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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

“Desestatalizando” la economía del neocastrismo

 

El Estado totalitario se sigue desprendiendo de actividades productivas

 

Eugenio Yáñez, Miami, en Cubaencuentro

 

En los últimos años la problemática cubana se está caracterizando por un curioso fenómeno: el régimen neocastrista anuncia que llevará a cabo determinadas acciones, a lo que de inmediato responden una parte de los exiliados y los disidentes en la Isla que eso no cambia nada ni resolverá nada.

 

Posteriormente, cuando se comienza a aplicar lo que se anunció, son muchos los que no relacionan el anuncio previo con las acciones que comienzan a llevarse a cabo, y no le dan la importancia que merece a lo que está sucediendo, pero cuando algunos destacamos lo novedoso de la situación, no faltan supuestos “expertos” sobre el tema cubano deseosos de considerarnos “raulistas” o, en el mejor de los casos, despistados.

 

Ya sucedió con las autorizaciones de compraventa de vehículos y viviendas: cualquiera sabe que eso no constituye ni la creación de un mercado de automóviles y camiones, ni tampoco uno de bienes raíces. Eso no es lo más importante. Lo trascendente, y que demasiadas veces no se ve, es que el reconocimiento de la propiedad privada de los cubanos sobre vehículos y viviendas es una transformación sustancial y prácticamente irreversible de los principios castristas que imperaron durante medio siglo, y que negaban a los cubanos la posibilidad de ejercer realmente la propiedad sobre bienes que, en realidad, anteriormente disfrutaban malamente en usufructo. Y aunque no sea –todavía- la creación de un mercado de esos bienes, constituye el fundamento para su desarrollo en el futuro.

 

Las mismas cegueras de enfoques se dieron cuando se autorizó la construcción y reparación de viviendas por vía privada y cooperativa, lo que proclamó el funeral definitivo de las microbrigadas. Naturalmente, sabemos que no existen suficientes materiales de construcción a disposición de los cubanos, y que los precios de los mismos son prohibitivos para la inmensa mayoría de la población. Pero, de nuevo, lo trascendente es que el régimen renuncia a la utopía microbrigadista y reconoce que la solución de los problemas de la vivienda depende de las posibilidades constructivas, la disponibilidad de materiales de construcción, y los recursos de cada persona, independientemente de las pretensiones de Papá-Estado.

 

Ahora está sucediendo lo mismo con la “desestatalización” de la economía, en la medida que el Estado totalitario se va desprendiendo de actividades productivas que es incapaz de llevar a cabo con efectividad, y mucho menos con eficiencia, y las va incorporando al sistema empresarial.

 

En pocos días hemos tenido continuas noticias sobre el mismo tema: primero fue la información de que la actividad de barberías y peluquerías ya no sería considerada un empleo estatal, sino actividad privada o cooperativa. Posteriormente fue la creación del grupo empresarial AZCUBA, a cargo en todo el país de las actividades que anteriormente llevaba a cabo el ineficiente y burocrático Ministerio de la Industria Azucarera (MINAZ).

 

Después vino la noticia de la autorización a los productores agropecuarios de vender directamente a las empresas turísticas. La información oficial, siempre distorsionada y cargada de eufemismos —inadvertidos por los “expertos” y muchos corresponsales extranjeros en la Isla— no lo mencionaba, pero era evidente y tangible que quedaba “fuera del juego” la legendariamente ineficiente empresa estatal de Acopio, y que los precios no se establecerían por directivas oficiales, sino se negociarían en base a la oferta y la demanda, es decir, en base al mercado.

 

¿Cuántos “principios irrenunciables” de la agricultura “socialista” durante medio siglo de castrismo desaparecían con la publicación de esta sencilla información, a la que no se le ha dado por los “expertos” —casi como de costumbre— toda la trascendencia que tiene? Porque, sencillamente, los productores venderán a los clientes —ya no tienen que ser “usuarios”— que deseen, y a precios que se acuerden entre productores y consumidores, dentro de un proceso donde los productores competirán entre sí.

 

¿Que pasará cuando los productores no logren vender toda su producción a las empresas turísticas? ¿Volverán al ineficiente Acopio estatal para tratar de colocar esos sobrantes en las redes nacionales de consumo de la población o de servicios comerciales? No parece inteligente ni probable. Podríamos tal vez estar en el comienzo de la abolición de los prehistóricos mecanismos monopolistas de acopio estatal que han imperado durante medio siglo, con los fatales resultados que todos conocemos.

 

Finalmente, se acaba de informar que los servicios de correos en el país se organizarán en un “grupo empresarial”, que contará con empresas provinciales, una Empresa de Mensajería y Cambio Internacional y otra de Aseguramiento General, así como con una estructura de dirección para todo el grupo. De manera que todo el servicio de correos se convertirá en una actividad empresarial, y el Estado quedará para regular a través de disposiciones generales y normativas.

 

Naturalmente, las posibilidades de éxito de todas estas nuevas actividades empresariales dependerán de hasta dónde el Estado no se inmiscuya realmente en la gestión empresarial, pero lo trascendente, una vez más, es que se reconoce tácitamente que Papá-Estado no puede administrar tales actividades: y lo que vale para la producción azucarera, la agricultura, los correos, las peluquerías y barberías, o la construcción de viviendas, puede valer, más temprano que tarde, para todas las actividades de la economía.

 

Es cierto que este proceso puede facilitar “piñatas”, donde agrupaciones mafiosas controlen en el futuro todos esos recursos, pero eso no tiene que ser necesariamente así ni hay que verlo como una maldición insoslayable.

 

Sin embargo, este proceso de “desestatalización” de la economía del neocastrismo merece mucha más atención que la supuesta “investigación” del decadente Fidel Castro sobre nuevos cultivos para “mejorar la alimentación y la salud del pueblo”, o las opiniones de Mariela Castro sobre la administración y gestión de la prostitución en Holanda.

 

Al menos para mí. Aunque los “expertos” piensen otra cosa.