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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Deshielo Cuba-EEUU: ¿motor para la economía cubana?

 

Emilio Morales, en CaféFuerte

 

Nadie imaginó que el inesperado anuncio de las negociaciones para el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre los gobiernos de Cuba y Estados Unidos  iba  a dar un fuerte impulso a la hasta ese momento prometedora pero incierta Zona Especial de Desarrollo del Mariel (ZEDM).

 

Después de haber realizado un fuerte cabildeo internacional promoviendo las ventajas de la ZEDM, con toda la maquinaria propagandística del país en función de la búsqueda de inversores extranjeros, el gobierno cubano solo había podido atraer 35 proyectos de inversión para ser evaluados. Ese era el panorama de un año atrás, sin anunciarse la nueva era de las relaciones entre Washington y La Habana.

 

Sin embargo, después del 17 de diciembre y en vísperas de la cuarta ronda de conversaciones en Washington, la ZEDM ha cambiado su expectativa y ya se habla de más de 300 solicitudes.

 

Clave de inversiones

 

Es indiscutible que las buenas relaciones con Estados Unidos son la clave que garantizará el futuro de la ZEDM. Este nuevo escenario reduce la incertidumbre y crea un ambiente de mayor concurrencia para realizar las inversiones en la isla.

 

No es otra la explicación de las visitas -consumadas unas y anunciadas otras- de delegaciones empresariales de países como España, Inglaterra, Francia, Japón y Estados Unidos, con presencia de representantes de gobiernos estatales y gremios empresariales. Todas estas delegaciones en su conjunto conforman un listado de más de 300 empresas especializadas en diversos sectores de la economía que han mostrado interés por invertir en la isla.

 

La mejor promoción de marketing que ha tenido la ZEDM ha sido el deshielo de la relación entre ambos países. Los inversionistas no norteamericanos que estaban teniendo en cuenta una posible incursión en el Mariel, pero que todavía estaban indecisos, ya comienzan a mover sus fichas. De ahí que de pronto las solicitudes para invertir en la ZEDM hayan tenido un incremento de un poco más del 757 por ciento en apenas cuatro meses.

 

El empuje del empresariado estadounidense por tratar de entrar al mercado cubano ha generado una nueva dinámica en las expectativas de desarrollo y esperanzas que hoy tienen los cubanos de la isla. La nueva coyuntura ha tenido una amplia cobertura en la prensa nacional e internacional, que no ha dejado de reportar cada evento asociado al gran lobby económico que han desatado diversos gremios de la comunidad empresarial de Estados Unidos.

 

En el mejor momento

 

Este es el mejor momento para propiciar una transformación profunda de la economía cubana, y el sector privado debe jugar un rol más preponderante en la transformación del modelo que se ha propuesto el gobierno. Es ahora o nunca cuando deben dejarse a un lado las políticas erradas por décadas en el manejo de la economía.

 

El paso decisivo corresponde al gobierno, que debe liberar las fuerzas productivas para montarlas en el carril del desarrollo y la generación de la riqueza, y dejar a un lado los métodos retrógrados de contratación del personal tanto dentro de la isla como en el exterior. Que un profesional cubano gane entre el 10 y el 20 por ciento del salario por el cual es contratado y el gobierno entre el 80 y el 90 por ciento, constituye una práctica feudal  en pleno siglo XXI.

 

Una muestra de que la economía cubana necesita de un  sector privado más diverso que contribuya a su rápida transformación está, por ejemplo, en los resultados de los trabajadores por cuenta propia en el sector turístico y en la telefonía celular. En el primero ya se dan las primeras señales de que el Estado no tiene la infraestructura necesaria para respaldar una avalancha de turistas norteamericanos; aun cuando el turismo norteamericano sigue restringido por el embargo, ya se observa el overbooking en la reserva de hoteles para los próximos meses. De manera que el sector privado comienza a ser un soporte importante para asimilar una cuota grande de turismo que no puede ser atendida por el aparato empresarial del Estado en cuanto a hospedaje y servicios de alimentación por no tener la estructura requerida.

 

Los polos turísticos de Viñales y Trinidad son un ejemplo claro de la nueva dinámica en el sector. Ambos superan en capacidad de hospedaje a la infraestructura turística en manos del Estado y la comparten en más de un 65 por ciento con turoperadores extranjeros. Es por ello que aunque el gobierno no estimule el crecimiento del sector privado, el mercado lo empuja espontáneamente con mayor fuerza para propiciar su expansión y desarrollo.

 

Un proceso natural

 

En el caso de la telefonía celular ocurre otro tanto. ETECSA, el monopolio de las telecomunicaciones, no ofrece un servicio adecuado a los más de tres millones de clientes que están abonados a la telefonía celular en el país, ni siquiera para configurar el correo Nauta que ofrece a los usuarios el acceso a email con salida internacional y la conexión a las redes wifi disponibles en el algunos hoteles del país. Es el sector privado quien se está llevando el pastel de los servicios en esta industria, al ofrecer y dar un mejor servicio de atención al cliente, incluyendo productos de propia factura como aplicaciones para los teléfonos.

 

Ante estas realidades inobjetables, no cabe duda que el mercado cubano se está transformando y los consumidores se mueven en dirección a donde mejor se satisfacen sus necesidades. Es un proceso natural donde la hegemonía estatal  poco a poco va cediendo espacio al naciente sector privado. Un resultado natural de la competencia, aun cuando las condiciones para competir todavía son desventajosas para el sector privado, al no contar con un mercado mayorista no poder importar los insumos que requieren para el desarrollo de sus negocios.

 

Esa resulta una razón más para entender que a los emprendedores cubanos no los detienen las dificultades adversas; triunfan porque son dueños, innovadores, ofrecen mejor servicio y son más eficientes.

 

En este contexto tiene lugar el incremento de solicitudes por inversionistas extranjeros que pretenden incursionar en la ZEDM.

 

De todas las potenciales empresas que pudieran invertir en la isla, las de mayor fuerza son indiscutiblemente las norteamericanas. Fue ese el principal axioma a la hora de diseminar la ZEDM y que ahora comienza a asomar su efectividad.

 

Después del embargo

 

En una primera etapa posterior al levantamiento del embargo, el potencial a invertir por parte de las empresas norteamericanas podría llegar hasta los $20,000 millones de dólares.

 

Son varios los factores que ponderan con mayor fuerza la inversión de las empresas estadounidenses por encima de las empresas de otros países.

 

En primer lugar, el factor geográfico. La cercanía de ambos países disminuye enormemente los costos de transportación y abastecimiento, lo que garantiza que cualquier ciclo productivo arranca con bajos costos y permite tener un producto final con un precio más competitivo. A eso hay que sumarle la fuerza y solidez financiera del capital norteamericano que pudiera llegar a la isla para cubrir las necesidades de todos los sectores con potencial de desarrollo para la industria y el mercado cubano, y, a la vez, potenciar las exportaciones.

 

Por último, el potencial turístico norteamericano podría representar una afluencia de entre cinco y siete millones de visitantes anuales si Cuba logra desarrollar una estructura adecuada en los próximos 10 años.

 

Imaginar tal mercado turístico implicaría inversiones colosales en la industria del ocio y en todas las ramas económicas que la apuntalan. El sector inmobiliario seria uno de los más pujantes. La logística de soporte a este mercado y las inversiones se vislumbra como un negocio multimillonario que tendrá que ser gestionado por empresas de gran calibre y eficiencia.

 

Furor de inversionistas

 

No existe otro país tan cercano a Cuba con un empresariado tan diverso y exitoso como el de Estados Unidos, y con el furor de irrumpir en el mercado cubano a toda velocidad. Sería una oportunidad inmejorable para arrastrar a la economía cubana por el camino del desarrollo. Sin embargo, todavía persiste el discurso retórico y poco oportuno de los dirigentes gubernamentales que hoy tienen la responsabilidad de trazar la estrategia  para la atracción del capital extranjero.

 

Cuba cuenta con una base de recursos humanos altamente instruida que se convierte de momento en un terreno muy fértil para las inversiones en tecnología, desarrollo de la industria del software y la biotecnología.

 

Pero en el mundo moderno el capital fluye hacia los mercados de mayor confianza. No basta tener recursos humanos altamente preparados, playas paradisíacas y paisajes exóticos para atraer la inversión. Hay otros factores imprescindibles que hacen que un mercado sea atractivo para las inversiones, como son:

 

  • Seguridad financiera
  • Seguridad jurídica
  • Libre contratación de personal
  • Desarrollo del sector privado local
  • Espontaneidad del libre mercado como elemento regulador de los precios bajo la ley de la oferta y la demanda
  • Libre acceso a internet como plataforma para el flujo rápido de la información y los negocios
  • Libertad empresarial

 

Para que esos factores se conviertan en verdaderas premisas atractivas que ayuden a minimizar el riesgo de invertir en la isla, Cuba tiene que transformarse en un mercado más abierto y su sociedad ser tan incluyente como no lo ha sido por más de medio siglo. Por eso, esta oportunidad que hoy se presenta debe aprovecharse rápidamente. La vieja fórmula de tener una economía cerrada y depender de un aliado de turno no ha funcionado por más de 50 años, con claros signos de pobreza, economía estancada y una emigración que crece indetenible por año.

 

Peligros en el camino

 

La modernidad no parece haber llegado aún al pensamiento estratégico del establishment cubano. Se impone una actitud más pragmática a tono con las circunstancias de cooperación bilateral, pues una torpeza de última hora o la ralentización del proceso de negociaciones por parte de las autoridades cubanas podría derrumbar en un abrir y cerrar de ojos el beneficioso efecto dominó que se viene propiciando después del 17 de diciembre.

 

Si bien Raúl Castro no quiere apurarse a los 83 años y con su anunciado retiro a la vuelta de la esquina, la peor noticia para la economía cubana es la lentificación premeditada de los cambios internos, pues congelaría la efusión empresarial estadounidense y terminaría enterrando de un golpe las esperanzas de bienestar para 11 millones de cubanos.

 

Quien necesita los millones de dólares es la economía cubana, no Estados Unidos. En estas circunstancias entonces el empresariado y los sectores agrícolas estadounidenses tienen poco que ganar y Cuba mucho que perder. Al final, el capital fluye a los mercados donde se multiplica, no adonde se pierde. Una lección que no se necesita 56 años más para aprenderse.