Cubanálisis El Think-Tank

REPRODUCCIÓN DE UN ARTÍCULO SOBRE CUBA

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Desarticular el monopolio de la centralización estatal

 

Entrevista a Pavel Vidal Alejandro

 

Lenier González Mederos, Espacio Laical Digital

 

La celebración del VI Congreso del Partido Comunista de Cuba, a celebrarse en abril próximo, debe transformar radicalmente la fisonomía económica y social de la Isla. El debate sobre “las reformas de Raúl” a impactado con fuerza a un conjunto amplio de la sociedad cubana: desde simples cubanos de a pie, pasando por los ámbitos académicos e intelectuales, y llegando, incluso, hasta pronunciamientos públicos de prelados de la Iglesia Católica. La magnitud de las transformaciones propuestas abrirá escenarios inéditos, que se traducen en grandes desafíos de cara al presente y al futuro nacional.

 

Pavel Vidal Alejandro es una voz autorizada para dialogar sobre muchos de estos temas. Este joven economista es investigador del Centro de Estudios de la Economía Cubana (CEEC), de la Universidad de La Habana. El CEEC ha sido un espacio académico imprescindible para el diálogo, la reflexión y el debate sobre Cuba y sus retos económicos. Este intelectual conoce, como pocos en la academia, las dinámicas internas de la banca cubana; conocimiento que viene abalado por siete años de trabajo en la Dirección de Política Monetaria del Banco Central de Cuba. A ello se suma el dominio de las dinámicas del contexto regional, pues ha realizado estancias de adiestramiento en varios bancos centrales de América Latina. En 2010 realizó estancias de investigación en la Universidad de Harvard y en la Universidad Complutense de Madrid.

 

Junto a los profesores Omar Everleny Pérez y Carmelo Mesa-Lago integró el panel sobre economía cubana durante las sesiones de la X Semana Social Católica, disertaciones magistrales que cautivaron al público asistente. Esta entrevista es el fruto de toda una tarde de diálogo: son las propuestas de un joven cubano comprometido con la suerte de los suyos.

 

- Se impone que comencemos hablando sobre el desempeño reciente de la economía cubana. Francamente, quedé muy impactado del diagnóstico adverso realizado por el profesor Omar Everleny Pérez durante la X Semana Social Católica, celebrada en junio de 2010. ¿Cómo ha evolucionado la economía nacional desde entonces? ¿Cuál va ser el escenario macroeconómico sobre el que tendrán que operar las reformas anunciadas por el gobierno del presidente Raúl Castro?

 

-Las reformas económicas anunciadas van dirigidas a dar respuesta a dos objetivos fundamentales. El primero tiene que ver con los problemas estructurales de la economía; lo segundo es que van dirigidas también a resolver los problemas de la coyuntura macroeconómica, que no son favorables desde el año 2008. En 2007, cuando Raúl Castro pronuncia sus primeros discursos estando ya al frente del país, él solo se enfoca en los aspectos estructurales de la economía: bajos salarios, baja eficiencia, baja productividad, doble moneda, etc. En ese momento, desde el punto de vista macroeconómico, el país estaba en una buena situación: alto crecimiento del PIB, los equilibrios macroeconómicos estaban en condiciones aceptables…

 

Desde ese entonces hasta la fecha, se empiezan a recibir un grupo de shocks externos: la crisis financiera internacional, el incremento del precio de los alimentos, la disminución del precio del níquel, los huracanes…, y la economía empieza también un proceso de agotamiento del modelo de crecimiento apoyado en la exportación de servicios médicos a Venezuela. Todo ello tiene un reflejo en los equilibrios macroeconómicos: además de una aguda desaceleración del PIB, hay déficit fiscal, hay déficit externo y todo esto desemboca en una crisis financiera, que es una de las peores cosas que ha sufrido la economía en los últimos años. Es por ello que uno de los objetivos fundamentales que se ha impuesto el gobierno de Raúl Castro ha sido solucionar la crisis financiera.

 

Se puede decir que como respuesta a esta situación se ha aplicado una exitosa política económica, en el sentido de lograr una mayor racionalidad en el gasto e implementar un ajuste que es doloroso pero inevitable, y contribuye a la salida paulatina de la crisis financiera. La política económica ha logrado restablecer los desequilibrios macroeconómicos (reducir el déficit fiscal y obtener un superávit en el comercio externo), lo que es muy bueno también desde el punto de vista de imagen, de credibilidad económica del país. Aun así, hoy en día todavía hay muchos pagos pendientes de deuda externa, y la posibilidad de reanimar el crecimiento del PIB es todavía incierta. Las perspectivas futuras dependen de la implementación y la correcta gestión del cambio estructural y del ajuste que propone el Proyecto de Lineamientos para el VI Congreso del

Partido Comunista. En el orden externo, el desafío más importante que probablemente tendrá la economía cubana en el futuro inmediato, será lidiar con un nuevo incremento de los precios de los alimentos que se pronostica en el mercado internacional.

 

-En ese contexto, ¿cómo ha evolucionado el tema financiero en el país?

 

-Todo este deterioro de las condiciones macroeconómicas, desde el año 2008, ha tenido un impacto en los equilibrios financieros del país. Se puede decir que, desde esa fecha, Cuba está técnicamente en una crisis financiera. Dicha crisis podríamos segmentarla en tres partes, para graficarla mejor. Primero: Cuba dejó de pagar su deuda externa con otros

gobiernos, con proveedores internacionales; segundo: la peor parte de la crisis financiera: la crisis bancaria. Es decir, no sólo que el gobierno y las empresa estatales no pagan a los deudores internacionales, sino que los bancos se ven en la necesidad de congelar cuentas, lo cual es muy dañino desde el punto de vista de la confianza en el sistema financiero del

país, y echa por tierra mucho de lo que se había avanzado en el sistema bancario cubano desde los años 90. Y tercero: desde 2009 existe una pérdida de la convertibilidad del peso convertible (CUC) dentro del sistema empresarial, lo que dificulta enormemente las relaciones de la economía con la inversión extranjera, el comercio exterior, etc.

 

Gracias a la política más racional en el manejo de los gastos, en la reducción del déficit fiscal, en la reducción de importaciones, se ha logrado empezar a pagar parte de las deudas (no todas). A finales de 2010 se habían pagado dos tercios de las cuentas bancarias congeladas, y se había podido empezar a renegociar parte de la deuda externa. Es decir, empieza a verse una salida de la crisis financiera a partir de esta exitosa política de ajuste bajo el mando de Raúl Castro.

 

-El gobierno está tratando de pagar esas deudas para favorecer el equilibrio externo, favorecer la inversión extranjera en Cuba, etc. ¿Tiene condiciones económicas y financieras para asumirlo de forma sostenida? ¿Podrá continuar pagando esa deuda, a los inversionistas de hoy y a los nuevos que lleguen a Cuba?

 

-Yo creo que la clave en este aspecto siguen siendo las reformas estructurales. Cuba necesita, efectivamente, una nueva entrada de inversión extranjera y de créditos para proyectos como los del puerto del Mariel, para el Polo Petroquímico de Cienfuegos, para las inversiones que se harán en la refinería de Matanzas, y en la de Santiago de Cuba, el ferrocarril, la producción de cemento, el sector turístico… Hay inversiones importantes planificadas para 2011-2015 y hay necesidad de financiamiento. Todos estos son proyectos, y como muchas veces pasa, esos proyectos los firma el gobierno con una intención, pero necesitan de las empresas para hacerlos operativos. Si estas empresas no funcionan eficientemente, y los trabajadores siguen desestimulados, entonces los proyectos no se cumplen como estaban previstos. Por tanto, estás volviendo a endeudarte para empezar un proyecto que al final puede ser que no dé lo suficiente como para pagar las deudas.

 

Para que Cuba pueda recibir préstamos y tener inversiones que den una rentabilidad mayor que la tasa de interés de esos préstamos, necesita fortalecer su sistema empresarial.

 

-¿Qué hacer para que el sistema empresarial cubano sea más eficiente? ¿Cuáles serían las mejores vías para lograr el incentivo de los trabajadores?

 

-En el año 2008 el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social introdujo una nueva resolución que quitaba el tope a los salarios en las empresas estatales. Aparentemente esa iba a ser parte importante de la solución en materia de incentivos en la empresa estatal. Los salarios ya no iban a estar determinados centralmente y de forma desligada de los resultados empresariales. El nuevo sistema proponía crear un vínculo más directo entre salario y productividad. En la práctica, muy pocas empresas han aplicado la resolución.

 

Razones por las que no ha sido aplicado: todo el mundo le echa la culpa a la burocracia. Segunda razón bastante aceptada, el deterioro de la economía desde 2008 que por supuesto tiene un reflejo en los ingresos de cada empresa y dificulta encontrar nuevos fondos para incrementar salarios. Concretamente, la empresa no tiene total autonomía para manejar sus gastos. Aunque ella puede decidir cuánto le paga a cada trabajador, el fondo total de salario de la empresa sigue siendo aprobado por el plan central. Mientras exista un plan central que regule el fondo de salario de las empresas, eso no va a funcionar. Una opción alternativa es que tenga la autonomía de utilizar un porcentaje de sus ganancias para aplicar el sistema de pagos por resultados.

 

Además, la resolución deja fuera a los directores. Los gerentes y los directivos, que son los que deben aplicar el nuevo sistema de pago por resultados, no se benefician. Cuando tú miras en el mundo entero, a los que se les pagan los mayores salarios, y en algunos casos bonos millonarios, es a los empresarios, porque son clave en la dirección de la empresa y tienen que estar también estimulados. No hay que ir a ese extremo, pero tampoco puedes dejarlos fuera. Ayudaría también a evitar la corrupción, que no es sólo una cuestión de control sino también de incentivos. Lamentablemente, el sistema de pagos por resultados no ha funcionado, pero sí puede ser un camino.

 

Una transformación importante a favor de la eficiencia es otorgarle más autonomía a las empresas. O para decirlo con otras palabras: cambiar el modelo de planificación. En los Lineamientos este aspecto no queda claro. El plan está por encima del mercado, pero hasta dónde. ¿Cuáles son los límites? ¿Cuáles son los verdaderos cambios que se harán en la planificación?

 

No me queda claro, porque cuando se habla de estos temas, se pierde un poco el espíritu de las reformas, en el sentido de que se tiende a pensar que con más control, previsión y disciplina se van a resolver los problemas. Con ese espíritu se acaban las reformas porque no hay cambios estructurales. Si vamos a intentar perfeccionar lo que no ha funcionado por décadas, entonces no llegaremos a ningún lado. No veo un cambio estructural importante en la forma en que se ha abordado el tema de la planificación.

 

El cambio del modelo de planificación debe pasar por otorgarle un mayor espacio al mercado y a las señales que este brinda en los precios, los tipos de cambio, y sobre la diversidad y complejidad de la demanda. Si no se promueve este tipo de entorno para la empresa cubana no creo que podamos avanzar mucho en su eficiencia. El mercado tiene fallos y hay que regularlo. Pero la regulación también tiene fallos, y el remedio no puede ser peor que la enfermedad. Además, de lo que se trata es de regularlo inteligentemente, con instrumentos indirectos de penalización y estímulos, no de sustituirlo por un sistema centralizado que ha demostrado una y mil veces ser ineficiente en Cuba y fuera de Cuba.

 

-¿Tiene el país suficiente capacidad institucional para poder canalizar el “ajuste” del modelo?

 

- Hace unos meses, siempre terminábamos diciendo que en Cuba faltaban cambios estructurales. Hoy hay que empezar a decir algo diferente, porque lo que está planteado como cambio estructural en los Lineamientos, si se aplica con la profundidad que se requiere, en mi opinión, supera la capacidad institucional que tiene Cuba para implementarlo. La economía se va a mover hacia un terreno desconocido sobre el cual no tenemos experiencias recientes. Se necesita formar nuevas capacidades en las instituciones con vistas a enfrentar lo nuevo que se avecina y poder gestionar exitosamente el cambio estructural y el ajuste que proponen los Lineamientos. Hay que incrementar la cultura económica de la población, pero también invertir en la formación dentro de las instituciones que van a liderar los cambios.

 

Por ejemplo, el nuevo sector privado y cooperativo necesita créditos. Hay mucha colaboración internacional ofreciendo dinero para estas reformas. Y lo que hemos dicho es que, efectivamente, hace falta dinero porque los bancos tienen una situación de poca liquidez en divisa, pero además del dinero, los bancos necesitan capacitación, porque el sistema financiero cubano no está preparado para trabajar con cuentapropistas, microempresas y cooperativas fuera de la agricultura. Casi siempre ha trabajado con grandes empresas estatales y con trabajadores asociados a las empresas estatales. El análisis que tiene que hacer un banco para ofrecer un crédito a una gran empresa estatal es muy diferente del que tiene que hacer ahora con el sector no estatal de pequeña escala. Por lo general, no tendrán contabilidad para hacerles un análisis financiero convencional y obtener garantías y colaterales. Es una lógica diferente en la cual se reduce el riesgo, diversificando y haciendo muchos préstamos de pocos montos. El seguimiento del crédito tendrá que ser distinto. El microcrédito es tan solo un ejemplo de que estos cambios requieren capacitación y transformaciones en la institucionalidad cubana.

 

-¿Se hace entonces obligatoria una asesoría internacional para las reformas?

 

-Sí, creo que sí. Aquí hay una diferencia de la reforma actual con respecto a la de los años 90. En aquella ocasión las reformas tuvieron una inyección desde la academia. Ministros y viceministros venían de la academia, con una visión diferente, y el país estaba más abierto a la asesoría internacional. Eso se percibía en el lenguaje de las transformaciones, que era un lenguaje más internacional. En la actualidad la reforma viene acompañada de un lenguaje más pragmático, más cerrado a las experiencias internacionales, muy en el método de prueba y error, de experiencias locales. No quiero juzgar esa manera de hacer las cosas: sólo apunto que presenta esa diferencia. Todos los métodos pueden resultar válidos y las experiencias locales son imprescindibles. Lo que sí pienso es que si además se tomaran en cuenta en mayor medida las experiencias internacionales, entonces se podrían acelerar las reformas y habría una mayor garantía de su efectividad.

 

Creo que no se debe intentar trasplantar ninguna experiencia internacional a nuestra realidad sin ser evaluada críticamente primero. Pero ello no significa ir al extremo de obviarlas. Tampoco el principal punto de referencia puede ser la Cuba de los años 50. La realidad internacional imperante actualmente me parece un mejor punto de partida para pensar nuestros cambios que la discusión de cómo era Cuba en los años 50. Pienso que Cuba debería mirar menos al pasado y sí mirar más hacia afuera.

 

-Volviendo al tema del inevitable ajuste que mencionabas, ¿qué política social implementar ante un escenario que augura cientos de miles de desempleados?

 

-La política social no debe quedarse rezagada, debido a que es extremadamente importante en un proceso de ajuste. No solo se trata de mantenerla, sino de incrementarla. La respuesta debe ser rápida, no puede haber mucha demora, porque esto tiene un costo social y político muy grande. Además, que debe implementarse con nuevos instrumentos, porque nos enfrentamos a algo nuevo. Cuba siempre tuvo bajas tasas de desempleo y un sistema de subsidios generalizado, ahora viene un proceso de desempleo y de disminución y reajuste de los subsidios, van a aparecer muchos más casos sociales, hay grupos vulnerables al ajuste que deben ser identificados y apoyados con nuevos instrumentos, nuevas formas de asignar el gasto social. Cuba es reconocida internacionalmente por sus logros en política social, pero el escenario será diferente, no podemos confiarnos solamente en los mecanismos que han estado funcionando hasta el momento para la asistencia social.

 

Por tanto, la reforma también tiene que pasar por la manera de hacer política social en Cuba. Este es otro ejemplo de la necesidad de crear nuevas capacidades institucionales y de asesoría internacional.

 

-En tu conferencia, durante la Semana Social, fundamentaste que el sistema bancario cubano atravesaba un proceso de crisis. ¿Cuáles son las causas de esa crisis y qué elementos concretos de la banca cubana deberían modificarse para ponerla a tono con las reformas anunciadas por Raúl Castro?

 

-Una parte ya te lo respondí, pues las causas de la crisis están en el deterioro de las condiciones macroeconómicas desde 2008. También hubo errores en el diseño y manejo de la política monetaria asociada al peso convertible. Para resumirlo: la falta de transparencia y la ausencia de reglas en relación a la emisión de pesos convertibles provocaron un exceso de impresión de esta moneda. Otro factor agravante es haber dejado fijo el tipo de cambio del CUC en relación al dólar, a pesar del déficit en la balanza de pagos.

 

Sobre las reformas en la banca, también se pudieran decir muchas cosas. Una ya la hablamos, es la necesidad de desarrollar el microcrédito y capacitarse para ello. Lo segundo es que me atrevería a decir que la banca, como otros sectores de la economía, necesita de inversiones extranjeras. El níquel y el turismo poseen inversión extranjera porque necesitan know how y financiamiento. La banca también necesita estas dos cosas. Por tanto, no sería descabellado (sin privatizar la banca cubana), empezar también a pensar en bancos mixtos, no en la modalidad de banca personal donde no creo que haya mucho interés de la parte extranjera, sino en banca corporativa, es decir, vinculado al sistema empresarial. Por ejemplo, hay muchos bancos en América Latina que se especializan en microcréditos y que pudieran asociarse con alguno de los ocho bancos estatales cubanos para acelerar esta función. La entrada de inversión extranjera en la banca también contribuiría a una salida más rápida de la crisis financiera y a avanzar en la inserción internacional de la economía.

 

-¿Qué riesgos pudieran preocupar, que les dificulte tomar esa decisión, a las personas que tienen que decidir sobre la aceptación de esos bancos mixtos para microcréditos?

 

-Todo esto evidentemente es una idea muy bonita, pero también hay que ver las posibilidades de la parte extranjera, en caso de que nosotros aceptemos, porque resulta muy complejo que un banco internacional pueda operar en Cuba, debido al bloqueo. Para muchos bancos su entrada en Cuba estaría vedada, no por la parte cubana, sino por las restricciones internacionales que impone Estados Unidos sobre Cuba. Si esa posibilidad existiera, Cuba debería decir que sí, porque sería una forma de burlar el bloqueo financiero. Cuba siempre necesita buscar bancos internacionales a través de los cuales colocarse en el mercado financiero. Si alguno de esos bancos quisiera venir a Cuba, sería una ventaja.

 

Otras limitaciones, no sé. Es como el sector de la caña de azúcar: nunca se quiso que hubiese inversión extranjera. No está en la ley, no se dice que no puede haber inversión extranjera en el azúcar, como tampoco se dice para los bancos, pero no se ha aceptado en ninguno de esos casos. Ahora, aparentemente, ya se va a aceptar inversión extranjera en el azúcar, ¿por qué no aceptarla en los bancos, que atraviesan una situación difícil, que necesitan nuevas capacidades, nuevas experiencias y financiamiento?

 

- Hay una propuesta tuya -que has realizado públicamente y en más de una ocasión- y sé que ha generado alguna polémica: la necesidad que tiene Cuba de tener un prestamista de última instancia. Quisieras que explicaras este tema con más claridad. ¿Qué es un prestamista de última instancia? ¿Por qué es importante para el país? ¿Quién pudiera ser este prestamista en el actual contexto internacional?

 

-Nuestro prestamista de última instancia nacional es el Banco Central, que tiene entre sus objetivos ayudar financieramente a cualquiera de los ocho bancos comerciales en caso de que presenten problemas de liquidez, o en el caso de que haya una crisis de liquidez sistémica, es decir, varios bancos con problemas financieros. Cuando el problema de liquidez es de gran envergadura, y el Banco Central no puede actuar como prestamista de última instancia, lo que se requiere entonces es de un prestamista de última instancia internacional. En algunos casos esta función la pueden emprender bancos regionales (en Asia hay un banco regional, en América Latina está el Banco Interamericano de Desarrollo, en Europa tienen el Banco Central Europeo…). Cuando los problemas rebasan incluso esta posibilidad del banco regional, el prestamista internacional de última instancia por excelencia es el Fondo Monetario Internacional (FMI): es por eso que el tema ha sido polémico.

 

Primero, hay que constatar el hecho por el cual me he referido al tema: cuando un país está al borde de una crisis financiera y no puede recibir, en ese momento, un préstamo de última instancia internacional, entonces se agrava irremediablemente la crisis, pues genera una crisis de confianza que alarga la solución y hace más dura la política que hay que implementar para sobrepasarla. Eso es lo que le ha sucedido a Cuba. Al estar incluido el FMI, por supuesto que el análisis rebasa el punto de vista económico. El FMI ha recibido muchas críticas por las opciones de política económica que exigía como condicionalidad a los créditos (también hay que decir que ha habido cambios en el FMI como respuesta a estas críticas). Oficialmente no hay ningún vínculo entre el gobierno cubano y el FMI. El gobierno norteamericano no creo que esté dispuesto a permitir la entrada de Cuba en el mismo. Cuba, en su discurso y en su propuesta, aboga por el cambio radical de la arquitectura financiera internacional, aboga por el reemplazo de las instituciones financieras internacionales actuales. Otras naciones siguen una estrategia diferente, se mantienen en las instituciones financieras internacionales pero sin dejar de plantear la necesidad de que sean reformadas, junto con la arquitectura financiera internacional. China y Vietnam pertenecen al FMI, lo cual no significa que han cedido su soberanía en el manejo de la política económica ni sus propuestas de cambio para las finanzas mundiales. La presencia en el FMI les facilita su inserción internacional y les permite acceder a los proyectos del Banco Mundial para infraestructura, desarrollo social, etc.

 

-Recientemente estuviste en Vietnam junto con otros economistas. ¿Qué opinas del proceso de reformas vietnamitas y qué experiencias podríamos sacar los cubanos de estas reformas?

 

- Hay muchas experiencias que se pueden obtener de Vietnam a partir de este espíritu de mirar más hacia la realidad internacional actual. Vietnam tiene muchas diferencias con respecto a Cuba, en tamaño, cultura, situación demográfica, desarrollo social. Pero así y todo, hay muchas semejanzas en el sentido de que los problemas que Cuba enfrenta ahora

tienen similitudes a los que tenía Vietnam en el año 1986, y ellos lograron sortearlos de forma gradual y ordenada y con resultados netos muy destacados (ello no quiere decir que el proceso sea perfecto y no tengan todavía innumerables desafíos). Los puntos de partida para las reformas de Vietnam y Cuba presentan muchas diferencias, pero tienen como denominador común el modelo estatal centralizado y la necesidad de ser transformado.

 

El éxito de la reforma vietnamita es innegable cuando uno aprecia que, un país que partió de una destrucción casi total después de varias guerras, ha logrado reducir la pobreza desde un 60 por ciento hasta 10 por ciento, ha logrado sostener tasas de crecimiento promedio del orden del 6-7 por ciento, atraer significativos volúmenes de inversión extranjera y ubicarse como primeros exportadores mundiales de varios productos. El caso más notable es el arroz, donde pasaron, en apenas cuatro años de transformaciones, de ser importadores netos a ser exportadores; actualmente son los segundos exportadores de arroz a nivel mundial.

 

-¿Qué tiempo le tomó a la dirigencia vietnamita construir el consenso político para ir a las reformas?

 

- En 1986 ellos tuvieron su VI Congreso del Partido, donde plasmaron la necesidad de una reforma, que ellos tampoco nombraron “reforma” sino Doi Moi, que significa “renovación”. A partir de ahí empezaron, gradualmente, las transformaciones en la agricultura. No es hasta el año 1990 cuando se generaliza a otros sectores de la economía y se profundiza. Es decir, les tomó, más o menos, cuatro años.

 

- Pasemos a otro asunto que has tratado bastante en el pasado, ¿qué estrategia crees más prudente a seguir en el tema de la doble moneda?

 

- La doble moneda es un tema complejo, tan complejo que su solución se ha venido posponiendo desde finales de los años 90, cuando se identificó que traía más costos que beneficios. Las propuestas que se han presentado para su solución nunca se han aprobado. Es un tema un poco confuso, fíjate que hay mucha gente esperando la eliminación de la doble moneda, pues en el imaginario popular pesan mucho los años 80, cuando todo funcionaba en pesos. Esa puede ser una explicación sociológica de que todo el mundo espera que si volvemos al peso cubano, volveremos a la economía de los años 80. Nada de eso.

 

Se asocia la doble moneda a la desigualdad, debido a que las familias que tienen CUC y divisas están en mejores condiciones que las que sólo tienen pesos cubanos. Sin embargo, la razón de las desigualdades no está en la expresión monetaria, sino en la fuente de esos ingresos: el peso cubano es el salario, y las fuentes de CUC y divisas son mayoritariamente fuentes externas al Estado, ya sea dentro de Cuba o en el exterior. Lo que está en crisis es la productividad y la rentabilidad del sector estatal en comparación con cualquier fuente de ingresos externa al Estado; incluso las remesas familiares (que en el mundo entero son una ayuda a las familias más pobres), en Cuba, los que viven de las remesas tienen un nivel de vida muy superior.

 

Los costos fundamentales de la doble moneda están en la empresa, por tanto los beneficios más directos e inmediatos, una vez que se elimine, estarían en la empresa. Los beneficios de la doble moneda en la población llegarían de forma indirecta a partir del impacto positivo que tendrá en la empresa.

 

Los costos de la doble moneda en el sistema empresarial se dan por dos vías. Con dos monedas tienes a la economía cubana, que por sí es pequeña, picada a la mitad, y esas dos partes no se relacionan, especialmente en el sector empresarial, donde el peso cubano no puede cambiarse a CUC o divisas. La empresa que funciona en pesos cubanos se ha desconectado del sector en CUC y, a su vez, queda desconectada del sector externo, con lo cual se debilita enormemente.

 

Lo otro es que la doble moneda, en el sector empresarial, tiene asociado el tipo de cambio oficial de 1 CUC=1 CUP (un CUC es igual a un peso cubano), que distorsiona toda la medición económica. Ahora los Lineamientos hablan de cerrar empresas irrentables, hablan de sustituir importaciones y hablan de eliminar subsidios, pero ninguna de estas tres cosas se puede medir acertadamente con el tipo de cambio 1 a 1. Hay empresas hoy que son irrentables pero no porque sean ineficientes, sino porque están perjudicadas por el tipo de cambio 1 a 1. Tú no sabes las posibilidades de sustituir importaciones si no tienes un tipo de cambio que te permita comparar bien tus costos internos con los costos externos. Con el tipo de cambio 1 a 1 no se puede saber exactamente qué se está subsidiando y qué no, ni el nivel de subsidio. Por tanto, un tema fundamental que hay que resolver es el de la tasa de cambio 1 a 1. Hay que devaluar la tasa de cambio oficial del peso cubano y acercarla a la tasa de cambio para la población (actualmente en 24 CUP = 1 CUC). Esto es una medida fundamental para la implementación de otros cambios.

 

Hay una visión de que la economía tiene que mejorar, para eliminar la doble moneda y no es así. La doble moneda es un impedimento para el crecimiento económico, para continuar con el ajuste y los cambios estructurales.

 

-Si el Estado no va a subsidiar más a las empresas que no sean rentables pudieran producirse, en el sector estatal, muchos más desocupados de los que están pronosticados. ¿En qué sector emergente pudieran emplearse esas personas que quedarían sin empleo?

 

- La generación de empleo en el futuro (lo que serían los motores de crecimiento futuro en la economía cubana) debe surgir, en primer lugar, del desarrollo de la pequeña y mediana empresa (Pymes) y las cooperativas. Pero evidentemente no hablamos de la propuesta actual de Pymes, realmente muy reducida. Debe brotar de una lista de cuentapropistas y empresas privadas más amplia, y de una extensión efectiva de las cooperativas. Pymes y cooperativas más intensivas en conocimiento, que puedan aprovechar la inversión que por décadas ha hecho Cuba en educación, es algo estratégico de cara al futuro. Además, las Pymes y las cooperativas requieren del apoyo de las políticas públicas: capacitación, servicios de contabilidad, asesoría, vínculo con las universidades, etc. El profesor Carmelo Mesa-Lago, en su último artículo para Espacio Laical, destacaba algo que quiero repetir: la creación de empleos y la obtención de ingresos fiscales, a partir de los impuestos a las Pymes, son objetivos contradictorios. En el corto plazo el país debe priorizar el primero y fijar menores impuestos (incluyendo un período inicial de exención de impuestos) para que las Pymes logren multiplicarse y en el futuro puedan contribuir en mayor medida al fisco.

 

El segundo motor de crecimiento lo veo en las inversiones que se han planificado para el período 2011-2015, que te mencionaba anteriormente. Dichas inversiones y la expansión de estos sectores van a ir creando nuevos puestos de trabajo.

 

La tercera fuente de empleo y de crecimiento estaría en las propias reformas planteadas en los Lineamientos que llevan una parte inicial de ajuste, pero después eso tributa a la productividad, la eficiencia y puede generar más crecimiento y, a partir de ahí, más empleo. En esta etapa inicial de la reforma, las transformaciones en la agricultura son fundamentales.

 

- ¿Qué papel tendría el sector agrícola dentro de la reforma y en las perspectivas futuras de la economía nacional?

 

- Para mí, la clave actual de la reforma económica cubana es la agricultura, como lo fue en Vietnam y en China. Si fracasa la reforma en la agricultura, fracasa toda la reforma. El sector agrícola ya lleva dos años de caída, lo que hace evidente que las transformaciones allí han sido insuficientes. Si se logra que despegue la agricultura, estaríamos resolviendo varios problemas al mismo tiempo. Cuba importa el 80 por ciento de los alimentos; por tanto, un aumento de la producción de alimentos liberaría divisas para invertir en otros sectores. Segundo, contribuiría al equilibrio externo y a la salida de la crisis financiera. Ello es más apreciable aún en un escenario internacional para el que se pronostica una nueva escalada de los precios internacionales de los alimentos. Tercero, se resuelve el tema de la alimentación, que es una de las demandas sociales más importantes, donde la población quiere ver resultados a corto plazo, a partir de las medidas. Si los cambios logran un visible incremento de la producción y el consumo de alimentos, la reforma tendría mucho más apoyo popular. Cuarto, sería la forma natural de eliminar la libreta de abastecimiento, como fue en Vietnam. Si la libreta de abastecimiento en Vietnam se extinguió, fue a partir de las reformas en la agricultura. Ya nadie iba a comprar la canasta normada si tenía las cosas a similares precios o más baratas y de mejor calidad en un mercado en la esquina.

 

Los vietnamitas, para que la agricultura pudiera despegar a partir de las reformas, nos resumían que habían hecho dos cosas fundamentales: la entrega de tierras en usufructo a las familias; y, además, permitieron que la producción fuera toda al mercado. Nosotros hemos hecho la primera parte, pero nos falta la segunda. En mi opinión ahí está el cuello de botella. Es indispensable la desarticulación del monopolio del sistema estatal centralizado de comercialización agrícola (Acopio). Del último Congreso de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP) salieron propuestas en esta dirección. El profesor Armando Nova ha escrito bastante al respecto y ha hecho propuestas concretas.

 

Y aquí también sobresale a veces esta tendencia a pensar que ahora van a ser más inteligentes y van a mejorar el control, la disciplina, la previsión, los contratos y ahora sí va a funcionar Acopio; con lo cual se acaba el espíritu de la reforma y la disposición a efectuar cambios verdaderamente estructurales.

 

Más que eso: supongamos que Acopio se pueda perfeccionar. Muy pocos van a querer invertir y desarrollar un proyecto de vida vinculado a la tierra cuando saben que, al final, es Acopio quien decide los precios, quien decide qué vas a vender, del que dependen que tengas cajas y medios para la transportación, que no sabes si te pagarán o no. Ya el tema no es de perfección o no. El tema de Acopio es de credibilidad. El desmontaje del monopolio de Acopio, y el hecho de permitir que la producción agrícola vaya al mercado, generaría la credibilidad que se requiere para que la entrega de tierras ociosas dé los frutos esperados. Los resultados positivos visibles de esta medida ayudarían, a su vez, a quitar los prejuicios que tenemos los cubanos en relación con el mercado, lo que también contribuiría a la aplicación de verdaderos cambios estructurales en el resto de los sectores.