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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Cuba y la lámpara de Aladino

 

¿Por qué entonces ese empeño en frotar y frotar la lámpara? ¿Por qué ese afán en contar historias, como las de Sherezade al sultán de Persia, sabiendo que Cuba va a seguir violando los derechos humanos?

 

Vicente Botín, en Infolatam

 

De repente la “perla del Caribe” parece haberse transformado en la lámpara de Aladino. Son tantas las manos que la frotan para hacer salir al malvado genio que habita en su interior, que están convencidos de que terminará por atender sus deseos para que suavice el dogal que desde hace 55 años asfixia al pueblo de Cuba. Esa aspiración podría explicar el acercamiento hacia el gobierno de la isla que se está produciendo últimamente, si no fuera porque la dictadura castrista ha dado y sigue dando sobradas muestras de su intolerancia.

 

¿Por qué entonces ese empeño en frotar y frotar la lámpara? ¿Por qué ese afán en contar historias, como las de Sherezade al sultán de Persia, sabiendo que Cuba va a seguir violando los derechos humanos? Si España, la Unión Europea, América Latina, una parte del exilio cubano e incluso empresarios y políticos de Estados Unidos han decidido que ha llegado la hora de “normalizar” las relaciones con Cuba, están en su derecho de hacerlo. Los países que mantienen excelentes relaciones con China no se andan con remilgos ni se justifican con el argumento de que el acercamiento a esa u otras dictaduras va a propiciar un mayor respeto de los derechos humanos.

 

El caso de Cuba, sin embargo, es diferente. Cuba parece necesitar una coartada. El Consejo de Ministros de Exteriores de la Unión Europea ha dado luz verde a la negociación de un acuerdo de diálogo político y cooperación con la isla para “profundizar sus relaciones y acompañar las reformas emprendidas por el gobierno de Raúl Castro”. Pero ese objetivo lleva como paliativo el propósito de “fomentar mayor respeto por los derechos humanos en el país”. Y se acompaña esa buena intención con la coletilla de que se mantendrá la llamada “posición común” hasta que se logre un acuerdo que incluya los mismos principios que la inspiraron, en 1996, que condiciona las relaciones del bloque comunitario con Cuba a avances democráticos y en materia de derechos humanos.

 

Ahora bien, si la “posición común” no ha logrado ningún avance significativo en ese campo ¿por qué habría de conseguirlo un nuevo acuerdo inspirado en tan nobles propósitos? La Unión Europea no solo no ha obtenido ningún avance en materia de derechos humanos en Cuba sino que, por el contrario, se ha convertido en el principal inversor extranjero en la isla y el segundo mayor socio comercial después de Venezuela. Esa es la realidad, lo demás es retórica.

 

La Unión Europea no solo no ha obtenido ningún avance en materia de derechos humanos en Cuba sino que, por el contrario, se ha convertido en el principal inversor extranjero en la isla y el segundo mayor socio comercial después de Venezuela. Esa es la realidad, lo demás es retórica.

 

Pero la UE puede perder esa posición de privilegio si no “actualiza” sus relaciones con el gobierno de Raúl Castro que ha iniciado en la isla un proceso de reformas “a la china”. El paso más importante es la creación de una Zona Especial de Desarrollo (ZED) en torno al puerto de Mariel, a 45 kilómetros al Oeste de La Habana, una terminal de contenedores de 900 millones de dólares, financiada por Brasil y que, por su ubicación geográfica, aspira a convertirse en el más importante eje de comercio para el Caribe y las Américas.

 

La Zona Especial de Desarrollo tendrá un régimen especial para favorecer la inversión extranjera similar a las zonas francas que impulsaron el desarrollo de China a finales de los años 70 del siglo XX, como la autorización para la libre transferencia al exterior de los recursos financieros y utilidades, sin gravámenes ni recargos adicionales. También gozarán de facilidades aduaneras y otras concesiones las empresas de biotecnología, energías renovables, industria alimentaria, turismo e inmobiliaria, embalajes y envases y telecomunicaciones e informática.

 

Después de jugar al Monopoly con los “cuentapropistas”, que han convertido La Habana en lo más parecido a un mercado persa, Raúl Castro ha comenzado una partida de verdad para salvar a la revolución de sí misma y dejar sentadas las bases para el futuro. Su divisa, como la de Deng Xiaoping en China, es “un país, dos sistemas”, en definitiva, desarrollo capitalista bajo férreo control comunista.

 

Ese panal de rica miel es un excelente reclamo para las abejas inversoras que no quieren perder la oportunidad de hacer buenos negocios en Cuba. Países como México, celoso de los avances que está dando Brasil en la isla, ha condonado el 70 por ciento de la deuda a Cuba, unos 400 millones de dólares. El anuncio se hizo poco antes de la Cumbre de la CELAC que se celebró en La Habana, donde el gobierno de Raúl Castro recibió el espaldarazo de toda América mientras sus cancerberos acosaban y detenían a centenares de disidentes sin que nadie protestara por ello.

 

Raúl Castro no va a eliminar las leyes represivas que martirizan a la disidencia ni va a ratificar los Pactos de Derechos Civiles y Políticos como le ha pedido el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon. La Cancillería de Cuba ha respondido a la Unión Europea que “considerará la invitación” para negociar un acuerdo de diálogo político y cooperación “de manera respetuosa, constructiva y apegada a su soberanía e intereses nacionales”.

 

Y para que nadie se haga ilusiones, recuerda que en 2008 la UE y el gobierno cubano acordaron reiniciar el diálogo político sobre bases recíprocas, “con pleno respeto a la igualdad soberana, al marco jurídico y al ordenamiento institucional de las partes y en total apego al principio de no injerencia en los asuntos internos de los estados”.

 

Ni una palabra sobre las buenas intenciones de la Unión Europea de “fomentar mayor respeto por los derechos humanos en el país”. Raúl Castro hace oídos sordos a la retórica. No necesita disimular su sordera como ha hecho su hermano Fidel con una foto manipulada para que no se viera que llevaba un audífono. El malvado genio de la lámpara no está dispuesto a complacer los buenos deseos de ningún Aladino. No lo necesita.