Cubanálisis   El Think-Tank

CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Díaz-Canel y la carrera por el trono

 

Siguen las conjeturas sobre la real cuota de poder del Primer Vicepresidente. Las denominadas “elecciones generales” y el VII Congreso del Partido Comunista, podrían definir mejor su auténtico escalafón

 

Orlando Freire Santana, en Cubanet

 

LA HABANA, Cuba.- En sistemas de gobierno como el cubano, donde en ocasiones el favoritismo personal prevalece sobre el marco de la institucionalidad, suele tornarse complejo el intento de averiguar la real cuota de poder de los funcionarios de la nomenclatura.

 

Cuando Miguel Díaz-Canel Bermúdez fue nombrado primer vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros, algunos pensaron que ese “delfín” se convertía en el segundo hombre en el aparato de poder del castrismo. Mas ignoraron que cuando el partido único es, según la Carta Magna de la nación, la fuerza suprema de la sociedad, el escalafón que se ocupa en esa agrupación política decide la jerarquía de cada funcionario. Por tanto, José Ramón Machado Ventura, Segundo Secretario del Comité Central del Partido, es quien seguiría al General-Presidente en la escala de mando.

 

Y, comoquiera que el castrismo es celoso en el cumplimiento de ciertos protocolos, existe un indicio que nos permite desenredar un poco esta madeja. Esa señal tiene que ver con las visitas al exterior del gobernante Raúl Castro, y específicamente con el momento de su regreso al país. En esos casos es siempre Machado Ventura quien recibe a Castro al pie de la escalerilla del avión y le da el primer abrazo. Y siempre, acompañando a Machadito, el general Abelardo Colomé Ibarra (Furry), ministro del Interior, le da el segundo abrazo al General-Presidente. Nadie más está autorizado a participar en la bienvenida.

 

Ese detalle nos hace pensar que sea Furry la tercera figura en el andamiaje partidista-gubernamental. Se trata, al parecer, de un hombre de pocas palabras -confieso que jamás he escuchado el tono de su voz-, pero de ilimitada lealtad a las Fuerzas Armadas y a Raúl, del que fue subordinado en el Segundo Frente Oriental Frank País durante la lucha antibatistiana. Es significativo que, aun siendo ministro del Interior, Furry haya continuado usando el uniforme del Ministerio de las Fuerzas Armadas.

 

Sin embargo, un episodio reciente puede echar más leña al fuego acerca de este asunto. El suceso fue el recibimiento del General-Presidente tras su visita a Uruguay, donde se encontró con su amigo Tabaré Vázquez. Machado Ventura, quizás muy a su pesar, se hallaba en Buey Arriba, provincia de Granma, en una reunión preparatoria con vistas al próximo congreso de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP). Entonces Furry y Díaz-Canel fueron los que acudieron al aeropuerto.

 

La lógica indicaba que Díaz-Canel figurara como segundón. Es decir, que saludara a Raúl después que lo hiciera Furry. Pero, contra todos los pronósticos, el delfín se adelantó y fue el primero en abrazar al gobernante.

 

A raíz de ese hecho recordé lo que acontecía con mi generación al graduarnos en los cursos diurnos de la Universidad, y comenzar a desempeñarnos durante un semestre como oficiales de las Fuerzas Armadas. Al llegar a las unidades nos ponían a “doblar los cargos”. O sea, que no teníamos mando alguno, sino la obligación de complementar el trabajo de otro oficial que sí poseía una responsabilidad especifica.

 

Tal vez eso sea lo que ocurra ahora con Díaz-Canel: el benjamín estaría “doblando el cargo” de Machado Ventura, pero sin una cuota de poder definida dentro de la nomenclatura castrista. Ello explicaría que Díaz-Canel sustituyera en esta ocasión a Machado Ventura, mientras que Furry conservaba la tercera posición en la escala de mando.

 

Por supuesto que los importantes eventos del 2016, como las denominadas “elecciones generales” y el VII Congreso del Partido Comunista, podrían definir mejor el auténtico escalafón del hoy Primer Vicepresidente.