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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

 ¿Curiosidad?

 

José Prats Sariol, Arizona, en Diario de Cuba

 

¿Ha habido en Cuba una política consciente para que la gente pierda la curiosidad?

 

Ha llegado con salida definitiva, por reunificación familiar. Tiene 38 años. Es arquitecto. Me cuenta de allá: hasta las calamidades están racionadas. El derrumbe… Pero lo que me impresiona es su falta de curiosidad intelectual. Nada de inquietudes políticas, filosóficas, sociales.

 

Se sabe que Curiosity es el ingenio de la robótica que ahora mismo explora Marte. La curiosidad está en los Diálogos de Platón, hizo la cultura greco-latina. ¿Puede concebirse el Renacimiento sin ella? Es un tópico cuya relación va de los descubridores hasta los viajeros, de Miguel Ángel a Humboldt, de Colón al recientemente fallecido Steve Jobs, el genio de Apple…

 

En una reciente encuesta, muy rigurosa en sus parámetros, no aparece ninguna universidad de América Latina entre las 100 más importantes del planeta. En la misma encuesta —auspiciada por una fundación privada— no aparece ninguna universidad cubana entre las primeras 50 de América Latina.

 

¿Dónde están las universidades cubanas?

 

¡En la cola de la vergonzosa cola!

 

Así de sencillo: son las que menos invierten en investigaciones, son las que no reciclan sus planes, programas y textos de estudio, son las que no cuentan con suficiente infraestructura tecnológica actualizada, son las que ni se preocupan por desarrollar el pensamiento crítico, creador e interdisciplinario, son las que más dificultades materiales imponen a sus profesores y estudiantes…

 

Pero estas notas no van por ahí, aunque bajo esas evidencias. Se conoce bien que el mito de la educación cubana, como el de la salud pública, apenas mantiene hoy una gratuidad para los de abajo, entre maestros particulares (repasadores para los que pueden pagarlos) y regalos al personal médico, sobornos para aprobar los exámenes de ingreso a la educación terciaria y sobornos para brincar el turno del oncólogo o del cirujano. La antigua vitrina al mundo tiene los cristales rotos, comején en la madera soviética.

 

"Hoy por ti y mañana por mí", le dice un taxista de Alquízar (antiguo ingeniero), al delegado del Poder Popular (antiguo profesor de Física) cuando lleva gratis a la familia hasta la finca en San Antonio de los Baños del tío (antiguo bioquímico), padre de la esposa del antiguo arquitecto que recién arriba a EE UU…

 

Pero la pregunta que aquí me interesa es menos evidente que la desestimulación a cursar estudios universitarios o a ejercer una profesión contra salario en pesos, sin valores agregados ("a hurtar").

 

Formularla es terrible: ¿Ha habido una política consciente para que la gente pierda la curiosidad?

 

Creo que sí y que no. Creo que tal propósito ha formado parte del ejercicio totalitario del Poder. "Mejor que no sean curiosos", parece el objetivo del caudillismo-leninismo, de cualquier fascismo. Pero es solo una cara de la fatídica novela cubana.

 

Me explico: mitad y mitad. De una parte llevamos alrededor de medio siglo, tres generaciones, sometidos a un monolítico control de la información y a un sistema escolar donde las orejeras marxistas, martianas o simplemente fidelistas, han primado sobre cualquier otro pensamiento. Sin alternativas, sin escape.

 

La curiosidad intelectual, en el plano social, político, de las ideas y hasta de las simples referencias a éxitos en las potencias "neocoloniales" y sus periferias, sencillamente solo ha conseguido algo por angostas vías. Ha costado un enorme trabajo. Tanto y tan peligroso —tan escondido— que a veces no ha valido el esfuerzo. Capaz de desanimar a Marco Polo.

 

Añádase que la mayoría de los cubanos nacieron después de implantada la censura, el acerado control. Es decir, se ve como algo tan natural como el racionamiento o el Partido Comunista, las elecciones piramidales o los mismos hoy ancianos dirigentes... Era así. Es.

 

¿Quiénes pueden preguntarse si seguirá siendo? Pues una minoría exigua, disidente, apenas un poco más amplia que la élite que detenta el Poder absoluto.

 

La otra mitad del pastel que favorece el desinterés también tiene como culpable al sistema imperante. Pero no es la voluntad de dominio sino la consecuencia de la ruina económica.

 

Las curiosidades han ido y andan por otros derroteros: ¿Cómo arreglar el techo que se llevó Sandy? ¿Cómo alterar el contador de la luz? ¿Cómo arañar unas libritas de carne de puerco? ¿Cómo conseguir un colchón y un juego de sábanas? ¿Cómo tomar café que sea café?

 

Tal vez el arquitecto con el que anoche conversé poco a poco irá teniendo interés; poco a poco, quizás, adquiera la curiosidad intelectual imprescindible a una sociedad civil vigorosa, democrática… No creo que su carencia sea definitiva, aunque eliminarla ya no tenga un carácter formativo sino remedial.

 

La buena ortografía —vale recordarlo— se aprende en la enseñanza primaria. La curiosidad intelectual empieza desde muy joven, por supuesto que programación genética incluida, diferencias según el tipo de inteligencia, familia, voluntad, estímulos... Pero en un medio social que la favorezca, que no la considere virus sino virtud, signo de bienestar, de calidad de vida.

 

Lo trágico, por lo menos dramático, es allá dentro, entre el Gobierno que la ve como un enemigo a destruir y la crisis económica. Porque en el caldero criollo la curiosidad intelectual duerme una siesta inducida, llena de pesadillas cotidianas. Siesta sin faunos. Siesta fatídica.