Cubanálisis El Think-Tank

CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Dominación, injusticia y nación

(Teoría político-moral del reconocimiento social)

 

Iván César Martínez, La Nación Cubana

 

Primero se llevaron a los negros

pero a mi no me importó

porque yo no lo era

Enseguida se llevaron a los judíos

pero a mí no me importó

porque yo tampoco lo era.

Después detuvieron a los curas

pero como yo no era religioso,

tampoco me importó.

Después detuvieron a los curas,

pero como yo no era religioso,

tampoco me importó.

Luego apresaron a los comunistas,

pero como yo no era comunista

tampoco me importó.

Ahora me llevan a mí

pero ya es demasiado tarde.

 

El ser humano es un ser social y por tanto se encuentra sumergido en un sinnúmero de relaciones vinculantes que inciden en su individualidad. En sociología se estudia mayormente la contradicción que se produce en el espacio social entre las posiciones que asumen los individuos y las actitudes que asume el conjunto social (sociedad). Esta natural contradicción individuo-sociedad, se va resolviendo en un proceso de interacción dialéctica de acción-reacción-síntesis o de unidad de los contrarios en el proceso de engendrar la síntesis.

 

Sin embargo, esto que describimos arriba, suele suceder en sociedades incluyentes, tolerantes, inter-culturales, democráticas, donde como norma, se produce un amplio reconocimiento social de todos sus integrantes, y en las cuales el poder económico y político, no está exclusivamente controlado por una élite totalitaria, autocrática, semitotalitaria, autoritaria, de hegemonía religiosa, supremacía racial o control político sectario. Nos interesa en este trabajo entrar a analizar el reconocimiento social como fenómeno político y social cuya plena existencia o inexistencia, dentro de una sociedad particular, determina el rumbo, progreso, retroceso, legitimidad pacífica o inestabilidad permanente de cualquier país y aquí en particular nos referimos a Cuba.

 

La humillación sistemática a un grupo social determinado dentro de la sociedad es la negación sistemática del reconocimiento social e individual de las personas pertenecientes a ese sector de la sociedad.

 

Para el filósofo Axel Honnett (discípulo del gran filósofo alemán Jurgen Habermas) el ser humano despreciado (humillado) y sin reconocimiento social, pierde su integridad, sus derechos, su autonomía personal y su autonomía moral.

 

Honnett señala que la humillación, la desposesión de derechos, el desprecio y la exclusión social, no sólo producen una radical limitación de la autonomía personal sino que provoca un sentimiento de no ser un sujeto moralmente igual a otros y además válido, ya que no se le reconoce (como a una persona igual a las otras) la capacidad d formar juicios morales. [1]

 

La injusticia que crea la marginación, la exclusión social, y la falta de discurso propio, son propiciadas por las élites de poder, quienes son también los creadores de la “invisibilidad’ social  que sufren esos grupos desposeídos. Estas élites parecen tener un tipo de “amnesia del otro” al tiempo que actúan como si los demás hombres fueran simplemente objetos para ser utilizados a favor de sus intereses elitistas.

 

En cuanto al “otro”, diferente en color de piel, raza, etnia, clase, se hacen patentes las políticas hegemónicas y de dominación de las élites, y así vemos, como la falta de reconocimiento social, crea en las víctimas la falta de integridad y dignidad del Humana, la privación fundamental y permanente de derechos, de autonomía moral y de autoestima.

Según Nancy Fraser [2], la experiencia de la injusticia se realiza dentro de instituciones y por consiguiente nos encontramos en una relación social que es la que nos delimita. No es algo psicológico sino que afecta a nuestro status y es aquí donde se nos reconoce o donde se nos niega el reconocimiento.

 

Según Honnett, en la medida en que la experiencia del reconocimiento social es una condición de la que depende el desarrollo de la identidad personal en su conjunto, la ausencia de dicho reconocimiento se acompaña necesariamente del sentimiento de estar amenazado de perder su personalidad. [3]

 

El reconocimiento social y la negación de reconocimiento son también parte de la moralidad y de la ética social, pues se trata de la validez moral de las acciones que los ciudadanos del país realizan cada dí, (forma de moralidad social) o dicen valorar como ideología o percepciones  importantes.

 

No hay dudas que aquellos que no son reconocidos socialmente (en el caso cubano los afrodescendientes), para lograr el pleno reconocimiento social, la plena dignidad humana y recuperar el espacio público que se les niega, tienen que hacerlo en lucha constante contra la élite y sus fuerzas de dominación, porque como decía Daniel Bensaid en Le Retour de la question sociale, “la dignidad de una pertenencia se construye principalmente en la lucha”.

 

Margalit en su libro “La Sociedad Decente” decía que una sociedad puede llamarse decente cuando sus instituciones no humillan a las personas. Humillación significa, en última instancia, degradación, desprecio, no reconocimiento es el diagnóstico de nuestros tiempos, sus topos y su u-topos, es el reconocimiento, reconocimiento de la dignidad del hombre cuya invisibilidad debería prescribir y garantizar cada Constitución de un estado democrático. [4]

 

El no reconocimiento social, al igual que el racismo, se compone de victimarios y de sus víctimas. Los victimarios se afincan en la fuerza del poder (militar, de seguridad, policial, judicial, del control del discurso social, la educación, los libros de texto, la prensa plana, la radio, la televisión). Es un poder absoluto que se basa en una ideología de desigualdad y de supremacía racial.

 

El no reconocimiento social del “otro/los otros”, no se produce porque el sistema hegemónico les obliga directa y subliminalmente a sentirse “agradecidos” de aquellas cosas a las que tienen acceso; la salud pública y las escuelas. Estas dos cuestiones, a la que tienen acceso todos los ciudadanos cubanos, son vistas como “grandes regalos” que la élite le ha dado a los afrodescendientes.

 

Este rasero desigual, en el cual lo que te “den”, aunque sea lo mismo para todos, contigo se mide y tiene una lectura diferente, pues no tienes derecho a ganarte o a conseguirte nada por tu propio esfuerzo, por eso tienes que agradecerlo de por vida (al gobierno de la élite) por tanto, cualquier otro reclamo de los afrodescendientes, como el del reconocimiento social verdadero y el fin de la invisibilidad, constituyen (para la élite) demandas ilegítimas, provocadoras y anti-sistema.

 

La invisibilidad se refleja en la ausencia de los marginados de piel oscura en los centros de poder económico, político, cultural, militar, educacional, gubernamental, en los medios de comunicación de masas, en las esferas de mayores posibilidades presentes y futuras, y sobre todo en el lenguaje dominante, siempre hiriente y peyorativo, en los chistes degradantes, en el perfil racial de la delincuencia creado por la élite. En el desprecio a la cultura y a la religión de los marginados y socialmente excluidos.

 

Las experiencias de injusticias sufridas por los afrodescendientes bajo el paradigma del “agradecimiento” o del supuesto de que tienen que estarle agradecidos a la “revolución” se viene resquebrajando hace ya muchos años y todos ellos se vienen aproximando a producir cambios radicales y soluciones a su condición humana y social y en la persistencia de lograr su verdadero reconocimiento social. Y ahora se preguntan  ¿a qué deben realmente  estar agradecidos? Si nunca ha habido, en más de 52 años, una sola política, una sola ley que fuera dirigida exclusivamente hacia el logro del mejoramiento integral de su grupo social racializado.

 

-------------------------------

 

[1] A. Honnett. La lucha por el Reconocimiento, Barcelona 1997

[2] N. Fraser . Heterosexismo, Falta de Reconocimiento y Capitalismo

[3] A. Honnett. Ibid

[4] A. Margalit. The Decent Society. Cambridge, Mass. 1996