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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Duras vivencias que no deben soslayarse

 

En los últimos 53 años la Iglesia Católica ha afrontado muchas dificultades, pero no se ha mantenido ajena a acontecimientos relevantes y delicados sucedidos en Cuba, afirma la autora de este artículo

 

Miriam Leiva, La Habana, en Cubaencuentro

 

El último domingo de marzo de 2003, seis mujeres vestidas de blanco participamos por primera vez en la misa de la Iglesia Santa Rita de Casia, virgen de las causas imposibles o muy difíciles. Por entonces, a cada una nos seguían hombres jóvenes vestidos de civil. Eran agentes de la Seguridad del Estado, que también rodeaban nuestras viviendas y procuraban impedirnos relacionarnos con la atemorizada población y con los pocos extranjeros que se encontraban en Cuba deseosos de expresarnos su solidaridad.

 

Nos escabullimos de muy diversas formas. Llegamos a la iglesia sin avisar, sin consultar si seríamos bienvenidas, lo dábamos por hecho, pero creamos un verdadero caos en el ambiente apacible y de devoción religiosa al que iban los feligreses, que con muchas dificultades aumentaban. A partir de ese domingo, llegados desde temprano, los represores merodeaban por los dos parques aledaños y se esparcían por el templo, reconocibles no solo por su aspecto, sino sobre todo porque desconocían el rito, aunque con la asiduidad algunos aprendieron a rezar y cantar.

 

Sabíamos que desde hacía algún tiempo una organización de madres de prisioneros políticos, vestidas de blanco y negro, asistía a esa iglesia, y tratamos de unirnos a ellas. Sin embargo, la presión fue tan grande que ellas decidieron peregrinar por otras, lo cual resultaba comprensible. De esa manera, las esposas, madres, hijas, hermanas y tías de los 75 fuimos arropadas por Santa Rita y en cada ocasión éramos más, según nos conocíamos en las visitas a las prisiones o nos comunicábamos de diversas formas.

 

En marzo de 2005 sobre 30 mujeres, vestidas de blanco y con gladiolos rosados en mano, se abalanzaron más de 200 “reunidas espontáneamente”, bandera cubana y carteles muy bien elaborados en mano, vociferando gritos insultantes. Nosotras continuamos caminando, entonando cantos religiosos. Los parques estaban llenos de hombres, y también alguna mujer, con botas militares, equipos de comunicación en mano. Era el reinicio de los “mítines de repudio” contra los pacíficos opositores y contra personas que solamente pretendían salir de Cuba, realizados en las décadas de 1980 y 1990.

 

La Iglesia Católica Cubana fue la única institución nacional que condenó el encarcelamiento de los 75 y pidió su libertad mediante un documento de la Conferencia de Obispos, el 11 de abril de 2003. Su jerarquía, sacerdotes, monjas, diáconos, laicos y creyentes nos ayudaron en todo el país, incluso brindando alojamiento cuando teníamos visitas a los familiares que cumplían sus condenas a cientos de kilómetros de distancia de nuestros hogares. Los sacerdotes solicitaron brindarles asistencia religiosa en las prisiones, algo que solo lograron hacia la etapa final de su encarcelamiento.

 

Usualmente nos reuníamos en La Habana, lo cual resultaba muy difícil para todas, pero especialmente para las mujeres del interior del país, que eran vigiladas para que no salieran de sus hogares. La policía política les retiraba los carnés de identidad y, si lograban introducirse en algún transporte, los paraban en las carreteras, bajaban a ellas y a sus pequeños hijos o ancianos padres para conducirlos de vuelta en sus autos LADAS usualmente blancos, pues las mujeres se negaban a montar las patrullas policiales. Sin embargo, la mayoría lograba llegar o lo hacía el mes próximo. No puede olvidarse el “mitin de repudio” a Isel Acosta, esposa de Blas Giraldo Reyes; una mujer sola que desde la tarde hasta entrada la madrugada soportó gritos y golpes en la puerta, que estuvo a punto de caer. Allí, en Sancti Spiritus, como los vecinos no se prestaron a esa barbarie, llevaron ómnibus cargados de empleados de empresas del Gobierno y estudiantes extranjeros de la universidad.

 

En La Habana, también íbamos al Santuario de la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba, los 8 de septiembre para participar en la procesión usualmente encabezada por el Cardenal Jaime Ortega y a la misa por la “celebración mariana” (de María, madre de Dios) que oficia. Igualmente asistíamos a la misa de la Iglesia de la Merced, patrona de los presos, los 24 de ese mes. Siempre escoltadas por los oficiales que pululaban por las calles aledañas, importunando a miles de creyentes, que poco a poco se acostumbraron y esa presión no ha impedido que aumente de año en año la participación. Por cierto, muchas personas llevan ropa blanca como se viste a las bellas imágenes de la Virgen de la Merced en los altares de su Iglesia, en el humilde barrio de la Habana Vieja; color coincidente con el tradicional de ritos afro-cubanos y de las Damas de Blanco, que lo escogieron por representar la paz, el amor y la reconciliación entre los cubanos. Éramos mujeres a quienes la injusticia y la crueldad contra cubanos pacíficos nos convirtieron en voces. La mayoría no participaba en las actividades de ellos; había muchas amas de casas, humildes trabajadoras, alguna veterinaria, ingeniera, abogada, médica o ex diplomática.

 

Por aquellos días iniciales, cuando muy pocos familiares y amigos nos apoyaban, y los vecinos solidarios se acercaban cuando estábamos a cuadras de distancia de nuestros hogares, lejos de la vigilancia de los informantes, los Comités de Defensa de la Revolución y otros “factores”, éramos invitadas a recepciones de algunas embajadas acreditadas en La Habana, donde teníamos oportunidad de exponer nuestra situación también a otros cubanos asistentes. En una ocasión saludé a Monseñor José Félix Pérez, quien me presentó al Cardenal Jaime Ortega, lo que aproveché para referirme a nuestra súbita y problemática presencia en la Iglesia Santa Rita de Casia. “Las puertas de las iglesias están abiertas a todos los cubanos. Ustedes son bienvenidas”, respondió. Ellos no preguntaron cuántos prisioneros de conciencia de los 75 y sus familias eran católicos o creyentes.

 

Pepe Félix, como cariñosamente es llamado el sacerdote de esa iglesia, desde hace muchos años ocupa un destacado cargo en la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba (COCC). Su comprensión, afabilidad y paciencia durante tantos años ha sido un sostén religioso y humano inmenso. El cardenal Jaime Ortega, además de máxima representación católica en Cuba, ha sido Presidente de la COCC en tres períodos consecutivos (1988-1998), y nuevamente de 2001-2004 —cuando los días 18, 19 y 20 de marzo de 2003 ocurrió la asonada represiva—, y desde entonces es su vicepresidente. Por consiguiente, ha encabezado y compartido sus decisiones, al tiempo que ha contado con el apoyo para la realización de las conversaciones con el presidente Raúl Castro, en las que participa Monseñor Dionisio García Ibáñez, arzobispo de Santiago de Cuba y presidente de la Conferencia, las cuales en 2010 disminuyeron el fuerte acoso a las Damas de Blanco y resultaron en la excarcelación de los 75. A pesar de que la mayoría de las damas originales abandonaron Cuba, esa agrupación decidió continuar sus actividades integradas mayoritariamente por las mujeres de apoyo, cuyo concepto desapareció para convertirse todas en Damas de Blanco, y continúan asistiendo a misa en la Iglesia Santa Rita de Casia y otras en diversos templos de Cuba.

 

La jerarquía católica ha proseguido sus conversaciones con ellas. El 6 de julio, el Cardenal se reunió con cuatro representantes durante tres horas y cuarenta minutos. Entonces Berta Soler, quien dirige las Damas de Blanco, manifestó a la prensa extranjera: “Tuvimos una reunión muy abierta, fue muy receptivo el cardenal. Tenemos confianza, fe en él, puesto que tenemos mucho que agradecerle por la excarcelación de nuestros seres queridos”. A El Nuevo Herald dijo que “fue un diálogo abierto, donde él nos escuchó y nosotras lo escuchamos. Estamos muy contentas”. Según la fuente, subrayó que las mujeres estarán eternamente agradecidas a Ortega por interceder a su favor ante Castro en 2010, cuando turbas organizadas por el Gobierno las acosaban habitualmente con gestos y palabras obscenas. “Sabemos que las puertas de la Iglesia nunca han estado cerradas para las Damas de Blanco. Nosotras vamos a seguir tocando las puertas de la Iglesia Católica”.

 

El Arzobispado de La Habana, y la Iglesia Católica de Cuba en general han mostrado notable consternación por el trágico deceso de Oswaldo Payá Sardiñas y apoyado a su familia, no solo durante su velatorio en la Iglesia Parroquia de El Salvador y sus honras fúnebres. Durante la misa funeral, el Cardenal Jaime Ortega expresó: “Oswaldo tenía una clara vocación política y esto, como buen cristiano, no lo alejó de la fe ni de su práctica religiosa. Al contrario, siempre buscaba en su fe cristiana inspiración para su opción política. Y esto no lo alejaba de la Iglesia, porque la aspiración a participar en la vida política de la nación es un derecho y un deber del laico cristiano. La Iglesia pide a sus laicos que tengan una consideración especial del llamado del Evangelio a participar en la transformación de la humanidad, actuando en la medida de sus posibilidades, en el quehacer político de su país. La Iglesia, por medio del Magisterio de los Sumos Pontífices, lo ha repetido en muchas ocasiones… Ahora bien, la llamada a una sana acción política y la solicitud de espacios para su realización presentada por la Iglesia a los gobiernos, está hecha a favor de los laicos. La jerarquía, Obispos y clero en general, no deben hacer opción política partidista en ningún caso”.

 

En los últimos 53 años la Iglesia Católica ha afrontado muchas dificultades, pero no se ha mantenido ajena a acontecimientos relevantes y delicados sucedidos en Cuba. Como al parecer se desconocen, se sea creyente o no, sería muy oportuno acercarse a sus miembros y leer sus documentos, incluidos los emitidos por el Cardenal Jaime Ortega. Resulta la institución con mayor prestigio y arraigo entre la población. Su ascenso se ha evidenciado durante la conmemoración del 400 aniversario del hallazgo de la imagen de la Virgen de la Caridad, y la estancia del Papa Benedicto XVI. Sus esfuerzos no solo se han ceñido a la evangelización y la ampliación de los espacios religiosos. Está muy viva en los asuntos de la sociedad actual, a pesar de las dificultades para avanzar.

 

Miriam Leiva es cofundadora de Damas de Blanco. Activa participante hasta fines de 2008, cuando se concentró nuevamente en su labor como periodista independiente, siempre manteniendo la estrecha vinculación y solidaridad con los 75 prisioneros de conciencia, sus familias y otros.