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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Democratización: necesidad prioritaria objetiva

de toda la sociedad cubana

 

Para hacer progresar sus intereses, tanto la oposición tradicional, como la amplia izquierda socialista y democrática y el propio gobierno, avances en el proceso de democratización

 

Pedro Campos

 

Un análisis concreto y breve de un aspecto determinante de la situación actual.

 

En la sociedad cubana está casi generalizado el criterio de que la causa principal de la precaria situación actual y de los graves problemas sociales que enfrentamos, es el modelo económico social y político vigente.

 

De una u otra forma, todas las corrientes de pensamiento político en la Cuba de hoy, dentro y fuera del gobierno, coincidimos en que debemos trabajar por realizar cambios en el mismo.

 

Las diferencias están en la profundidad y el sentido de los cambios. Pero mirándolo con detenimiento y profundidad hay elementos que se presentan comunes. Veamos.

 

La oposición tradicional al gobierno, primero desde posiciones violentas y hace ya décadas desde enfoques pacíficos, viene abogando por cambios democráticos. Por sus acciones ha pagado un alto precio.

 

La amplia Izquierda Democrática y Socialista donde encontramos trotskistas, anarquistas, gramscianos, libertarios, consejistas, socialdemócratas, comunistas democráticos, autogestionarios, partidarios del cooperativismo y otras tendencias, también desde los mismos primeros tiempos del 59 ha sido víctima de represiones en diverso grado, pero durante mucho tiempo algunos creyeron (me incluyo) que podrían lograre modificaciones en favor de sus posiciones, a partir del modelo existente.

 

Creo que ya son muy pocos los que en ese espectro estiman posible avanzar hacia un socialismo revolucionario, verdadero, sin una previa democratización de la sociedad, por lo cual muchos hemos puesto esta tarea en primer plano.

 

Por su parte, el gobierno del General Raúl Castro, convencido de que el estatismo asalariado por sí solo no resuelve los graves problemas económico de la sociedad cubana, ha introducido algunas modificaciones no sustanciales, a partir de brindar espacios limitados bien controlados al trabajo por cuenta propia, a la pequeña empresa privada nacional, al cooperativismo dirigido, y más recientemente a la inversión del capital extranjero en mayor escala.

 

Son medidas del mismo corte intentadas por su hermano en la década del 90 del siglo pasado a propósito de la pérdida del enorme apoyo financiero de la URSS y el “campo socialista”. “Reformas” que comenzó a limitar cuando sintió que podía contar con la ayuda petrolera de Venezuela, bajo el gobierno de Chávez.

 

Se ha demostrado que el modelo ensayado en Cuba, no puede subsistir sin una fuerte ayuda externa. Hoy, Raúl y sus militares apuestan a una nueva ley de inversiones extranjeras que haga llegar al país capitales frescos y a un levantamiento del bloqueo/embargo norteamericano.

 

Sin embargo, todo indica que mientras en Cuba no haya avances  sustanciales hacia la democratización de la sociedad, hacia el pleno respeto de los derechos humanos y especialmente, hacia la libertad de expresión, asociación y elección, será harto difícil ese flujo de capitales que ansía la economía estatal.

 

De manera que el gobierno del General, ya con Venezuela en crisis, tendrá que ir pensando en qué puede hacer en materia de derechos humanos para erosionar las bases del bloqueo/embargo, de la posición común europea y para ganarse la confianza del capital extranjero, más allá de las limitadas acciones económicas hasta ahora emprendidas.

 

De donde resulta que muchas de las medidas que vienen demandando la oposición y la amplia izquierda socialista y democrática como la ratificación de los Pactos de Derechos Humanos, el cese de la represión a los opositores, la convocatoria a una nueva Constitución, cambios en la ley electoral que le den contenido verdaderamente democrático, el pleno respeto a la libertad de expresión, asociación y elección, pudieran ser, al mismo tiempo, los factores que podrían desatar los nudos actuales a la inversión extranjera que precisa el estado.

 

Esperar una apertura democrática del actual gobierno, parece iluso, porque sus elementos más recalcitrantes creen que la misma podría implicar la pérdida del poder político. De ahí las muchas limitaciones de las medidas raulistas.

 

Pero en la estructura burocrática político/militar/estatal los menos conservadores y más pragmáticos, pudieran llegar a entender que sin medidas democratizadoras no hay levantamiento del bloqueo/embargo, ni inversiones extranjeras, ni el desarrollo que aspiran.

 

Como quiera que se mire, lo cierto es que la oposición tradicional, la amplia izquierda socialista y democrática y el propio gobierno, para hacer progresar sus intereses, necesitan avances en el proceso de democratización de la sociedad, aunque los elementos más conservadores de la alta burocracia no lo consideren así y se opongan. Se trata de una necesidad objetiva.

 

¿No es acaso el momento para una concertación nacional, pacífica, inclusiva que nos abra un poco las puertas a todos?

 

Cierto. Necesitamos tolerancia desde todos los ángulos, moderación en el lenguaje y sobre todo el cese de la acción represiva del aparato estatal contra la disidencia y el pensamiento deferente.

 

Pongamos a Cuba y a su pueblo por encima de todos los intereses y busquemos la paz, la concordia, el consenso, la integración y ese futuro deseado “con todos y para el bien todos”, sin imposiciones, sin hegemonismos, sin violencias.

 

¿Seremos los cubanos tan incapaces como para no entender el momento histórico que vivimos y para desaprovechar las posibilidades que brinda esa coincidencia señalada?

 

Ojalá que este alegato a favor de la comprensión, la tolerancia, la paz y la concordia, en este momento concreto, sirva para algo.

 

Gústele a quien le guste y pésele a quien le pese, la democratización es una necesidad prioritaria objetiva para toda la sociedad cubana.