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Díaz-Canel posible sucesor de Raúl Castro, pero...

 

Juan Pablo Crespo, Panorama

 

El nuevo primer vicepresidente del Consejo de Estado de Cuba está a un paso del poder, aunque sería relativo porque el verdadero poder en la isla recae en el buró político del Partido Comunista. Para expertos, su condición de civil no lo ayuda.

 

Sin duda que Miguel Díaz-Canel es un hombre muy cercado a Raúl Castro y su hermano, leal y de caracter institucional. El ingeniero eléctrico de dilatada carrera en el Partido Comunista (PCC) representa un cambio generacional dentro de la vetusta cúpula administrativa cubana. Desde que él fue designado primer vicepresidente del Consejo de Estado, su nombre se ha asomado como posible sucesor del Presidente. Pero, ¿realmente el ahora número dos del Gobierno tiene las más altas posibilidades de tomar el testigo en el 2018? ¿Aceptará el PCC a un civil de mandatario?

 

El ascenso de Díaz-Canel, de 52 años, no sorprendió a muchos. Poco a poco fue escalando escaños, sin ruido ni prisa, pero sin quedarse rezagado. El pasado 24 de febrero sustituyó a José Ramón Machado Ventura, de 82 años, guerrillero de Sierra Maestra.

 

Ese mismo día, Raúl asumió su segundo mandato e informó que no irá más allá del 2018, cuando está previsto el fin del período. Desde ese mismo momento, los focos comenzaron a centrase en el segundo abordo.

 

Mucho se ha dicho del cambio generacional ante la salida de líderes históricos, aunque la bloguera Yoani Sánchez lamentó que se resalte más la edad de Díaz-Canel que su posición política.

 

Hay que tomar en cuenta que en el caso de Díaz-Canel es el primer vicepresidente del Consejo de Estado que nunca combatió en la revolución, además, desde el 2003 forma parte del buró político del PC C, institución en la que recae el poder más elevado en la isla.

 

El experto Arturo López-Levy explicó recientemente a la agencia AP que el nombramiento del exprofesor universitario obedece a la lógica raulista. “Esto significa que la carrera de Díaz-Canel fue paulatina, sin estridencias iniciales y arrancó de los niveles más bajos del Partido Comunista, adquiriendo toda una red de relaciones y experiencias por el camino”.

 

Tras su designación, el propio Raúl dijo que “sentimos una tranquila confianza para ofrecer a las nuevas generaciones la oportunidad de seguir construyendo el socialismo”. Luego aseguró que el también exsecretario de la provincia de Villa Clara “garantiza la continuidad y estabilidad en caso de cualquier eventualidad en la isla, debido a la pérdida de la alta gerencia”. Con estas palabras, más de uno ha considerado que Díaz-Canel se puso a un paso de la Presidencia de Cuba.

 

Sin embargo, todo depende del cristal con el cual se mire. “El nombramiento de Díaz-Canel no es equivalente a la segunda posición en el régimen cubano. En la Constitución de la isla está claro que es el Partido Comunista el órgano oficial que dirige a la sociedad y más allá”, dijo a PANORAMA José Azel, analista del Instituto de Estudios Cubano-Americano de la Universidad de Miami.

 

“Lo cierto es que en caso de que Raúl Castro muriese, entonces él será el próximo presidente del Consejo de Estado, pero no del buró político”, detalló el experto. “Las posibilidades de que Díaz-Canel tenga el verdadero poder en Cuba es cero. Dentro del sistema cubano hay una ironía: el presidente del Consejo de Estado es también el jefe de las Fuerzas Armadas. En este sentido, no existe ninguna tradición relacionada con la subordinación de militares a una autoridad civil. No creo que comandantes históricos como Ramiro Valdés o Machado Ventura se sometan a un joven civil”, agregó Azel, quien señaló que 8 de los 15 miembros del buró político son militares.

 

Vale señalar que la designación del ingeniero no es una excepción, pues el promedio de edad de los 31 integrantes del recién designado Poder Ejecutivo es de 57 años. Incluso, Mercedes López Acea, vicepresidenta y secretaria del PCC en La Habana tiene 49 años.

 

Sebastián Arco, subdirector de desarrollo de la Escuela de Asuntos Públicos e Internacionales de la Universidad Internacional de la Florida cree que “Díaz-Canel puede ser considerado el sucesor desde el punto de vista técnico. No obstante, hay elementos que indican que no es algo seguro. Lo que pasa es que existen contradicciones legales: La Constitución cubana dice que el grupo rector de la sociedad cubana es el Partido Comunista, aunque la estructura interna de esta institución es diferente a la estructura del Gobierno en funciones. De manera que si, por ejemplo, mañana se produce un vacío de poder en la isla, entonces habría en Cuba una disputa constitucional sobre si debiera ser Díaz-Canel o Machado Ventura, el segundo secretario del partido, la cabeza. En el caso de Raúl Castro no hay problemas, pero la contradicción comienza a partir del segundo al mando”.

 

El primer vicepresidente del Consejo de Estado gusta vestir de guayabera, aunque cuando estuvo al frente de Villa Clara con frecuencia utilizaba pantalones cortos, camiseta y se trasladaba en bicicleta. En esta provincia, y a diferencia de otras en la isla, se realizan los festivales de travestis y de tatuajes.

 

El sucesor de Machado Ventura no está ligado con el pasado prerevolucionario, además se formó en la Cuba fuera de la influencia soviética. No obstante, no está considerado un reformista a punto de estallar.

 

El escritor cubano, Norberto Fuentes, ya había dicho que “Díaz-Canel es un hombre pragmático, pero duro ideológicamente. Raúl se va en cinco años, eso es una certeza. Él necesita que este hombre garantice que la nueva generación tenga el poder. Es la sucesión ordenada del país”, declaró a El Mundo de España.

 

Aquel 24 de febrero, el Presidente cubano advirtió ante el Parlamento que su elegido “no es un advenedizo ni un improvisado”.

 

La carrera del nuevo primer vicepresidente del Consejo de Estado comenzó en el servicio militar, en una unidad de defensa antiaérea. Pasó por la dirección de las juventudes comunistas y se graduó en el Colegio de Defensa Nacional. Este transitar le otorga un buen conocimiento del mundo militar.

 

En 2009, ya con Raúl en el poder, fue seleccionado ministro de Educación Superior y, el año pasado, vicepresidente del Consejo de Ministros.

 

Cabe indicar que en la era raulista se ha tratado de reducir la partición económica del Estado, como parte de una serie de medidas para salvar al país de la debacle económica. La maltrecha calidad de vida en la isla de 11 millones de habitantes, asfixiada por un embargo económico por parte de EE UU, golpeada por fortísimos huracanes, improductividad, burocratismo y hasta corrupción han obligado al general a realizar ajustes, aunque tibios, no menos históricos en el marco del inamovible sistema cubano que se extiende por más de cinco décadas.

 

Ramón Saúl Sánchez, presidente del Movimiento Democracia, el pasado 28 de febrero le declaró a Univisión que “Raúl se ve forzado por razones biológicas, no por voluntad política, a empezar de alguna manera el proceso de transición política”.

 

Definió a Díaz-Canel de “ideólogo de línea dura, muy fiel a Raúl y Fidel”, con buena reputación por su trabajo en la dirección de empresas del estado y su interés por las condiciones de vida de la población de la isla antillana.

 

A finales de la década de los 80 también cumplió con una misión internacional en Nicaragua.

 

En los últimos meses, el funcionario ha acompañado a Raúl en distintos viajes al exterior, como la Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible, escenificada en junio de 2012, en Brasil. Más resaltante aún, en la cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), en Santiago de Chile, donde Cuba asumió la presidencia protémpore del organismo de integración regional.

 

Igualmente representó a Cuba en el octavo aniversario de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, en Caracas, donde afirmó que su país reaccionará a cualquier ataque de Estados Unidos contra Venezuela “como si se tratase” del propio “suelo patrio”.

 

Miguel Díaz-Canel se abre paso entre las duras filas de los líderes históricos de Cuba, donde a fuego lento se viene cocinando una serie de ajustes, que pasan por lo generacional, con el fin de blindar el futuro de la isla, siempre bajo los parámetros del socialismo, como Raúl lo ha dicho.