Cubanálisis El Think-Tank

REPRODUCCIÓN DE UN ARTÍCULO SOBRE CUBA

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Cubanos, hartos y resignados

 

Manuel Ángel Castañeda, El Diario Montañés

 

Crece la atención internacional y especialmente la española, sobre la situación en Cuba. El último discurso de Raúl Castro, las expectativas de cambios en el modelo económico y el anunciado congreso del Partido Comunista del próximo mes de abril son elementos que convergen en el análisis. A estas manifestaciones del régimen castrista hay que unir el efecto de simpatía que pueden producir las revueltas acaecidas en Túnez, Egipto y Libia y todo el movimiento democrático que se cuece en el norte de África y en diferentes países regidos por dictaduras musulmanas.

 

La esperanza de cambios en profundidad es más una visión europea que una realidad cubana. Basta con hablar -ahora a los cubanos se les ha soltado la lengua- con las gentes que 'resuelven' en las calles de La Habana o de Santiago para comprender que estos visos de cambio no se perciben donde más evidentes debieran ser. Muchos cubanos, la mayoría, están hartos de un sistema que les obliga a vivir en la escasez, la precariedad y la ausencia de perspectivas de futuro. Están hastiados del comunismo que elimina toda iniciativa personal, de un régimen que coarta su libertad, de un país que trata a sus ciudadanos como personas de segunda categoría y privilegia a los extranjeros. Los cubanos están hartos. pero también resignados. El férreo control policial, la existencia de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) y la carencia de una experiencia de vida en democracia son frenos para que se produzca una revuelta popular.

 

Conviene recordar que Cuba es una nación independiente de manera oficial desde 1898, es decir hace tan sólo 113 años. De ese siglo largo, cincuenta y dos años los ha ocupado la dictadura comunista y militar de Fidel Castro y a ellos hay que añadir los de las dictaduras de Machado y Batista, más el tiempo en que el los Estados Unidos - los ganadores de la guerra de la independencia contra España- impusieron su tutoría sobre la isla. Muy poco tiempo de vida en democracia como para que exista una fuerte conciencia, muy pocos años para sedimentar el poso de la libertad y, por ende, de la responsabilidad.

 

Si a al estricto control policial, al sistema de delación permanente que alienta el régimen, al cierre de fronteras para impedir que lleguen hasta los cubanos periódicos, libros, programas de TV, etc unimos el recelo atávico de muchos hacia el papel que jugarían en una Cuba democrática los exiliados, ya tenemos una serie de elementos para entender que frente al descontento, a la crítica severa del castrismo y al deseo de prosperar, de ser libres, existen obstáculos para que en la isla más grande de las Antillas se produzca, a corto plazo, una revuelta popular que tumbe el régimen.

 

Los cubanos piensan y sueñan no con cambiar el comunismo por el libre mercado, no. Realmente su deseo más fuerte es el de poder salir de allí. Emigrar, preferentemente a los Estados Unidos, y si no a cualquiera otra nación donde exista libertad y un nivel de vida superior al que ellos padecen. Los cubanos ven más su solución personal que la colectiva.

 

Y la buscan fuera.

 

Las esperanzas de muchos cubanos se fijan en abril, en ese congreso en el cual Fidel Castro presumiblemente dejaría todo cargo ejecutivo y su hermano Raúl tomaría las riendas de manera absoluta. Los más optimistas opinan que habrá un golpe de timón y que Raúl iniciará la senda del modelo chino: Mantener la dictadura política con el ejército como elemento que garantice el orden y abolir el ineficiente mercado planificado e intervenido para permitir el nacimiento de la iniciativa privada y la llegada de capitales extranjeros. Un nuevo rumbo que contente las aspiraciones básicas de muchos cubanos, que eleve el nivel de vida y que termine, al menos, con la frustración de un pueblo que carece de metas y horizontes. Además, si ese cambio tiene éxito se creará una clase media que sea la nueva espina dorsal de la isla y se dosificará la llegada del capital de los exiliados. El peso del exilio en Cuba es muy grande ya que nada menos que el 20% de la población reside en el extranjero.

 

Los pesimistas tararean una canción de Sabina y piensan que al final alguien les robará el mes de abril y que el anunciado congreso para producir cambios de gran calado se reducirá a una simple sustitución de personas sin que se modifiquen los cimientos de una de las dictaduras más opresivas y duraderas de la historia.

 

Por si cabe alguna duda de la verdadera cara del castrismo hemos tenido estos días en Santander al escritor cubano Antonio José Ponte que ha presentado su último libro 'Villa Marista en Plata (Arte, política, nuevas tecnologías)' un tratado de las diferentes maneras con las que la dictadura caribeña ata a los disidentes y coarta todo conato de libertad. Un ensayo lúcido sobre la capacidad del autoritarismo para asumir la disidencia y del arte de los represores para utilizar las nuevas tecnologías.

 

Los cubanos están cansados de tantos años sin libertad, de carecer de metas y anhelos. Pero también una ola de resignación apaga cualquier movimiento interno de rebelión. Pocos creen que se pueda repetir el Maleconazo de 1994.