Cubanálisis   El Think-Tank

CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

El círculo vicioso

 

Orlando Freire Santana, La Habana, en Diario de Cuba

 

No hay dudas de que un aumento salarial a los trabajadores y un incremento en la productividad serían bienvenidos en las actuales condiciones de la sociedad cubana. Sin embargo, la dependencia existente entre ambos elementos hace que con frecuencia sea necesario incentivar uno para que el otro reaccione favorablemente.

 

A los cubanos —que observamos con preocupación los bajos niveles salariales y de productividad— parece presentársenos una apremiante disyuntiva: sobre cuál de ellos actuar primeramente, con la esperanza de que su contraparte resulte estimulada.

 

Los trabajadores reclaman un aumento salarial para poder satisfacer necesidades elementales, pues los precios de numerosos artículos de amplio consumo se elevan sin cesar. También continúan las quejas por la sobrevaloración del peso convertible (CUC) —única moneda con la que pueden comprarse bienes de más calidad en las Tiendas Recaudadoras de Divisas (TRD)— con respecto a la moneda nacional, que es con la que el gobierno paga. En varias cartas aparecidas en la prensa oficialista —todas desde posiciones afines al gobierno—, los firmantes opinan sobre esta insoportable situación: se argumenta que los bajos salarios no motivan a los trabajadores, y por tanto estos no laboran con el entusiasmo y la eficiencia requerida, razón por la cual resulta poco probable un despegue de la productividad.

 

Las autoridades, por su parte, insisten en que no deben esperarse aumentos salariales mientras no haya incrementos en los niveles de producción y en la productividad del trabajo. Se trata de un planteamiento que parece contar con la más elemental lógica económica. Es perjudicial la puesta en circulación de medios monetarios sin un debido respaldo en bienes y servicios, pues ello puede ser la fuente de un proceso inflacionario, o de una escasez y racionamiento extremos si el Estado desea controlar los precios, como ha sido la generalidad del caso cubano.

 

También se suele justificar esta subordinación del salario a la productividad bajo el precepto de que no puede distribuirse una riqueza que no ha sido creada. En las palabras finales del acto por el 26 de julio en Guantánamo, Raúl Castro ratificó que en este momento no era aconsejable aplicar aumentos salariales debido a los pobres comportamientos de la producción y la productividad. Esto, a pesar de reconocer que los trabajadores de sectores como la educación y la salud pública eran merecedores de mayores retribuciones.

 

Autonomía empresarial, ¿una posible respuesta?

 

El contrapunteo entre el salario y la productividad se inscribe en el contexto de un indicador económico a menudo vuelto mediático: la correlación entre el salario medio y la productividad del trabajo.

 

Se trata de uno de los indicadores más recurrentes a la hora de calibrar el estado de salud de la gestión económico-productiva, y que presupone un mayor crecimiento de la productividad para que el desempeño sea positivo. En los últimos años ha venido manifestándose un continuo deterioro en la referida correlación; es decir, que el salario medio ha crecido más que la productividad del trabajo. Semejante situación no sería más que la punta del iceberg de problemas y deficiencias que desde hace mucho arrastra la economía cubana, como son, entre otros, las plantillas infladas y la excesiva presencia  en centros laborales de trabajadores no vinculados directamente al proceso productivo.

 

Volviendo al tema de la encrucijada que nos ocupa, algunos especialistas coinciden en señalar una medida que colocaría a la productividad como una variable independiente: el otorgamiento de una mayor autonomía a las empresas. Una empresa con verdadera autonomía, aducen, es aquella en la cual el plan económico no se le convierte en una camisa de fuerza, y por tanto puede reaccionar con rapidez ante los cambios del entorno, lo que significa poder escoger a nuevos clientes y proveedores, así como modificar los precios de sus producciones.

 

Además, las entidades deben disponer de mayor facultad para disponer de las ganancias generadas en su gestión. Cuando esto suceda, es muy probable que los colectivos laborales adquieran mayor sentido de pertenencia, y comiencen a trabajar con más dedicación.

 

Sin embargo, está por ver si la Ley de la Empresa Estatal, que según la más reciente sesión de la Asamblea Nacional del Poder Popular, se encuentra en estudio para su próxima aplicación, será capaz de aportarles a las entidades la autonomía necesaria.