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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Defunción del fidelismo, colapso del embargo

 

Más que renunciar a la confrontación, La Habana pretendía obligar a EEUU a flexibilizar su política sin realizar cambios internos. El discurso del presidente Obama, sin embargo, no responde a ese propósito.

 

Dimas Castellanos, La Habana, en Diario de Cuba

 

El presidente de Estados Unidos ha decidido restablecer relaciones diplomáticas con Cuba. La interrupción de las mismas resultó tan negativa para el pueblo cubano, que todo lo ocurrido en los últimos 53 años guarda relación con ese hecho, especialmente el retroceso sufrido en materia de libertades y derechos que retrotrajo al país a una situación similar a la existente antes de 1878.

 

Los antecedentes de la ruptura se remontan a 1959, cuando los revolucionarios sustituyeron la Constitución de 1940 por la Ley Fundamental del Estado Cubano, el Primer Ministro asumió las facultades de Jefe de Gobierno y el Consejo de Ministros las funciones del Congreso, dando inicio a la concentración del poder político y militar en una persona, la concentración de la propiedad en manos del Estado y el desmontaje de la sociedad civil. El resultado fue un sistema totalitario, que se ajusta a la denominación de “fidelismo”, caracterizado entre otras cosas por el voluntarismo, la ineficiencia económica y la hostilidad hacia Estados Unidos; sistema que inició su declive a partir del año 2006.

 

La escalada tuvo su punto de partida en la nacionalización de propiedades norteamericanas y la respuesta estadounidense de ruptura de relaciones diplomáticas e implementación del embargo; una confrontación de más de medio siglo que acarreó desde enormes pérdidas materiales y enfrentamientos bélicos hasta decenas de miles de muertos, dolor y sufrimientos.

 

El restablecimiento es el resultado de múltiples factores, entre ellos: 1- La inviabilidad del fidelismo, incapaz de satisfacer las necesidades más elementales del pueblo; 2- El fracaso de Venezuela, multiplicado por la brusca caída de los precios del petróleo y su efecto sobre la subvención de Cuba; 3- La frustración de la política norteamericana dirigida a promover cambios dentro de la Isla; 4- El uso por parte del gobierno cubano de los errores de esa política para afectar la relación de Estados Unidos con el resto de los países de la región; 5- El diferendo, utilizado por el gobierno cubano para justificar los fracasos de su modelo; 6- El giro de la política norteamericana desde el primer mandato de Barack Obama; y 7- Los cambios introducidos desde que Raúl Castro asumió la dirección del Estado.

 

Como los conflictos externos tienden a desmovilizar los conflictos internos, el gobierno cubano utilizó el diferendo para impedir el rearme de la sociedad civil, solapar la ineficiencia y eludir cualquier compromiso con los derechos humanos y, diecisiete años después de ocupar el poder, institucionalizó el fidelismo. A imagen y semejanza de la Unión Soviética se aprobó una constitución que refrendó al Partido Comunista como fuerza dirigente de la sociedad y del Estado y se creó un parlamento unicameral que confirmó a Fidel Castro como jefe de Estado y de Gobierno.

 

El derrumbe del socialismo en Europa del Este develó el fracaso. El Gobierno tuvo que introducir un paquete de reformas coyunturales que fueron paralizadas en cuanto comenzó a gestarse una clase media. La ineficiencia resultante se reflejó en la pérdida de relación entre salario y costo de la vida, el crecimiento de las actividades al margen de la ley para sobrevivir, el éxodo masivo y el decrecimiento demográfico.

 

Aprovechar el momento

 

En ese contexto el General Raúl Castro asumió la dirección del Estado e implementó un paquete de medidas que demostraron el agotamiento del fidelismo, pues la eficiencia para conservar el poder resultó intransferible a la economía. El empeoramiento y la desesperanza comenzaron a marchar a un ritmo superior a los cambios, una de cuyas manifestaciones fue el crecimiento del éxodo, que representa un peligro potencial para Estados Unidos.

 

A lo anterior se suma una política exterior desplegada por Cuba hacia América Latina que logró afectar la influencia norteamericana en la región. Como resultado de esos y otros eventos, el diferendo devino perjudicial para ambas partes. El gobierno de Cuba fracasó en el intento de lograr una economía eficiente y el gobierno estadounidense no pudo rendir al de Cuba: fracasó el fidelismo y fracaso el embargo.

 

Ese resultado sin victorias condujo a los contactos indirectos que desembocaron en conversaciones directas y secretas, aceleradas por varios factores, de los cuales el más decisivo fue el peligro de muerte del ciudadano norteamericano Alan Gross, debido al empeoramiento de su salud.

 

Sin desconocer los grandes obstáculos a superar, el restablecimiento evitará una salida que amenazaba con la violencia y con una emigración masiva hacia los Estados Unidos, a la vez que removerá las bases que permitieron al modelo totalitario decidir la suerte del país y de cada uno de sus habitantes. Por eso la decisión es útil a los intereses estadounidenses; útil al gobierno cubano, ya que le proporciona una salida “decorosa”; y sobre todo, útil a los cubanos al crear un escenario favorable para el empoderamiento.

 

El propósito del gobierno cubano, más que renunciar a la confrontación, consistía en obligar a Estados Unidos a flexibilizar las medidas norteamericanas sin realizar cambios internos que amenazaran su poder. Sin embargo, el discurso del presidente Obama y el Comunicado de la Casa Blanca no responden exactamente a su propósito. Además de que el presidente estadounidense no mencionó al Gobierno sino a Cuba y a su pueblo, junto a las instrucciones para el restablecimiento de las relaciones anunció un paquete de medidas dirigidas a crear condiciones para el empoderamiento ciudadano, en un contexto caracterizado por el fin del fidelismo y el crecimiento del descontento de los cubanos.

 

El discurso de Obama, si bien no exige directamente al gobierno cubano el restablecimiento de las libertades ciudadanas, lo coloca en una posición incómoda ante su país y ante la comunidad internacional. Con ello en lugar del “enemigo” ocupa el primer plano la conducta del gobierno cubano con su pueblo. Lo demás corresponde a nosotros. Aunque el Gobierno y su prensa traten de hacer creer que lo ocurrido se limita al intercambio de prisioneros y al restablecimiento de las relaciones, en lo adelante la atención se concentrará en la relación Pueblo-Gobierno, por lo que la noticia del pasado 17 de diciembre es el acta de defunción del fidelismo y el hecho de mayor trascendencia política en Cuba desde 1959.

 

Más importante que estar o no de acuerdo con lo sucedido, es aprovechar lo positivo  que brinda el nuevo escenario para luchar por la recuperación de la condición de ciudadano. El éxito de las medidas anunciadas por la Casa Blanca no depende tanto de la voluntad del régimen como del pueblo cubano; algo que no pueden hacer ni Obama ni ninguna fuerza externa, sino nosotros mismos.

 

Los controles sobre un pueblo desarmado de instituciones cívicas permitirán lentificar los efectos, pero no podrá evitarlos. Las primeras manifestaciones de resistencia fueron hacer silencio acerca de las medidas planteadas por la Casa Blanca y decir que “con un pueblo como éste podemos llegar al año 570 de la revolución”. Sin embargo, las transformaciones que ocurran en la economía se trasladarán inexorablemente a otros sectores de la sociedad. Y en ese proceso, la velocidad, el ritmo y el rumbo, que fueron definidos por el gobierno cubano antes de la normalización de las relaciones, sufrirán serias alteraciones, entre otras por la emergencia de una clase media, el renacimiento de la civilidad y la recuperación de la condición de ciudadano.