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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

De Moscú a Roma: Raúl Castro amarra la transición cubana

 

Carlos Cabrera Pérez, CaféFuerte

 

Para mis amigos Pío, Arturo, Julián, Richie, Luis y Regino

 

Raúl Castro Ruz está haciendo una carrera diplomática contrarreloj para intentar dejar todo atado de cara a la transición a la partidocracia, que será más visible a partir de 2018, cuando deje todos sus cargos y -como su hermano Fidel- se convierta en un jarrón chino.

 

En menos de un mes, el presidente cubano se ha hecho más kilómetros que el perro de un amolador de tijeras y cuchillos, para verse con Barack Obama en Panamá y el resto de mandatarios de la región; Argelia (una llave arabista, africana y antiislamista radical); Moscú dolarizado, pero que conserva la nostalgia del soviet de Mabay, en encuentros con Vladimir Putin y el patriarca Kirill, líder de la Iglesia Ortodoxa Rusa; y Roma, donde se vio con el Papa y con Mateo Renzi; y vuelta a La Habana para verse con François Hollande.

 

Raúl ha llegado a confesarle a Francisco que esta ha sido “la visita más importante de toda mi vida. De verdad”, y también prometió que volverá a rezar y regresará a la Iglesia, honrando su pasado jesuita. Por lo pronto, dijo que iría a todas las misas que el Papa oficie durante su anunciada visita a la isla, el próximo septiembre.

 

Intereses de transición

 

La delegación que lo acompañó desde Argelia hasta Roma representa los intereses de la primera hora transicional: militares, Leopoldo Cintra Frías; y economía, Ricardo Cabrisas Ruiz. El canciller Bruno Rodríguez Parrilla es un empleado de ocasión, que pudiera caer en alguna escaramuza en defensa del tardocastrismo o embriagado por las mieles del poder, como sus antecesores en el cargo, pero Bruno está demostrando ser mucho más hábil en la ardua tarea de la sobrevivencia en el poder. Y, como sucede en todas las últimas comitivas, ahí estaba también Alejandro Castro Espín, el elegido.

 

Quizás “Polo” Frías no sea el general más carismático; pero selló su suerte con los Castro cuando se prestó a denigrar a su jefe Arnaldo Ochoa Sánchez, en el aciago verano de 1989. Un hombre del perfil de Julio Casas Regueiro habría sido el arquitecto ideal en la reforma del ejército cubano, pero los revolucionarios también se mueren.

 

Con Raúl siempre viajan Alejandro Castro Espín y Raúl Rodríguez Castro, hijo y nieto, quienes contribuyen a la imagen de familia que siempre ha obsesionado a su padre y abuelo. Ambos con mucho poder aparencial; pero que podrían ser sacrificados políticamente en la hora de los mameyes para evitar cualquier vinculación norcoreana.

 

Alejandro y Rodríguez son jóvenes con intereses y motivaciones diferentes a la gesta inicial del castrismo y saben que pasar de la primera plana al anonimato confortable en un sistema partidocrático implica sacrificarse por la patria y la familia.

 

De la dictadura a la partidocracia

 

Pero todo este despliegue diplomático y aéreo no oculta dos retos que siguen desafiando a Raúl Castro y su gobierno: no hay papas y la reforma de la relación gobierno-oposición.

 

Una clave imprescindible para pasar de una dictadura a una partidocracia es que haya una prosperidad que alcance a casi todos los sectores sociales, y un diálogo medido con los que ahora son linchados mediáticamente y agredidos físicamente por hordas de súbditos hambrientos y obnubilados, como esa ¿sicóloga? empeñada en pagarse el viaje a Panamá para gritar sandeces sicóticas.

 

Un vistazo a la prensa cubana sigue confirmando deficiencias que aún subsisten como la escasez de papas, la falta de agua potable, las carencias del servicio de salud pública, fraudes e ineficiencia en la educación y un largo etcétera negativo.

 

El arreglo con Washington incluye un cierto dejar hacer al castrismo frente a su oposición, pero es una postura insostenible porque no se puede dialogar con el enemigo poderoso y lapidar al paisano discrepante.

 

Opositores ante un reto

 

La oposición cubana tiene el reto de hilar fino para que sus posturas sean cada vez más inteligentes, mesuradas y sensatas. Aunque el tardocastrismo insista en su espejismo represivo y letanías habituales -ahora con un argumento menos- el imperio que pagaba a “mercenarios” ahora es vecino cordial y respetuoso.

 

Todas las transiciones de dictaduras a sistemas multipartidistas se han gestado y materializado con simpatía internacional, pero siempre con el esfuerzo y la generosidad de todos los implicados en el conflicto y en un escenario de prosperidad económica tangible y de confianza en el futuro.

 

Generar y repartir riqueza, y promover un clima del goce de las diferencias y los matices políticos, son las claves imprescindibles para una arquitectura de la transición cubana del tardocastrismo a la partidocracia. Mientras eso no ocurra, ya Raúl Castro puede volver a rezar hasta en latín.

 

Tiempo cronológico queda; los tiempos políticos y biológicos tienen relojes diferentes y la cubana es una latitud con el tiempo congelado desde 1959 hasta 2006, cuando Raúl Castro Ruz emprendió la larga marcha hacia su estatus de jarrón chino, que la historia reserva a los hombres que emprenden cambios.

 

Todo el mundo los elogia y los caribes llegan hasta decir: ¡que bonito ese jarrón! Pero casi nadie sabe qué hacer con ellos o dónde ponerlos, aunque andando por casa, siempre se tropiecen con él.