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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

El colapso de la economía cubana y la máquina del tiempo

 

Roberto Álvarez Quiñones, Especial para AOL Latino

 

En los años 80, con el avance político del Sindicato Solidaridad, los polacos formularon una muy sencilla definición del comunismo: "es un largo y tortuoso camino que va del capitalismo al capitalismo".

 

En el caso de Cuba, la revolución socialista se puede definir literariamente como un "viaje a la semilla". Así se titula un cuento de Alejo Carpentier que comienza con la muerte del protagonista y termina cuando éste se introduce de nuevo en el vientre de su madre, poco antes de nacer.

 

En eso consiste la "actualización del modelo económico" emprendida por el gobierno de Raúl Castro. Lo que pasa es que el país realiza este viaje al punto de partida en la máquina del tiempo inventada por Herbert G. Wells, que lo mismo va hacia adelante que hacia atrás, con jalones de timón que le dan un rumbo errático. Por eso no se sabe cuándo llegará a su destino.

 

Con el Decreto Ley 891 del 13 de octubre de 1960, que nacionalizó todas las empresas grandes y medianas de la nación (386 en total), y otra ley del mes anterior que confiscó la banca estadounidense, la isla fue llevada a los albores de la revolución bolchevique en la Rusia de 1917.

 

Luego, con la Ofensiva Revolucionaria de 1968, que suprimió los 58,012 pequeños negocios que aún existían, fue trasladada al absolutismo monárquico tipo Luis XIV de Francia, cuando el Estado lo era todo, el rey un dios terrenal, y el individuo absolutamente nada.

 

Ahora, con Fidel Castro "medio" retirado por enfermedad Cuba deja atrás el siglo XVII y se acerca de nuevo a 1968, para hacer una escala que podría prolongarse hasta que él y su hermano Raúl desaparezcan del escenario político. Luego el país continuará viaje a 1959, pues sólo con un sólido sector privado se podrá comenzar la colosal tarea de reconstrucción.

 

La "actualización" mencionada es un regreso al 13 de marzo de 1968, antes de que el dictador decretase la supresión de los pequeños negocios y el trabajo por cuenta propia. Hasta plomeros y afinadores de pianos fueron estatizados.

 

"Nosotros -dijo Fidel aquella tarde- no podemos estimular ni permitir siquiera actitudes egoístas en los hombres si no queremos que los hombres sigan el instinto del egoísmo, de la individualidad, la vida del lobo, la vida de la bestia, el hombre enemigo del hombre, explotador del hombre, poniéndole zancadilla al hombre..."

 

En su alocución calificó a los cuentapropistas de "holgazanes en perfectas condiciones físicas, que montan un timbiriche, un negocio cualquiera, para ganar 50 pesos todos los días..."

Y con otra estocada remató: "Debemos ir proponiéndonos, firmemente, poner fin a toda actividad parasitaria que subsista en la Revolución... ¿vamos a hacer socialismo o vamos a hacer timbiriches?"

 

¿Cómo queda Fidel Castro ante la historia –que él tanto invoca-y ante el pueblo cubano cuando hoy el mismo gobierno castrista (continuado por Raúl) admite que aquello fue un disparate, fomenta la "actividad parasitaria", el timbirichismo, y anuncia que despedirá a un millón de trabajadores en menos de dos años? ¿No siente vergüenza su hermano ahora "presidente" por haber sido corresponsable de semejante fracaso?

 

Ninguno de los dos ha pedido disculpas, y con su habitual soberbia llaman "actualización" a lo que es una rectificación de algunas de las locuras más letales cometidas durante décadas.

 

Sorpresas del 'timbirichismo'

 

El timbirichismo -economía informal legalizada- no sacará al país de su abismo, pero sí podría conducir por inercia al modelo híbrido chino del que hoy reniega el régimen. Mínima y asfixiada con impuestos feudales, la apertura de espacios a la actividad privada pudiera generar una dinámica económica propia que, pese a controles de todo tipo, podría desviar por otros senderos los planes del castrismo.

 

Esto ya es tema de debate -en voz baja y en privado- en la cúspide partidista y gubernamental. Quienes perciben que el comunismo tropical agoniza observan deslumbrados a los prósperos empresarios privados chinos que hacen negocios protegidos y apoyados por el mismo Partido Comunista de Mao Tse Tung, que antes prohibió la propiedad privada y realizó la iconoclasta revolución cultural.

 

China es un ejemplo de cómo una dictadura marxista puede seguir en el poder si sustituye el sistema económico estatista por un capitalismo de Estado –que Beijing llama "socialismo de mercado"- en el que el protagonismo económico pasa en buena medida al sector privado bajo control, incluyendo inversiones extranjeras megamillonarias.

 

El capitalismo de estado sólo es factible en un sistema político totalitario, ya sea fascista, socialista, o teocrático, sin ceder ni un palmo en materia de derechos civiles, democracia, y libertades. En la primera mitad del siglo XX lo hubo en Alemania, Italia, Portugal, España. Y Getulio Vargas lo intentó hacer en Brasil con su "Estado Novo", inspirado en el régimen fascista de Lisboa. El argentino Juan Domingo Perón también sintió cierta atracción por dicho modelo, que llamó "ensayo de socialismo nacional, ni marxista, ni dogmático".

 

Debido a tanto atraso y penurias, los cubanos recibirían como un alivio a un capitalismo con dictadura (palos y zanahorias). Pero ni siquiera esos son los planes castristas. Las reformas chinas las emprendió el sustituto de Mao, Deng Xiaoping, bajo la consigna más anticomunista pronunciada jamás: "enriquecerse es glorioso".

 

Fidel no va aceptar que él con su estalinismo causó la debacle cubana, que se equivocó todo el tiempo y cometió disparates asombrosos. Y Raúl, coautor de los desmanes, no va a humillar a su hermano, y no querrá "abrir la mano" totalmente si Fidel fallece.

 

Los "Lineamientos" aprobados en el VI Congreso partidista advierten que "la planificación socialista seguirá siendo la vía principal para la dirección de la economía", y que abarcará también "a las formas no estatales que se apliquen". El documento – Biblia castrista actual- precisa que "no se permitirá la concentración de la propiedad en personas jurídicas". Es decir, se fomentará sólo la precaria economía de subsistencia por cuenta propia de los tiempos de Juana de Arco.

 

No obstante, la gravedad de la crisis puede ir alimentando la presión de los pragmáticos que apuestan por hacer algunas reformas "a la china", sin apertura política alguna. Esta puja explica el anuncio reciente de que desde enero próximo el Estado podrá contratar al sector privado servicios de alimentación, limpieza, construcción, transporte y otros. Al menos teóricamente, esto rompe el monopolio estatal en el comercio vigente desde 1968.

 

En tanto, familiares de los dirigentes, generales, coroneles, y burócratas encumbrados copan el control de las empresas que aún valen la pena y las vinculadas al capital extranjero. Se preparan como nueva burguesía, no importa si del tipo chino, occidental, o venusiana.

 

A la vez, la nomenklatura política contempla nerviosa la Espada de Damocles que pende sobre ella: Hugo Chávez puede morir o ser derrotado políticamente. Con la economía paralizada sin los subsidios y el petróleo venezolano (65% del consumo nacional), el artefacto de Wells podría continuar viaje a la semilla y detenerse en el 1 de enero de 1959, luego de la huida del dictador Fulgencio Batista del país.