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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

El biogás… o epílogo de la “revolución energética”

 

Miriam Celaya, SinEVAsión

 

 Se dice que la necesidad es la madre de la invención, refrán que podría explicar la proverbial fama de “inventores” de los cubanos, siempre sobrados de necesidades. Sin embargo, la invención es un proceso que, para erigirse en fuente de bienestar y progreso, requiere de ciertos recursos materiales y de libertades ciudadanas, más allá de imaginación, inteligencia o ganas de hacer, de lo contrario se convierte en retroceso.

 

Es así que la célebre inventiva cubana -al menos durante el último medio siglo- se ha manifestado fundamentalmente en la filosofía de la miseria, donde cada invento se inspira, no en la creación de algo verdaderamente nuevo y revolucionario (y aquí el término se refiere al aspecto técnico), sino en la reforma o el parche de viejos equipos ya inventados o -como solemos decir- en el descubrimiento del agua tibia, que consiste en retomar lo que fue novedad en el siglo XIX y aplicarlo como bueno en nuestra actual indigencia cotidiana. Los ejemplos sobran, pero recientemente el periódico Granma (miércoles 12 de septiembre de 2012, pág. 3) nos ofreció uno de los innumerables casos que, además, en la prensa oficial se presentan como paradigma de la eficiencia.

 

“Obtienen en Pinar del Río… Biogás en bolsa”, es el título de un largo artículo de media plana donde se nos informa en un tono cargado de optimismo que envasar el biogás en bolsas de plástico “ya se logra con éxito en Pinar del Río”, algo novedoso, aunque es solo una experiencia “aislada”,  pero que “podría trascender como una innovación de gran utilidad”.

 

Es sabido que el biogás resulta altamente inflamable, así que el redactor se apresura a tranquilizarnos: se trata -dice el artífice de la iniciativa- de un proceso seguro, ya que el biogás puede ser recolectado en las mismas bolsas de plástico que se emplean en la Fábrica de Conservas la Conchita para el almacenamiento de la pulpa de tomate, las cuales son “selladas herméticamente, muy resistentes y capaces de soportar altas temperaturas”. Añade que “con ellas no hay necesidad de comprimir el gas y, por tanto, el procedimiento resulta mucho más sencillo y eficiente”. Así de fácil es un proceso en el que cada dispositivo (bolsa) demora alrededor de 30 minutos en llenarse y “aporta biogás suficiente para que una familia de tres personas pueda elaborar sus alimentos durante dos días”.

 

Aunque la utilización del biogás no es ni mucho menos un descubrimiento reciente, y se conocen numerosas experiencias de su aplicación no industrial en diversas regiones del planeta, el reporte se regodea en las ventajas de este combustible. Entre ellas, nos recuerda el periodista que se trata de una fuente de energía renovable; beneficia el medio ambiente al aprovechar un gas que, en caso contrario, iría a la atmósfera aumentando la contaminación por CO2 y permite hacer economías a la familia al disminuir el consumo de electricidad. La idea es sustituir el consumo de energía eléctrica en la cocción de los alimentos, debido a que esta última es la que usualmente se utiliza “en la mayoría de los hogares cubanos” gracias a aquella llamada revolución energética (¿se acuerdan?) promovida hace pocos años por el Innombrable (¿también se acuerdan de él?).

 

Pero, fundamentalmente, el artículo promueve la innovación del envasado de biogás en bolsas de plástico, un proceso que describe tan simple que permite extender su explotación al prescindir de instalaciones de conductos para llevar el biogás desde el sitio donde se colecta hasta las cocinas de las viviendas y, de paso, este sistema evita las complicaciones sanitarias potenciales de dichas instalaciones.

 

Como colofón del artículo aparece un pequeño recuadro que ilustra las bondades indiscutibles del invento generado desde la creatividad de un innovador cubano para resolver un problema local y que la prensa oficial presenta como paliativo de la crisis energética que viven centenares de miles de hogares cubanos, sin mencionar la que se nos avecina. Dice textualmente el recuadro:

 

Se estima que un metro cúbico de biogás lanzado a la atmósfera sin combustionar equivale a una tonelada de CO2.

En cambio, su aprovechamiento permitiría cocinar tres comidas para cinco personas o generar una energía equivalente a 0,5 litros de diésel, 0,6 litros de keroseno o 1,6 KW/h de electricidad. Para ello, según la bibliografía consultada, basta con procesar durante un día las excretas de tres vacas, cuatro caballos, nueve cerdos, diez carneros o 130 pollos.

 

He ahí, señores, el quid de la ecuación… O mejor dicho, la esencia de la innovación cubana. Resulta que el invento es en verdad económico, sólo requiere que el aspirante a consumidor de biogás encuentre alguna manera de apropiarse de las bolsas de plástico de una fábrica de conservas cercana a su domicilio, lo cual quizás no sea tan difícil si tiene algún posible proveedor que trabaje allí, si el administrador de ésta es amigo suyo –en cuyo caso puede disponer de los recursos del Estado– o si acepta vendérselas a un precio razonable, si es que en esta Isla algún precio puede ser calificado así. Resuelto ese pequeño inconveniente quedaría el nimio detalle de contar con tres vacas, cuatro caballos, nueve cerdos, diez carneros o 130 pollos, cuyas heces fecales garantizarían la cocción de tres comidas de la familia, siempre que ésta conste de solo cinco miembros.

 

En otras palabras, la caca sería la vía más expedita para servir la mesa. Lo demás sería rezar para que no se aparezca algún invitado que altere la escrupulosa planificación de la bolsa de biogás familiar. Aunque, pensándolo bien, siempre quedaría el recurso de hacer una rápida colecta de materia prima para este combustible con el aporte voluntario de los familiares y vecinos, habida cuenta de la también proverbial generosidad de los cubanos. Solo me queda una preocupación, y es que pueda aparecer otro innovador que descubra la manera de hacer más productivo y eficaz este recurso a partir de la utilización de algún purgante… ¡Solavaya!