Cubanálisis El Think-Tank

REPRODUCCIÓN DE UN ARTÍCULO SOBRE CUBA

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

El congreso de Raúl Castro y la 'vieja guardia'

 

Rui Ferreira, El Mundo

 

Fue el congreso de Raúl Castro pero terminó con la "vieja guardia" siguiendo al frente de los destinos del país.

 

El sábado, Castro abrió el cónclave con una crítica demoledora a la inercia partidista. No tuvo piedad con los viejos dirigentes de la Revolución – él incluido – y faltó poco para decirles que en ese preciso momento estaban detenidos en el tiempo.

 

Fue un fuerte crítico de las falsas unanimidades, se autocriticó por no haber preparado un relevo y dijo claramente que el partido tiene que dejar de interferir en las actividades estatales, que necesitan 'volar' por si mismas, si quieren implantar las reformas que les estaba proponiendo.

 

Y les sentenció el futuro al anunciar que los cuadros estatales y partidistas, incluyendo a si mismo, a partir de ahora tendrán sus mandatos reducidos a dos de cinco años. Que se acabó la eternidad en el poder, les dijo.

 

Por momentos, fue la materialización de lo que muchos observadores estaban previendo, que Cuba decidió adoptar el modelo chino, o sea, darle la oportunidad al desarrollo del sector privado pero manteniendo el control político de la sociedad, renovando los líderes supremos regularmente.

 

Pero este martes, todo parece haber quedado en lo mismo. Las imágenes lo muestran. Se sigue votando con la misma unanimidad de siempre, en un pueblo alegre y despreocupado donde las opiniones varían consonante la hora del día.

 

En la primera votación de la dirigencia del país, los delegados optaron por la vieja guardia. No separaron el partido comunista del Estado, escogieron como segundo de Raúl Castro a José Ramón Machado Ventura, considerado uno de los elementos claves de la línea dura de la organización.

 

Machado es un viejo médico que acompañó a los Castro en la epopeya de la Sierra Maestra, pero que en las últimas cuatro décadas se ha dedicado a controlar la organización del partido. Ahora es el sustituto total de Raúl, sea en el partido o en el Estado.

 

En tercer lugar queda Ramiro Valdés, ex ministro del Interior durante los años duros de la década de 60 y 70, ahora al frente de la industria de telecomunicaciones del país, nuevo frente de batalla ideológico por el "peligro" que representa para el régimen, en su óptica, el surgimiento de Internet.

 

Dos dirigentes, a todas luces inamovibles, cuya manutención es un indicio claro de que tardará todavía algún tiempo antes de que la sangre nueva comience a fluir por la venas de la dirigencia del partido comunista cubano.

 

Fidel Castro, desde su casa en el oeste de La Habana donde siguió el congreso a la distancia, ya lo había augurado en una de sus reflexiones, publicada el martes y que los delegados leyeron antes de la elección de los órganos dirigentes de primera línea.

 

"Había algunos compañeros que, ya por sus años o su salud, no podrían prestar muchos servicios al Partido, pero Raúl pensaba que sería muy duro para ellos excluirlos de la lista de candidatos. No vacilé en sugerirle que no se excluyera a esos compañeros de tal honor, y añadí que lo más importante era que yo no apareciera en esa lista", dijo el fundador de la Revolución Cubana.

 

Y lo apoyó en persona. Para no quedar en la historia como el primer dirigente político comunista de primera línea que no participa en un congreso partidista, apareció el último día y, en silencio ante una ovación monumental de los delegados, terminó de refrendar el traspaso de la organización a su hermano.

 

Fue algo así como una "evolución en la continuidad".