te dice que esto no se puede vender, realmente en una piñatera uno no sabe qué puede vender, no existen criterios para regular y controlar, hay mucho desorden por parte de los fiscalizadores”.

 

La mentalidad de muchos funcionarios y algunas de las regulaciones vigentes impiden que locales en un pésimo estado constructivo puedan tener un mejor destino en manos de particulares. Mario Hernández, ingeniero dedicado a la reparación de televisores, cuenta su experiencia: “Con el tema del arrendamiento de locales también hay sus limitaciones, porque si, por ejemplo, el sector de la gastronomía estatal tiene cinco locales cerrados y un cuentapropista que no se dedique a la venta de alimentos le propone al Estado el arrendamiento de ese local pero con otro fin que no sea el de abrir una cafetería, se le niega esa posibilidad con el argumento de que esos locales solo deben ser para gastronomía, algo que veo mal, porque lo importante es utilizar el local y que el cuenta-propista pague sus impuestos. El resultado final es que el local sigue cerrado, se deteriora y se pierde la posibilidad de abrir un negocio, generar empleo, etcétera. Muchas veces, cuando pides un local en muy malas condiciones constructivas y donde asumirás los gastos de su reparación y mantenimiento, te dicen: ‘Vamos a reunirnos’; y enseguida te asalta una pregunta: ‘¿Pero hay otras solicitudes además de la mía?’; y ellos te responden: ‘No, es que debemos analizarlo’, lo cual resulta increíble, pues además de que asumirás por entero la reparación del local, debes esperar pacientemente a que ‘sea analizado y pensado’, esa manera de ver las cosas, de trabajar tan burocrática y retardataria -a mi juicio- es la que dificulta el trabajo por cuenta propia”.

 

A manera de epílogo

 

El desabastecimiento crónico, los altos precios de la red de tiendas en divisas y la inexistencia de un mercado mayorista que, a precios asequibles, permita a los pequeños negocios su desenvolvimiento exitoso son los mayores problemas que enfrenta este sector en la actualidad. Casi todos los cuentapropistas que ofrecen servicios de reparación de equipos eléctricos trabajan con herramientas y piezas traídas del exterior o conseguidas en el mercado subterráneo; muchas otras actividades trabajan con equipos y materia prima conseguidos allende nuestras fronteras o han adquirido su capital inicial por mediación de familiares o amigos que se lo facilitan; lo anterior demuestra que el espíritu emprendedor del cubano nunca se apagó, pero desconocemos qué tan lejos llegaría, si las condiciones en que desenvolviera su actividad fueran más idóneas.

 

Uno de los grandes dilemas de la economía cubana en las últimas décadas ha sido la aceptación, a regañadientes, del mercado como herramienta para generar riqueza y prosperidad. Los más prestigiosos economistas cubanos han señalado, una y otra vez, la necesidad de asumir un modelo de profunda vocación social, pero que apunte -con características propias- hacia las experiencias más exitosas del mundo donde el mercado ha alcanzado un protagonismo creciente, en busca del necesario despegue productivo que nos urge. Ese es el reto mayor para que nazca verdaderamente una nueva Cuba.